Mario Vega - El exilio, ha marcado la existencia de muchos argentinos. Miles debieron partir por razones políticas, otros porque se iban a buscar en otras partes del mundo las oportunidades que aquí le faltaban.
En medio de la crisis de 2001 fueron no pocos los argentinos que decidieron irse, y apostaron a encontrar un mejor horizonte en tierras lejanas. En esos días aciagos muchas familias, incluidos muchos pampeanos, abandonaron nuestro suelo para ir probar suerte en otras latitudes, convencidos que esos días aciagos daban por tierra con anhelos y sueños por concretar.
No debe haber nadie que no tenga, todavía, algún familiar, amigo o conocido viviendo en distintos sitios. Muchos eligieron España, otros Italia, alguno decidió que París era el destino justo, y no faltaron los que tomaron rumbo al norte y viven hoy en México, Canadá o Estados Unidos.
Varios de mis amigos están todavía diseminados en distintos lugares, aunque la mayoría de ellos eligió España, quizás por las facilidades del idioma. Algunos contaban con la doble nacionalidad -eran oriundos, y tenían pasaporte de la Comunidad Económica Europea-, y otros hicieron sus equipajes sin reparar en si sus papeles estaban en regla o no.
En ese, y en otros tiempos, los desterrados argentinos se diseminaron por el mundo. ¿Cómo olvidar, un poco más atrás, a tantos que debieron irse cuando la negra noche de la dictadura se enseñoreó en el país?
Algunos pudieron salvar sus vidas y armarse una existencia en otras partes, y allí se quedaron para siempre; otros, en cambio, cuando la democracia permitió avizorar tiempos mejores optaron por el regreso.
Nuevos exiliados.
Pero hubo, luego de eso, nuevos exiliados. Expulsados cuando promediaba el 2001, cuando aún en plena etapa de libertad -una vez más- las dificultades económicas llevaron a nuestra patria al borde del abismo.
Fueron esos los momentos de la desesperanza, de la duda, del desánimo. Tiempos que impulsaron a miles de argentinos a buscar nuevos rumbos, la mayoría junto a sus familias. Algunos todavía viven diseminados en distintos puntos del globo, y otros han ido lentamente regresando.
Siempre me pregunté si podría haberme bancado la distancia, la nostalgia y la tristeza de la patria ausente. Y me digo que no... que me hubiese sido imposible resistir el alejamiento de mi terruño y de mi gente. No hubiese podido. Creo que no. Aunque como muchos yo también fantaseé, mucho tiempo atrás, con esa posibilidad, aunque pocos llegaron a saberlo.
Nino eligió irse.
El caso de este hombre que tengo sentado frente a mí es, no obstante, diferente. Absolutamente distinto. Pragmático, persuadido de sus argumentos se planta en la vereda de enfrente para señalar que ni la morriña, ni la nostalgia alguna vez pudieron abatirlo. "No concibo a esos que quieren irse del país y después andan llorando por la distancia", dice duro y convencido. "Soy una persona muy estructurada y a veces hay que prescindir de los sentimientos: No me gustan los que dicen que se van porque en realidad no tienen las pelotas de quedarse", dispara en una ráfaga que, naturalmente, marcará el camino de la charla.
Nelson Maldonado (47) es en realidad Nino para todos los que lo conocen. Profesor de Educación Física, es hijo de Osvaldo Maldonado y de Carmen Inés Sánchez. Tiene una única hermana, Rosana Inés -conocida por su vinculación con la actividad teatral- y una sobrina, Maribel (22).
Nino había estado una vez en el exterior, viviendo los Juegos Olímpicos de Barcelona, allá por 1992; y aunque alguna vez habrá pensado en viajes para capitalizar nuevas experiencias, seguramente no tendría en sus planes que se iría del país en una época -otra más- complicada para los argentinos.
La vida en Santa Rosa.
Antes había desarrollado una vida normal, tranquila y feliz en esta ciudad. "Nací en Río Cuarto, pero enseguida nomás nos vinimos a vivir a Santa Rosa", cuenta. Es que Osvaldo, su papá, realizó casi toda su carrera como boxeador profesional precisamente en tierras cordobesas, hasta lograr el campeonato argentino de los moscas.
"Lo adoro al Gordo, pero estoy harto que me identifiquen como el hijo de...", me dice a la pasada. Y tengo que contestarle que la referencia al ex campeón tiene que ver con la idea de precisar de qué familia Maldonado proviene. Así son las cosas y no hay vuelta que darle, por más que Nino esté armando su propio camino, y valga y se lo valore por lo que es y lo que puede hacer. De hecho, Nino, está nota es a vos, no al ex boxeador ni al campeón. ¿Está más claro?
Los primeros años transcurrieron en Marmol y Lope de Vega , en "la Villa", primero la Escuela 180 en el barrio, y luego con el traslado a Villa del Busto -en calle Tomás Mason, donde vive su familia-, por supuesto un paso por la Escuela 4 para terminar en la 6. El secundario en el Comercial, y sus inicios como futbolista: "Primero en Belgrano, y más tarde en All Boys". Allí compartiría equipo con el Vasco Beascochea, Claudio Guerra, Claudio Alou, Guillermo Barreto, Pablo Giménez (después árbitro), Juan Cativa, dirigidos entre otros por Boschi Ramírez y Timoteo Muñoz.
El profesor.
Nino tenía claro que su vida debía estar vinculada al deporte -quizás por aquello de que siempre estuvo cerca de Osvaldo y el gimnasio-, y decidió que estudiaría Educación Física. Primero un intento fallido en el Romero Brest, en Buenos Aires, más tarde el ingreso por un año en Pehuajó, y después la partida para terminar la carrera en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. "Un instituto de primer nivel, donde me encontré con el Ruso Zorzi (hoy también profesor). Pero antes, en Pehuajó, también me dediqué un tiempo al rugby. Jugaba al fútbol en San Martín los domingos y los sábados rugby en Estudiantes... los de fútbol nunca se enteraron", sonríe.
En GEBA se daría el gusto de practicar boxeo. "Siempre quise hacerlo, pero en casa no querían. Ahí metía muchas horas de gimnasio y me daba el gusto de hacer boxeo, de aprender los movimientos".
Una vez recibido volvió a Santa Rosa para empezar a trabajar en su profesión. "Estuve en muchas actividades, pero en fútbol me tocó en Matadero; un tiempo en Atlético Santa Rosa como ayudante de campo de Alberto Jorge y con 'Achi' Cosci de preparador físico; y el regreso a All Boys ahora como profe para hacer la parte física de los equipos de José Aragonés y un tiempo de Edilio Zabala. Fue la primera vez que un equipo de Santa Rosa hizo pretemporada en el mar... un esfuerzo del club, pero también de los jugadores que pusieron una parte para poder hacerla", cuenta sobre aquella experiencia.
Eran tiempos de mucho trabajo y Nino no le retaceaba el cuerpo a ninguno. "En una época entrené a Wilfredo Vilchez, que físicamente era un gran atleta; pero también me vinculé al paddle, acompañando a Mariano Llanos y Juan Cruz Hernández, que por entonces eran las figuritas de ese deporte", resume. También la gimnasia artística, en los clubes San Martín y Estudiantes, lo tuvo como profesor, y llegó a tener 150 alumnas en la entidad celeste.
Partida a Italia.
Decidió que se iba en 2001. "Me sentí un poco excluido aquí. Era el momento del desastre provocado por la crisis, me agarré una 'grande' calentura y decidí marcharme". Será la primera vez que usará un "italianismo" -¿se dirá así?-, aunque en su modulación se advierte cierto modismo tano del que no puede desprenderse. Marca las palabras al decir, a veces se pierde con algunas para señalar algo, y procura ser claro en todo lo que dice. "Tenía una pareja amiga, Laura Gentili y Fernando Branic... te debés acordar, él fue Caldén de Plata en judo -refiere-, vivían en Brescia y allí fui. Estuve un tiempo, haciendo trabajos estacionales, hasta que decidí partir más hacia el norte. Ahora estoy -lo dice aunque todo indica que se quedará por aquí- en San Benedetto del Tronto, más al norte".
En Italia trabajó en gimnasios y también en fútbol, aunque le dedicó también mucho tiempo a su condición de personal trainner, trabajo que le reportaba muy buenos ingresos. "Podría decir que allá tuve un gran cambio profesional, aprendí mucho de lo que es management y marketing empresarial, todas cosas que se pueden aplicar en todos lados", señala.
La crisis europea.
Pero es bien sabido que las cosas han cambiado, y mucho en Europa. La antes poderosa y atrayente Europa ya no es lo que era, y Nino lo viene percibiendo. "Te diría que hace más o menos un año y medio a dos te ibas dando cuenta que las cosas iban cambiando, así que me estoy planteando si no es el momento de pegar la vuelta, definitivamente".
En eso está. Como si nada, tratando de reinsertarse a través de lo laboral. "Ahora estoy aquí en la Colonia de Vacaciones de la municipalidad, coordinando todo lo que es el transporte, y empecé a trabajar en el fútbol de Belgrano. Y tengo planes... sí, claro. Creo que puedo aportar y en eso estoy".
Lo dice sin exagerar, pragmático como quedó dicho, dejando a un lado las emociones y sabiendo que aquí tiene campo fértil para desarrollar lo suyo. Sí, en eso está.
Trabajo y una promesa a cumplir.
Nino vuelve de Italia y ya inmerso en nuestra realidad está trabajando en el fútbol del Club General Belgrano. "La idea es pasar todo el verano aquí, ir viendo y de ser posible la inserción laboral quedarme. Vamos a ver... por ahora estoy haciendo la pretemporada con el plantel de Belgrano que va a jugar el Torneo Argentino C, y veremos si además quedo como coordinador deportivo del club", cuenta al principio.
Admite que "siempre" fue hincha de All Boys, pero que no obstante es capaz de separar muy bien las cosas desde lo profesional. "En Belgrano me encontré con un gran grupo de dirigentes, muchos de ellos que son amigos como el presidente Horacio Rosales, su hermano 'el Lagarto' con quien compartí departamento cuando los dos estudiábamos en Buenos Aires, Gerardo Frank, y también otra gran persona como Timoteo Muñoz".
Nino se desempeñará, si concreta su idea de instalarse definitivamente en Santa Rosa, como coordinador tricolor, y en esa condición espera "poder concretar profundos cambios estructurales. Creo que están dadas las condiciones en esa institución, y estaría bueno intentarlo", se entusiasma aunque siempre en ese tono medido que parece ser su característica esencial.
"¿Volver a Italia? Me parece que sólo de paseo. Voy a volver porque tengo prometido a mi hermana Rosana y a mi sobrina Mirabel que un día las voy a llevar a pasear. Están cerca de la actividad artística y sería un sueño para ellas poder conocer Roma y Florencia. ¿No te parece? Nada menos que Florencia, una de las cunas del arte y de la arquitectura". ¿Querrán ir su hermana y la sobrina?
Nino boxeador.
Nino es de una familia muy ligada al boxeo. Su papá Osvaldo fue gran pugilista, y también tuvo tíos que practicaron. Otro tío, Lito -fallecido y por años vinculado a LA ARENA- supo escribir una conocida columna que titulaba "La pelea que yo ví".
Dos "peleas" tuvieron a Nino en el ring, en duelos "amistosos". Una fue con su colega "Madera" Kalinger, a quien le impuso su mayor fortaleza; y la otra con "Tornillo" González, joven de Villa Maza "que se hizo el vivo. Me hizo sangrar la nariz, me enojé y le di una paliza", recuerda ante el asentimiento de Gustavo Campanino, presente en la charla.
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