El intendente Carlos Schepens asumió al frente del municipio a fines de 2011 y a seis meses de estar al frente de la ciudad, es un buen momento para un análisis de lo actuado y los desafíos por venir.
El desafío no es menor, porque romper la inercia que dejó instalada el Bisognismo implica desligarse del pasado, a riesgo de tambalear políticamente y quedar muy debilitado en el frente interno. La matriz de poder local ya ha mostrado capacidad de daño, con boicots y otras advertencias que hicieron frenar la arremetida inicial de Schepens.
Ahora, en este tiempo de definiciones el Intendente deberá dar pelea en diversos frentes donde los “kisquitos” abiertos y las ventanillas de pago se han afianzado fuertemente en manos de funcionarios y empleados que responden directamente a Bisogni. Y la lista es larga: el basural, la tercerización de servicios, la provisión de insumos, las conexiones clandestinas, las habilitaciones comerciales, etc.
Para ello, Schepens ya ensaya algunas salidas tibias, políticamente correctas, con la esperanza de ganar libertad de acción e imprimir su propio sello a la gestión municipal. Las próximas semanas serán cruciales para determinar si estamos frente a “la continuidad positiva” de esta matriz de negocios a costa del Estado y los fondos públicos que anunció la campaña y repiten funcionarios como Agustín Bordagaray, o si verdaderamente llegó el tiempo de cambiar el rumbo.
Schepens tiene la oportunidad.


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