Los primeros pasos para salir de El Pozo

De aquel basural olvidado por todos en el oeste de Godoy Cruz, a una realidad que permite pensar en un futuro mejor. Cómo es posible revertir la historia de un lugar cuando el Estado, sin intereses políticos en el medio, dice presente.

Acá está Orlando González. Tiene 53 años y hace cuarenta que va todos los días a El Pozo. Trabaja y convive con ese pedazo de Godoy Cruz adonde va a parar la basura del resto. De ahí trata de sacar algo que sirva, que tenga un valor y que alguien quiera comprarlo. Así subsisten él y casi 200 familias más.

Orlando se convirtió en uno de los voceros de los vecinos del Campo Papa, La Isla y Piedras Blancas, asentamientos que dejan ver la pobreza más cruda de la provincia y que crecieron a la vera de un vertedero gigante. Hasta hace poco, un lugar olvidado del mundo. Lejos de todo: de la seguridad, la salud, la educación, el deporte, y a menos de 15 minutos de distancia de la Casa de Gobierno.

Francisco Pérez decidió clavar su bandera allí apenas asumió. Acordó con el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, y llevaron a sus gabinetes a darse un golpe de frente con la realidad. Eso que vieron allí era Mendoza. Y ese era el desafío. "Acá vinieron y nos hicieron muchas promesas. Todas de palabra; no se firmó nada. Y, hasta el momento, están cumpliendo", reconoce Orlando.

Fuera de todo juego político y de diferencias partidarias, el Ejecutivo provincial y el departamental decidieron trabajar en silencio. Es una política social que combina objetivos a corto, mediano y largo plazo. Reconvertir la zona e integrarla al resto del Gran Mendoza no será tarea fácil. Por eso nadie comenta los logros alcanzados; por eso nadie comunica cuáles son los planes inmediatos.

Tal vez, para evitar crear falsas expectativas o para que los destinatarios de cada obra no sientan que son usados. La entrada al basural muestra a unos hombres haciendo trabajos de albañilería para instalar una bomba que lleve presión de agua a los baños químicos que se instalaron recientemente. Antes, quienes revolvían residuos en busca de algo para comer o para vender nunca habían tenido este tipo de instalaciones sanitarias.

"Parece poco pero es mucho", advierte Orlando. "Y nos dieron guantes para estar más seguros", completa. El objetivo, de acá a unos años, es cerrar por completo el lugar. Impedir que las personas ingresen, darles un nuevo trabajo y tener la posibilidad de urbanizar la zona e incluirla en el tramado social del Gran Mendoza.

Hasta el momento, el abordaje ha sido plenamente social. El objetivo es plasmar la idea de un Estado presente y que la gente comprenda que su futuro ya no es más una incógnita. O, en todo caso, que sepa que hay futuro. Hubo campaña de documentación, especialmente para los más chicos.

Se realizaron estudios médicos que incluyeron mamografías y pap, más capacitaciones para que las mujeres sepan cuál es el valor de someterse a este tipo de exámenes periódicamente. El plan de vacunación funcionó casi a la perfección, tanto para niños como para los adultos que trabajan en El Pozo y recibieron la antitetánica.

La Dirección General de Escuelas se hizo presente para comprobar cuáles eran las necesidades, potenciar los jardines maternales y proyectar nuevas guarderías. El Instituto Provincial de Juegos y Casinos prometió la construcción de un salón de usos múltiples para que se lleven adelante actividades recreativas y culturales.

La Municipalidad de Godoy Cruz puso sus máquinas a disposición para delinear mejor las calles de tierra y pintar algunas zonas, o entregar planes para mejorar las condiciones edilicias de las viviendas más precarias. "Hay que controlar las expectativas, porque, ahora, todos quieren un trabajo mejor y no entienden que hay que esperar.

Esto va a ser de a poco", asume con total espíritu de liderazgo Orlando. Y cuenta que para muchos jóvenes que nunca formaron parte del mercado laboral, la espera es complicada: "Tienen que saber que no todos van a poder entrar a trabajar a una empresa ya, que hay cosas que se demoran, que hay que hacer trámites, análisis médicos". En algunos casos, el sueño parece concretado.

Siete personas salidas de allí están en el Valle de Las Leñas, formando parte del equipo de trabajadores que se encargan de la atención y mantenimiento del centro de esquí. Otros treinta están impacientes por saber cómo saldrá la selección que hará la minera Vale. De ellos, muchos participarán en el proyecto de extracción de sales de potasio en Malargüe. Es un proceso lento pero que ya comenzó a recorrer un largo camino hacia la igualdad de posibilidades.

Comentá la nota