Lo inesperado por la muerte del ex presidente Néstor Kirchner tomó a muchos dirigentes de peso con la guardia baja, aún dentro del oficialismo.
Nadie sabe aún si esos requisitos se plantean como indispensables en la vida de un político con aspiraciones. Pero en el imaginario colectivo quedó sembrada la idea de que una mínima combinación de esas condiciones debería estar presente.
El gobernador Daniel Scioli no fue ajeno al duro golpe. Sus pasos siguientes, mostraron, además de la consternación, una imagen generadora de algunas dudas. En pocos días, sobre su figura se dibujó un amplio ábanico, que iba desde un seguimiento incondicional al proyecto k, hasta espesos silencios que provocaron profundas fisuras en su tradicional transmisión de esa lealtad irreprochable.
Las dudas siguieron en la semana con un plenario de intendentes y legisladores que tuvo a Scioli como un ideólogo con reflejos. Pero le hubiera gustado contar sólo la noticia por el aspecto de la fuerte convocatoria de 91 jefes comunales.
La noticia acerca de un supuesto “encolumnamiento” detrás de Scioli no sonó melodiosa a los oídos de varios jefes comunales, quienes no sólo no están compartiendo sus aspiraciones sino que, en estos días profundizan un esquema de competencia.
Es más, ante consultas periodísticas, funcionarios y legisladores kirchneristas de ámbitos extraprovinciales entendían que era una convocatoria política y no un mitín partidario y personalizado.
A la luz de estos elementos, podría señalarse que el balance da un resultado equilibrado que reduce cierta intensidad de optimismo.
Ocurrió que Scioli intentó presionar y anticiparse a dirigentes que cuentan varias décadas en sus espaldas. Por ejemplo, con la difusión directa de la reunión a los efectos de evitar mensajes o discursos donde algún protagonista intente opacar la figura del gobernador. Pero, a la luz de distintos analistas, hay fallo dividido.
Además de una convocatoria que no mostró sólo a oficialistas, sino a quienes habían abandonado el barco del kirchnerismo varios meses atrás, hubo algún otro episodio sustancial: el de un desafío que el gobernador no se atrevió a cumplir. La propuesta de varios intendentes de transformar una reunión amistosa en un plenario de militantes, licuó en cierta medida las expectativas del propio mandatario. Y el silencio acerca de garantizar a Cristina Fernández la reelección, terminó por evaporar cierta sensación de triunfalismo sciolista.
Así, Scioli quedó a mitad de camino en su compromiso de lealtad, justo cuando más se lo necesitaba.
En un momento donde el duelo por una pérdida aún manifiesta una estela considerable, el silencio de Scioli ante esa arremetida sonó algo más piadoso que una rotunda negativa.
Es que el propio gobernador debe sumergirse en las profundidades de su reflexión sobre el futuro. A Scioli, al parecer, también le cambió muy fuerte los esquemas de su especulación para ser ungido candidato a presidente. Sin traumatismos y sin sobresaltos, como a él le gusta.
Pero también pareció frustrarse o postergarse alguna operación muy secreta por la cual esa postulación pudo haber aparecido por el operativo clamor de sectores peronistas disidentes.
No hay lugar para la ingenuidad en esta hipótesis, desde el momento que eran dirigentes muy emblemáticos de esos sectores quienes señalaban a viva voz, antes de la trágica noticia, que "a Scioli lo estamos esperando, depende de él".
Incluso, en pasillos legislativos en distintos partidarios de la oposición sonaba con fuerza la versión de que eran hasta rutinarias reuniones técnicas entre sciolistas y del espacio denarvaista para analizar una posible postulación nacional de Scioli y reservarle el camino allanado en la Provincia al empresario y diputado nacional Francisco De Narváez.
Un legislador cercano a este último espacio respondió que “no hubo reuniones institucionalizadas, pero sí encuentros y charlas informales”.
En tanto, por el sector de los intendentes independientes del “grupo de los ocho”, también pretendían esperarlo a Scioli. Pero allí había muchas más dudas en torno del futuro electoral de Sergio Massa. Los seguidores del intendente de Tigre creen que tiene mucha proyección y que en la última recta hasta podría quedar mejor posicionado en una carrera con el actual gobernador.
Un portavoz y operador del ex jefe de Gabinete señaló que en los sondeos de hace quince días estaba “apenas cuatro o cinco puntos por debajo de Scioli”.
Pero señalan que tienen guardado un as en la manga. Afirman que Massa supera por varios cuerpos al mandatario, según los mismos sondeos, cuando el interrogante apunta a determinar quién es el que mejor puede combatir la inseguridad.
Otro grupo que no lo esperara a Scioli con sus aspiraciones presidenciales y eventualmente le competiría por la gobernación es el de los denominados “transversales” que postulan al intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez y que tiene como otros principales referentes a sus pares Graciela Rosso, de Luján y Mario Secco, de Ensenada.
Este sector decidió poner el pie en el acelerador con el armado de estructura y diseño de campaña, y serían los primeros en habilitar en la calle la consigna “Cristina 2011”.
Por el espacio opositor, afloran también nuevos nombres de viejos conocidos en la política provincial. La UCR y, específicamente el sector de Ricardo Alfonsín, quiere impulsar cuanto antes la figura del titular del Comité Provincia, Miguel Bazze. Ya se desarrollaron, en la capital bonaerense y en otros distritos, reuniones preparatorias para su lanzamiento.
Entienden los alfonsinistas que afirmarían una inserción importante demostrando fortalezas y avances en el terreno electoral propio y también teniendo en cuenta la relación con viejos socios del Acuerdo Cívico.
En medio un duelo que parece que va observando la finalización, todo parece indicar que los partidos y sus candidatos deben prepararse antes de tiempo. O para ganar pequeñas batallas o para tener más tiempo para habilitar sus propios replanteos vinculados con tácticas electorales.









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