El presidente de la Academia Pontificia de la Vida del Vaticano, Ignacio Carrasco de Paula, disertó en nuestra provincia sobre los fundamentos éticos en la práctica de los agentes sanitarios. Indicó que actualmente se encuentran difusos los límites en lo que respecta al accionar en casos de abortos y eutanasia.
En la jornada de ayer y durante su estadía brindó dos conferencias, por la mañana en la Facultad de Medicina de la UNT, y anoche en las instalaciones del Colegio del Huerto, en nuestra ciudad Capital.
En el primero de los casos, y tras ser recibido en su despacho por el rector de la Casa de Altos Estudios, Juan Alberto Cerisola, el prelado fue distinguido por el vice decano de la unidad académica, José Antonio Remis, con el título de Visitante Ilustre. Posteriormente, Carrasco de Paula, ante un anfiteatro repleto de estudiantes y profesionales de la medicina, abordó la temática referida a los fundamentos éticos del acto médico al sostener varias consideraciones en razón de la bioética clínica y su vinculación con las prácticas de los agentes sanitarios. Charla que también fue seguida con atención por parte del arzobispo de Tucumán, Horacio Zecca.
Cambios radicales
En tal sentido, hizo mención a las responsabilidades que les cabe a los galenos al momento de enfrentar situaciones tales como el incurrir en interrupciones espontáneas de embarazos (abortos) o bien casos en los que se plantea la viabilidad de evitar la prolongación artificial de la vida de un enfermo, lo que se conoce como eutanasia.
Al respecto, Monseñor, quien también se graduara en filosofía, medicina y cirugía, sostuvo que tiempo atrás, el campo de la ética médica era considerado sencillo, pues el médico "era el protector de la vida y hacía todo lo posible por ayudar, pero siempre demarcado por un límite, dado por el principio y final natural de la vida. Sin embargo, las cosas cambiaron de manera radical, puesto que a partir del juicio de Nürburgring, se resaltó lo que es el consentimiento informado del sujeto o paciente expuesto a la experimentación clínica".
En este cambio concretado, donde se tornaron difusos los límites impuestos por la medicina, De Paula mencionó también que intervino otro aspecto importante caracterizado por el "paulatino abandono del paradigma paternalista, dado por una relación afectiva entre el paciente y el médico que llegaba a ser como un padre, lo que fue sustituido por una alianza terapéutica", destacó.
Además, las transformaciones surgidas en el campo sanitario también tienen su explicación, de acuerdo a lo señalado por el obispo, en el desarrollo de una medicina más tecnológica a partir de la cual se multiplicaron las alternativas terapéuticas y de diagnóstico.
Lo mencionado hasta ahora, llevó a De Paula a consignar que hoy en día se ha tornado necesario "definir claramente qué es la muerte y en qué momento se produce. Es por ello, que existe una situación complicada desde el punto de vista ético ya que sus criterios y principios ya no son compartidos por toda la comunidad médica", planteó, más allá de resaltar que la Asociación Ética Mundial rubricó el rechazo absoluto a la eutanasia, destacando que solamente la Asociación Médica Holandesa no adhirió a dicho pronunciamiento.
En lo que refiere a las prácticas abortivas, el prelado, quien se ordenara sacerdote en 1966 y recibiera la distinción episcopal en 2010, dijo que "no hay desde la medicina un posicionamiento claro, como lo tenemos en el caso de la Iglesia, pero basado en un discurso desde lo moral, lo que ya en sí hace que no sea una situación de fácil aplicación. La dificultad principal es que debe distinguirse lo que llega a ser una indicación clínica de lo que es una indicación ética", cuando se abordan este tipo de casos.
A modo de ejemplificar, comentó un hecho en que puede llegar a considerarse admisible, o no, la suspensión de hidratación a un paciente. “Y yo siempre sostengo que eso no se trata de un hecho moral, sino físico, donde obviamente dependerá de los objetivos en la obtención de los resultados que se persigan con ese accionar".
Seguidamente, y en línea con estos conceptos, donde puede establecerse cabalmente la distinción entre lo que se considera éticamente correcto, o no, desde la visión de la medicina, el Rector de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, adujo que "se afirma que el aborto siempre es malo, pero si se analiza, en principio esto no es verdad porque está faltando una palabra en esta concepción. Es decir, siempre es malo, en cuanto sea deliberado. Puede concluirse, entonces, que no hay moralidad si no hay al mismo tiempo voluntad, una libertad que me permita elegir", indicó.
¿Claridad ética?
En la función que desempeñan los galenos, De Paula manifestó que resulta importante encontrar algún término que determine este accionar, y en tal sentido resaltó que el "sentido de la beneficencia" puede ser utilizado para definir la práctica médica ante situaciones límites.
"La ecuación sería: siempre que busquemos el bien del paciente, los médicos seremos considerados perfectos. Ahora bien, lo crucial es cuando el bien del paciente no está del todo claro desde una visión ética", estimó.
Justamente, es en este marco en el que el también director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Roma, argumentó que actualmente se puso énfasis, al momento de dictaminar sobre sucesos donde está en juego la vida humana (presta a tratamientos clínicos de por medio), el criterio de la autonomía, es decir que la decisión límite a adoptar dependa directamente del paciente.
"Incluso, si se observa con detenimiento lo que sostiene la ‘Declaración Iura Et Bona de la eutanasia’ allí se establece que todo paciente tiene derecho a renunciar a un tratamiento que sea desproporcionado", señaló De Paula.
Seguidamente, consideró de suma importancia el enfoque que se ha esgrimido desde el "criterio de la dignidad" por el respeto de la persona, al momento de encarar hechos límites. "La palabra dignidad estuvo reservada históricamente para las cosas que no tienen precio, al hombre no le podemos colgar un cartelito con su valor, lo que no quiere decir que no se lo pueda comprar moralmente (sobornar), pero eso ya es de otro ámbito", alegó el prelado.
"Lo que no tiene precio, tampoco tiene equivalencia. No se puede sustituir a un ser humano porque tiene dignidad, un valor en sí mismo. Qué quiero decir con esto, que debemos entender que todos los enfermos son iguales, y justamente aquí está lo difícil de entender, si procedo de una manera ética con una persona, no puedo cambiar el accionar con otra", analizó.
Por este motivo, y basándose en los principios éticos que deben poseer los agentes sanitarios, De Paula aseveró que "la característica principal de la persona no es la libertad de decisión, sino el tener un uso de la razón, porque no existe ninguna fuerza, ni siquiera Díos mismo, que pueda hacer que yo quiera lo que en verdad no quiero hacer".
Finalmente, el obispo titular de Tapso aludió hasta dónde debe llegar la práctica de un médico cuando se somete al tratamiento de casos clínicos terminales, así dijo que "debe abstenerse cuando no sea posible sostener la vida del paciente sin aumentar o alargar de modo irrazonable su sufrimiento en el proceso de agonía".
“No apostamos a la muerte como salida”
Ante el debate sobre la legalización de prácticas abortivas, la UNT y la Facultad de Medicina siempre apostaron por la vida como un valor supremo. Nos duele la muerte materna, como así también la de los niños nacidos o por nacer.
Apostamos a la vida como solución y no a la muerte como salida, por ello condenamos las 100 muertes maternas y los 500 mil abortos anuales que se llevan a cabo en el país.
Es nuestro deber moral expresar públicamente la posición sobre esta cuestión que cala hondo en la sociedad a la que nos debemos.
José Antonio Remis (Vice Decano de la Facultad de Medicina)

Comentá la nota