El problema hoy es que la manta no cubre los precios

Hernán de Goñi

El resultado electoral de octubre demostró que si la inflación le generó algún tipo de costo político al Gobierno, su impacto en término de votos no fue considerable.

Aunque cualquier consumidor está en condiciones de atestiguar que los precios suben, el ritmo al que lo hacen no despierta la sensación de un aumento descontrolado. Esto crea una conclusión que no debe ser desdeñada a la hora de evaluar este escenario: la subas son percibidas como un problema cuando dejan de ser predecibles. En definitiva, la inflación se vuelve desestabilizadora cuando se quiebra la percepción de que hay un ciclo de aumentos pero que se compensa luego con mayores salarios.

El Gobierno logró que los precios (incluso los medidos por los privados) se mantengan estables durante casi 18 meses. Por eso la inconsistencia principal hoy es económica, ya que con el tipo de cambio contenido, los mayores costos en dólares de las empresas amenazan cortar el ciclo compensador que logró mantener “dormido” este problema.

El trabajo del FMI con el Indec, como se dijo desde un primer momento, crea un avance técnico pero elude la cuestión de fondo: si el Gobierno no ataca los precios ni toca el tipo de cambio, lo que queda es “devaluar” los salarios. La manta ya es más corta y todos los saben, pero aún nadie se anima a tirar de ella.

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