Primero la sorpresa; después, la normalidad

La ciudad recuperó su rutina rápidamente
NUEVA YORK.- Ayer por la tarde, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, dio una conferencia de prensa en plena Times Square y pidió a las cámaras de televisión que mostraran qué poco había afectado el episodio el ritmo cotidiano de la ciudad.

"Miren, hay océanos de personas", dijo Bloomberg, abriendo los brazos, y las cámaras de los noticieros locales mostraron que, en efecto, Times Square era en la tarde de ayer el mismo caos de turistas y familias de paseo que se puede encontrar cualquier domingo normal de primavera con clima agradable.

De hecho, Nueva York amaneció ayer tan sorprendida por la bomba desactivada en la esquina de Broadway y la calle 45 como por los más de 30 grados de sensación térmica alcanzados al mediodía -muy inusuales para este momento de la primavera-, que lanzaron a sus habitantes a las plazas, a los parques y a los restaurantes con patio, y a tratar de no pensar demasiado en el hecho de que otra vez la ciudad se había convertido en un objetivo terrorista.

Mensaje a los terroristas

Esta era también la actitud y el mensaje de los políticos y dirigentes locales, que prefirieron destacar la rapidez y la eficacia del trabajo de la policía, los bomberos y el FBI, e insistirles a los neoyorquinos en que la mejor actitud frente a los terroristas era, precisamente, retomar sus vidas cotidianas lo más rápido posible.

"El mejor mensaje que podemos enviarles a los terroristas es venir aquí y mostrarles que no tenemos miedo", dijo una mujer del barrio de Queens al canal local NY1, entrevistada anoche en pleno Times Square.

En su conferencia de prensa, Bloomberg agregó: "Hemos sido un objetivo terrorista desde 1993 [año del primer ataque a las Torres Gemelas] y por eso hemos aprendido a vivir con ello".

Las palabras del alcalde Bloomberg resonaron con el estado de ánimo de la ciudad, que vivió un domingo en el que se combinaban la amargura por el recuerdo del 11 de septiembre de 2001, ineludible después de cada alerta o incidente confuso, y la sensación de que, por más éxito que pueda tener el gobierno de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo islámico, episodios como el de anteayer se repetirán con una frecuencia impredecible durante varios años más.

Los teatros de Broadway, ubicados a dos, tres y cuatro cuadras de la esquina donde estaba estacionada la Nissan Pathfinder con los explosivos, continuaron anoche sus calendarios habituales de funciones.

En los teatros

Anteayer, los espectadores de algunas de las obras de moda de esta temporada, como el musical de La familia Addams, o Fences , un drama protagonizado por Denzel Washington, tuvieron que quedarse unos minutos en sus asientos.

Después de la última bajada del telón, un detective de la policía neoyorquina les explicó qué había pasado a metros de esa sala y les preguntó si alguno de ellos había visto algo o, mucho mejor, si alguno de ellos había tomado alguna foto o grabado un video en el que se pudiera ver algo relacionado con el incidente o el supuesto dueño de la Pathfinder.

Anoche no se canceló nada y probablemente nadie ni siquiera mencionó el episodio. En la mejor tradición de los mitos que le dan vida a Nueva York, el show debía seguir.

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