Problemáticas urbanas: La difícil ecuación entre arbolado urbano e iluminación pública

Estamos en condiciones de adelantar que las áreas técnicas de la cooperativa eléctrica están elaborando un informe al respecto - La idea es plantear un cuadro de situación y avanzar en planes que permitan eficientizar el alumbrado público, sin ir en detrimento del arbolado urbano
Aunque tal vez en este marco complejo haya opiniones dispares, la realidad indica que, en el ritmo que sea, de todos modos nuestra planta urbana avanza en su desarrollo y, por ende, crecen al mismo tiempo y de manera proporcional las distintas problemáticas inherentes al desarrollo urbano.

La cuestión puede sintetizarse más o menos de esta manera. Hace ya cerca de doscientos treinta años teníamos un modelo inicial de desarrollo urbano, basado aproximadamente en el viejo damero español: una cuadrícula con la plaza principal al centro y los edificios públicos más relevantes a su alrededor.

Por ende, necesaria e indefectiblemente el desarrollo urbano de las décadas posteriores se fincó en ese diseño original. Esto, invariablemente, determinó la necesidad de abordar problemáticas urbanas, tanto coyunturales como estructurales que, como el viejo ejemplo del niño que pretende vaciar el mar con un balde, nunca terminan de presentarse y sólo pueden solucionarse, en términos objetivos, considerando plazos relativos.

Es que la ciudad, en mayor o en menor medida, a un ritmo lento o más veloz, sigue creciendo en su complejidad intrínseca. Se suman servicios, se instalan nuevos énclaves habitacionales y, por ende, se incrementa la demanda de la estructura disponible, que debe acomodarse a los nuevos y cada vez más crecientes requerimientos.

En este marco, hay cuestiones que es posible prever, pensando en plazos cortos, medianos o largos, y hay otras que es necesario atender de manera inmediata.

En ese complejo contexto, los servicios públicos juegan un rol crucial. Y se dan distintas circunstancias y categorías, como, a la vez, distintas problemáticas.

Pongamos por ejemplo las redes de distribución de gas natural o de agua. La expansión de la planta urbana obliga necesariamente a pensar en términos de expansión de la infraestructura disponible.

Pero también hay otros servicios que, si bien también pueden mejorarse, requieren asimismo de soluciones inmediatas con el objetivo preciso y puntual de mejorar lo disponible en aras de su eficientización, ya que determinados factores inciden en pos de su correcto aprovechamiento.

Es el caso del alumbrado público. Este es un servicio que administra, gestiona y mantiene la cooperativa eléctrica local, y cobra, como tasa municipal, la comuna.

Ahora bien. Si bien es aceptable que, lógicamente, es necesario establecer un régimen de mejoramiento y de modernización del servicio de alumbrado público, también es cierto que se ha producido un desfasaje entre lo que disponemos actualmente, y distintos factores que hacen que ese servicio no pueda expresar el beneficio potencial relativo que debería tener. Esto significa que todavía hay varios "pasos atrás" que tendríamos que resolver, antes de pensar en una significativa inversión, que sólo puede diseñarse en la medida en que hayamos logrado un equilibrio estructural.

Precisamente, hay un problema urbano puntual que afecta la plena prestación del servicio de alumbrado público: es el estado actual del arbolado urbano.

El crecimiento desordenado -y vertiginoso, ciertamente, luego de la poda correctiva de 2005- de las especies que componen el arbolado público urbano, está atentando contra la prestación eficiente del servicio público de alumbrado.

Y no es una cuestión menor. Se trata, en rigor, de dos temas de profunda importancia, absolutamente vinculados entre sí. Por un lado, un eficiente servicio de alumbrado público es de crucial importancia en aras de cuestiones vinculadas a la seguridad urbana general, además de que, obviamente, es un servicio que pagamos todos los vecinos. Por otro lado, el arbolado público urbano es patrimonio ecológico común de esos mismos vecinos.

Es, como decíamos en el título de este informe, una ecuación difícil, pero no imposible de resolver. Se trata, sencillamente, de una problemática urbana más, en la cual se hace necesario disponer un punto de vista objetivo e inteligente, en aras de eficientizar la estructura de los servicios públicos y, por supuesto, armonizarla con aquellos elementos naturales de la ciudad que, unidos, contribuyen a la calidad de vida de la gente.

En suma, es tan impensable una ciudad sin un correcto servicio de alumbrado público, como esa misma ciudad con luces... y sin árboles. Además, hay cuestiones prácticas inter medias: por ejemplo, estamos abonando un servicio que actualmente no es eficiente, y la cooperativa eléctrica, a cuyo sostenimiento también contribuímos, debe incrementar gastos operativos de mantenimiento, sin lograr llegar nunca al fondo de la cuestión, ya que poner más luminarias, por así decirlo, sería un costo inútil por cuanto no resolvería la cuestión.

En este sentido, este diario está en condiciones de anticipar que esta situación está siendo minuciosamente analizada.

Para tales fines, áreas técnicas de la entidad eléctrica -que, como hemos apuntado, administra, gestiona y mantiene el servicio- han compendiado un minucioso dossier donde se analiza la situación del sistema, la incidencia económica negativa de su mantenimiento sin que esta pueda, en rigor, resolver la cuestión de fondo, que es su optimización, y por ende la necesidad de establecer un programa de poda científica que permita, en suma, disponer de una mejor iluminación de la ciudad.

LA PODA ES

NECESARIA

La realidad es que desde hace años el arbolado público urbano viene creciendo de manera pujante pero desordenada, hacia arriba y también hacia abajo. En cuanto a lo segundo, como habrán notado todos aquellos ciudadanos que miden más de un metro con cincuenta de estatura, hay veredas en las que hay que agacharse para pasar por debajo de las ramas. Es un problema menor, si se quiere, pero que también debería ser analizado, por lo menos colateralmente.

El punto principal es el crecimiento hacia arriba de las especies arbóreas: mayormente, no hay un sector en la ciudad donde las copas de los árboles no estén minimizando la luminosidad de los artefactos de las columnas del alumbrado.

Esto incide directamente en la calidad de la iluminación de la ciudad. Decimos, habitualmente, que la nuestra es una ciudad "oscura". Y es cierto, por lo menos desde un punto de vista relativo. No es que no debamos modernizar periódicamente artefactos y columnas e incluso multiplicarlos, pero sí que debemos eficientizar el sistema de que disponemos, procediendo a un programa de poda científica, según arte.

Cuando estos trabajos, efectuados desde el gobierno local, se hicieron, y se hicieron muy bien, como corresponde según arte y ciencia en la materia, hubo un buen lío; pero quienes criticaron esa tarea quedaron mudos cuando en cuestión de meses, como era absolutamente previsible, las especies no sólo se recuperaron sino que medraron de manera impactante.

Ahora el gobierno municipal contará con un informe técnico en el que se argumenta y razona un criterio para eficientizar el sistema de alumbrado público, proponiendo una poda medida del arbolado público. Así que, nos parece, está la situación dada para que las cosas se hagan bien.

LA IMPORTANCIA

DEL ALUMBRADO

La cantidad de puntos que implica contar con un alumbrado público lo más eficiente que se pueda es innumerable. Pero podríamos detenernos en uno sólo, para no abundar demasiado: la seguridad pública. Y no hablamos solamente de lo delictivo, aunque en el caso puntual de Rojas van de la mano los robos a las viviendas de los "conos" de sombra que amparan a los malhechores que, por incidencia del arbolado, se forman directamente sobre los frentes de las casas. Podríamos hablar de una emergencia sanitaria en la vía pública: contar con una adecuada iluminación callejera permitiría realizar una intervención más eficiente.

En suma, es fundamental eficientizar el sistema de que se dispone. Pero será ociosa toda inversión si no se soluciona el estado del arbolado, que como puede apreciar cualquier a simple vista, sin ser experto en la materia, obstaculiza

¿Y EL CONSEJO DEL

ARBOLADO URBANO?

El concejo deliberante dice que lo tiene que convocar el Departamento Ejecutivo. Y el DEM, que la obligación le corresponde al concejo. Como quiera que sea, una absurda controversia de forma ha logrado evitar que en Rojas contemos con un Consejo del Arbolado Urbano, más allá de que el ente fue creado por ordenanza hace ya varios años, cinco o seis, por lo menos, si no nos equivocamos.

El fondo de la cuestión, lo hemos mencionado, implica distintos aspectos.

Está lo netamente histórico: aquellas especies que datan de decenas y tal vez hasta algún centenar de años; poseen un valor patrimonial, que implica un tratamiento diferencia, sea en cuanto a su conservación, o si debe procederse, por distintos motivos, a su retiro.

Está lo práctico de la cuestión: hay especies que no están adaptadas para desarrollarse en las cazoletas de las veredas; o que por su frondosidad o tendencia a crecer en altura significan periódicas problemas para los cableados. Y hasta aquellas especies, como los plátanos, que para las personas alérgicas significan una molestia muy seria. También hay otras especies que, por sus características, no ofrecen ningún atractivo estético e, inclusive, aquellos árboles que, por sus copas de baja altura, suponen un incordio para cualquier peatón que mide más de un metro con setenta centímetros, y deben deslizarse por las veredas poco menos que agachándose.

Por supuesto, está el crucial aspecto ecológico: los árboles forman parte natural y clave del ecosistema. Por ende, deben desarrollarse en los lugares propicios. No debe olvidarse que se trata de seres vivos, orgánicos, y deben ser tratados como tales, porque contribuyen de manera decidida y decisiva al equilibrio del ecosistema.

Por ende, aprovechamos este informe para reclamar que se constituya, de una vez por todas, el Consejo del Arbolado Público, y sea el nexo teórico y legal para gestionar y administrar esa parte del patrimonio ecológico de la ciudad, de la forma en que se debe, es decir, fomentando un marco de convivencia armónica entre el ecosistema y una ciudad cuya estructura tiende a complejizarse en aras de demandas crecientes de logística y servicios.

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