Principio del relato oficial: lo que pasa no pasa si no se lo dice

Por: Julio Blanck.

Sencillamente extraordinario. No hay otro calificativo posible para el documento revelador conocido este viernes, acerca del modo que tiene el kirchnerismo de “construir el relato” de los hechos, lo que en general puede traducirse como tergiversar los hechos en beneficio propio.

Ese documento fue publicado por el diario La Nación y se trata del correo electrónico que el Ministerio de Planificación envió a las empresas fraccionadoras de gas, indicándoles que “instalen en los medios gráficos y radiales la seguridad que durante el año 2010 se respetarán los precios de venta cumpliendo en un todo el plan Garrafas Para Todos”. Y añadía el texto oficial: “Necesitamos que este esfuerzo comunicacional se realice de inmediato”.

¿Qué estaba sucediendo para que se lanzara este mensaje desde la Secretaría de Energía? Que la falta de gas, que ante los primeros fríos ya había provocado cortes en un centenar de fábricas, se extendía a la provisión y el precio de las garrafas, que son consumidas por el sector más pobre de la sociedad.

Lo que hizo el Gobierno no fue sólo pedir colaboración a las empresas en su jugada mediática. El último párrafo del texto incluía una orden transparente y algo parecido a una advertencia: “Háganos llegar por este mismo medio vuestra acción, la que formará parte de un expediente”.

No es el objeto de estas líneas hurgar en los modos de la relación entre el Gobierno y las empresas de servicios públicos. Bastante se ocupa la Justicia ya de esos temas. Lo que se pretende recortar y destacar es la intención de generar un “estado de información” que coloque los hechos en línea con los deseos y necesidades oficiales, así sea desnaturalizándolos.

No se trata de cargarle toda la cuenta al ministerio que comanda Julio De Vido. Ni de ignorar que los dirigentes y voceros de la oposición también suelen deformar hasta el absurdo los asuntos que favorecen al Gobierno, en su afán por instalar, también ellos, su relato sesgado sobre los hechos.

Pero la intención de eludir, ignorar o explicar las cuestiones desfavorables de modo que se transformen en lo que no son constituye una de las vigas centrales de la estrategia comunicacional del kirchnerismo. Esa estrategia, justo es decirlo, es más compleja que sólo esto. Cuenta con enormes recursos materiales, una apoyatura teórica fuerte, y ha funcionado con éxito en muchos aspectos. Sin embargo, tanta propaganda no logró torcer el rumbo de un sistema político que se fue alejando sin remedio de las franjas mayoritarias de la sociedad.

Hay ejemplos muy burdos de esa manipulación, como todo el palabrerío montado alrededor de las mediciones increíbles del INDEC. O la pretensión de adjudicar a conspiraciones periodísticas el hecho de que la cloaca de la corrupción se destapó y desparrama su aroma de manera incontenible. Así sucede en el caso del próspero Ricardo Jaime, dueño y señor de los subsidios del transporte, con Néstor primero y Cristina después.

Otra pata de ese comportamiento es negar lo evidente. O perder la memoria. Algo así les ha sucedido a diversos funcionarios de altísimo rango, empezando por la Presidenta de la Nación, que se han lanzado a sostener que si el corte en Gualeguaychú sobre la ruta que lleva al Uruguay se prolonga después de casi cuatro años, es simplemente porque la Justicia no ordenó levantarlo.

Después que el fallo del tribunal de La Haya dijo que no tenía sustento el principal reclamo argentino, que era la hipotética contaminación que causaría la papelera en Fray Bentos, se descargó una ofensiva del Gobierno apuntada a escenificar una supuesta decisión de hacer levantar el corte de ruta, siempre y cuando la Justicia lo disponga.

En los laberintos de la desmemoria oficial se perdió aquella definición del entonces presidente Néstor Kirchner, cuando rotuló la objeción a la instalación de la papelera como una “causa nacional” y alentó sin pudores el corte de ruta montando un acto en Gualeguaychú con todo su gabinete.

También olvida registrar el discurso oficial que en febrero de 2006 un juez de Concepción del Uruguay se opuso a la interrupción de la ruta. El Gobierno lo desconoció limpiamente, porque la conveniencia política del momento era otra.

El problema para estas estrategias es que los hechos suceden igual. La idea de que “lo que pasa no pasa si no se lo dice” acumula una montaña de fracasos. Siempre los hechos son más fuertes. Y siempre habrá quien los cuente lo más parecido posible a lo que en verdad son.

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