Dos problemas centrales para una población que necesita crecer

A poco que el sol calentó un poco más de lo acostumbrado y que el calor se hizo sentir en Bolívar, quedaron rápidamente al desnudo problemas estructurales que afectan a la comunidad y especialmente limitan su capacidad de crecimiento.
Los recurrentes cortes de energía eléctrica, que debieran haber disminuido con el esfuerzo realizado hace pocos días por la Cooperativa Eléctrica local al adquirir un nuevo transformador, sin embargo volvieron a recrudecer dejando en claro, por si hacía falta, que es ésta una falencia crucial que necesita de la concreción de obras de infraestructura de elevados costos y donde la mano del Estado Nacional se hace imprescindible.

Además, un elevado porcentaje de la planta urbana ha sufrido en estos últimos dos o tres días de intenso calor, la escasez de agua, cuando no su ausencia total. Se sabe que hay problemas específicos para la extracción de agua en condiciones de ser utilizada para consumo humano y que la extensión de la red hace prácticamente imposible su almacenamiento en depósitos elevados que garanticen presión. El viejo tanque de agua ha pasado hace ya muchos años a ser un simple elemento decorativo y fue útil cuando la población de la ciudad era menor en cantidad de habitantes y fundamentalmente el ejido urbano estaba concentrado a un damero limitado.

Por lo tanto, y según lo que han manifestado los conocedores del tema en recurrentes notas realizadas por este medio, se hace imperioso un replanteo general del tema agua, que no podrá soslayar aquel injustamente politizado tema de la cantidad de arsénico contenida en la misma.

Dos temas para nada menores que seguramente estarán en los primeros lugares de la agenda del intendente Bucca. A él le cabe la responsabilidad de encabezar gestiones, contando con la facilidad de encontrar, en las escaleras ascendentes del poder, a actores de su mismo signo político, circunstancia que siempre abre las puertas un poco antes y un poco mejor. Siempre ha sido así en esta Argentina devaluada institucionalmente. Esperemos que esta vez, este defecto congénito de la democracia vernácula, termine beneficiándonos.

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