POR RICARDO KIRSCHBAUM, EDITOR GENERAL DE CLARÍNAlejandro Vandenbroele, cara visible de un desconocido fondo de inversión que se apoderó de la ex Ciccone, no sólo pagó las expensas del único departamento que tiene declarado en Puerto Madero el vicepresidente Amado Boudou.
El escándalo tiene dos aspectos, el jurídico y el político. El vicepresidente, que teme que sigan apareciendo huellas que lo peguen a Vandenbroele, prefirió patear el tablero . Al meter a todos en la misma bolsa, con acusaciones aventuradas que revelarían el conocimiento de cuestiones que no denunció a la Justicia, como es su obligación, o a las que accedió por métodos que debería aclarar porque de lo contrario serían un delito , Boudou se hundió más en el pantano. No está allí porque una “conspiración” lo enterró en el barro sino por su creencia de que el poder otorga impunidad.
La solidaridad retórica -extremadamente prudente y aséptica– que ha obtenido de sus conmilitones demuestra que su situación es precaria: Moreno, Zannini, Garré, Randazzo, Scioli, De Vido, entre otros, forman en el equipo contrario . Y Máximo Kirchner, de influencia indiscutida, lo tiene entre ceja y ceja.
El problema más grave de Boudou es que se ha convertido en un problema serio para Cristina . Elegido por ella como su acompañante, Boudou aparecía como el paradigma de lo que la Presidenta quería en la política: carecía de poder y de historia en el peronismo (viene del ultraliberalismo de Alsogaray ) y con una buena imagen propia no parecía constituir un peligro, como lo fue Cobos.
Pero el escándalo de la ex Ciccone está golpeando la fortaleza de imagen que parecía inexpugnable . No sólo es Boudou el que afecta esos valores sino otros factores que se suman para que la sospecha de corrupción impregne al Gobierno.
Al atacar al juez y a Esteban Righi, uno de los íconos del camporismo, Boudou aceleró los tiempos. Es improbable que Rafecas, de fluidos contactos con el mundo en el que Boudou es un inmigrante, se excuse. Ya hubo un intento para que Oyarbide , el juez todoterreno para los asuntos que rozan al poder, se hiciera cargo del caso Ciccone. Sería otra grosería que vuelvan a intentarlo. Tampoco la Casa Rosada quiere que el caso se ventile día a día con el poder corrosivo que tiene ante la opinión pública. Desea que se acabe lo más rápido posible. Porque las revelaciones van a continuar . Los periodistas no son James Bond, un viejazo de Boudou para mostrar por otra vez su supina ignorancia sobre la tarea y misión del periodismo, sino que seguirán haciendo su trabajo.
Boudou ha dicho que seguirá firme en su lugar. Es decir, no renunciará ni pedirá licencia . Se está atajando, quizás, a consejos por venir sobre cuál sería la mejor contribución que puede hacer para dejar de ser un peso muerto para Cristina.



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