La empresa familiar "El Imán", donde se realizan más de 20 modelos de casillas rurales y trailers "tipo oficinas", representa un orgullo para la provincia. Allí, se realiza una casilla y media por día, y se venden los productos a más de 220 ciudades de todo el país.
Jorge Prat, propietario de "El Imán", habló con LA ARENA y dio a conocer los comienzos de un proyecto personal que significó crucial en su vida. "En 1997, era el dueño de un desarmadero de máquinas agrícolas que manejábamos con mi señora y mis hijos", recuerda. Sin embargo, el hombre padeció los inconvenientes laborales de la época y debió resignar su trabajo debido a que el negocio dejó de funcionar paulatinamente, de acuerdo con su relato. "La fabrica era de la familia y, en esa época, dejó de funcionar por lo que tuvimos que abandonarlo y tratar de empezar de nuevo", sintetiza. Y amplia que, en ese momento, debió buscar una alternativa laboral diferente porque "sino me quedaba en la calle".
Como tenía algún conocimiento en la materia, Jorge tomó la decisión de fabricar casillas para aquellos hombres del campo que tienen que transcurrir las noches trabajando lejos de su casa y sus familias. Se organizó, siempre con el apoyo de la familia, e inició el proyecto tras las recomendaciones de muchos de sus amigos que lo ayudaron. "Comencé hablando con muchos amigos que tenía, empecé a fabricar las casillas por mi cuenta y luego a publicitarla, con fotos y folletos, por todo el pueblo y la provincia", dice.
Estructura.
Tras el "boca a boca" y los indicios por mejorar la calidad del producto y el número de clientes, Prat recibió en 2005 un crédito por parte del Gobierno provincial, un beneficio de promoción industrial que le sirvió para comprar más y mejor maquinaria y acrecentar, de esta forma, su flamante fábrica de casillas rurales. "Empezamos atendiendo todos los días y, con el correr del tiempo, nos fuimos haciendo cada vez más populares", resume.
En la actualidad, "El Imán" es una de las fábricas más importantes de la región y el país. Trabaja con línea de ensamblaje y con operarios que se encargan de armar cada una de las máquinas, cuya estructura, está pensada únicamente para las labores en los campos. "Las casillas tienen una construcción muy resistente con chasis y estructura metálica. La fábrica se caracteriza por la construcción y el trabajo que desarrollamos a conciencia porque sabemos lo que significa vivir en las casillas", se identifica.
Los muebles de los productos que realiza Jorge son todos de madera y los precios de las casillas y los trailers "tipo oficinas", como él mismo lo denomina, oscilan en diversos valores. En el galpón, Prat y sus empleados tienen una amplia variedad de herramientas para la labor de fabricación de los productos como por ejemplo una guillotina grande, otras más pequeñas y todo tipo de atornilladores. Por su parte, el proceso de trabajo comienza con la descarga del material ubicado en los camiones especiales que llegan a la fábrica para continuar con el armado del chasis y todas las partes de las futuras casillas.
Altibajos.
Posteriormente Prat detalló cada una de las partes que conforman el proceso de trabajo que concluye en la realización de las casillas rurales y los trailers. Para el trabajador, "no es una tarea demasiado compleja ya que empezamos realizando la parte interior hasta darle los últimos toques de pintura".
Tras la sintética pero precisa explicación, Jorge ejemplifica que en épocas de apogeo de "El Imán" se llegaron a producir una casilla y media por día. Sin embargo, en el 2009, redujo su labor a la fabricación de cinco casillas por mes, de acuerdo con el dueño de la fábrica. "En ese entonces, la fábrica se achicó y tuvimos que achicar todo pero, por suerte, nos pudimos recuperar en la actualidad tras esa fuerte caída", afirma. Y acota: "Estamos trabajando muy bien ya que volvimos a fabricar una casilla por día".
El trabajo duro y acorde a todas las necesidades de las personas que deben trabajar en el campo por tiempo indeterminado, fue indispensable para el crecimiento de "El Imán". Prat dijo que hoy realizan 20 modelos diferentes y tratan de adaptarse a las circunstancias personalizándola a los intereses de los clientes. "Si podemos salirnos de la matrices originales lo hacemos porque no todo el mundo quiere lo mismo", según el propietario, para quien "cada cliente es una casilla distinta".
En la reconocida fábrica de casillas del pueblo norteño pampeano, "no le decimos a los clientes que tenemos una sola opción sino que tratamos de complacerlos de la mejor manera posible". Por último, Jorge resume que, más allá de las caídas que pueda tener en su negocio, espera seguir trabajando como en la actualidad, representando a La Pampa en una enorme cantidad de localidades y provincias del país.
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