Toda revolución tiene su propia Lady Macbeth. La "primavera árabe", el movimiento popular que puso en jaque el año pasado a los dictadores de Túnez, Egipto, Yemen, Libia y Siria, es el claro ejemplo de ello.
A pesar de que las esposas de los dictadores que gobernaron o aún gobiernan los países árabes eran diferentes y la influencia que ejercían sobre sus maridos variaba, los expertos coinciden en que la fascinación por el poder y el dinero es una característica que comparten todas.
Al igual que Lady Macbeth, el personaje de Shakespeare obsesionado con que su marido se convirtiera en rey, las primeras damas de las revueltas árabes apoyaron o siguen apoyando sin vacilaciones las políticas represivas de sus esposos.
Además de la ambición, las primeras damas compartían el gusto por las compras desmedidas y fundaciones benéficas que les daban prestigio y servían para distraer al pueblo de las atrocidades que cometían o siguen cometiendo -como en el caso de Siria- los regímenes de sus maridos.
"Todas estaban fascinadas por el poder y decidieron quedarse en su rol de primeras damas y defender a sus maridos hasta último minuto. Salvo Leila Trabelsi, que convenció a su marido [Abidine Ben Alí] de abandonar el gobierno cuando todo se desmoronaba en Túnez, las demás respaldaron a sus esposos. La ex primera dama egipcia, Suzanne Mubarak, defendió a su marido Hosni hasta el final; la mujer de Khadafy no se oponía a los puntos de vista del líder libio, y Rania de Jordania apoya las políticas de su esposo", comentó Barah Mikail, experto en Medio Oriente del think tank español Fride.
Pero la atracción por el poder no lo explica todo. Según dijo a LA NACION la periodista e historiadora francesa Diane Ducret, autora del libro Las mujeres de los dictadores , "en estos matrimonios hay una especie de locura compartida".
"Hay una pérdida de contacto de la realidad por parte también de las mujeres. Es más que poder, porque sus destinos son a menudo trágicos. Hay amor, hay violencia y hay ceguera", agregó.
Asma-al Assad
Primera Dama de Siria
Se convirtió en una nueva "María Antonieta", despreocupada por la represión al pueblo sirio y obsesionada con las compras.
Asma-al Assad, PRIMERA DAMA DE SIRIA.
Justamente es la ceguera, o el silencio, lo que le critican a Asma al-Assad, la esposa del presidente sirio Bashar al-Assad. Asma nunca se hizo oír, por ahora, sobre los más de 8000 muertos que dejó en un año la represión del gobierno, que busca ahogar las manifestaciones que exigen la renuncia del presidente.
El perfil de la joven Asma -una ingeniería en ciencias de la computación, de 37 años nacida y educada en Londres- hizo pensar a muchos que impulsaría la apertura en Siria, a fines de 2000. Ella era el rostro de un régimen que prometía entrar en un proceso de liberalización, luego de tres décadas de gobierno férreo de Hafez al-Assad, el suegro de la primera dama.
Asma se casó con el presidente sirio, un oftalmólogo diez años mayor que ella, en diciembre de 2000. Durante los primeros años de gobierno, la imagen de ambos era buena. "Asma era popular, la gente la quería y la veía como un elemento de cambio dentro del régimen. Era moderna y estaba a cargo de varias ONG, aunque luego se descubrió que eran corruptas", dijo desde Londres el activista y periodista sirio Hamza Fakher.
Asma decepcionó a todos. Sin embargo -según sostuvo Salam Kawakibi, coordinador del think thank Arab Reform Initiative-, "no decepcionó a aquellos que conocen lo que ocurría dentro del régimen". "Ella es, en el mejor de los casos, una prisionera del sistema. Pero también puede ser una cómplice."
De "rosa del desierto", como la calificó Vogue en un desafortunado artículo un mes antes de que comenzaran las protestas, Asma pasó a ser una nueva "María Antonieta", obsesionada con mantener un rutilante estilo de vida.
Mientras miles de sirios se morían por las balas de Al-Assad, en julio de 2011, Asma se dedicaba a dilapidar la fortuna de su marido, según se desprende del contenido de 3000 mails de su cuenta privada interceptados por la oposición siria y publicados por el diario británico The Guardian anteayer. De acuerdo con los correos, la mujer del presidente gasto más de 15.000 dólares en compras por Internet de objetos de diseño como candelabros y mesas procedentes de París.
Leila Ben Ali
Ex Primera Dama de Tunez
Su corrupción desmedida y su ambición por el poder dispararon, junto a otros factores, la revolución que derrocó a su marido.
Leila Ben Ali, EX PRIMERA DAMA DE TUNEZ.
Si de gastar se trata, Leila Trabelsi, la ex primera dama tunecina, lleva la delantera. La segunda mujer de Ben Alí era peluquera cuando conoció a su marido, que ya era presidente y tenía 21 años más que ella.
"En apenas una década, Leila consiguió una fortuna de varios miles de millones de euros para ella y sus diez hermanos y hermanas que controlaban con comisiones todos los negocios que se realizaban en el país", dijo Miguel Larramendi, doctor en Estudios Arabes e Islámicos y académico de la Universidad Castilla-La Mancha.
Algunas versiones indican que antes de partir del país, cuando derrocaron a su marido, Leila fue en persona al Banco Central de Túnez para reclamar la entrega de 1500 kilos de oro.
La codicia desenfrenada de Leila, que se hacía llevar desde Francia a Túnez helados en un avión privado, no era su único defecto. Además, estaba obsesionada con el poder y le gustaba ser llamada "Madame la Présidente". "La perspectiva de que acabara sucediendo a su marido fue uno de los factores que alimentó las protestas centradas en exigir dignidad, justicia social y el fin del autoritarismo percibido como la raíz de los problemas que sacudían a la sociedad tunecina", agregó Larramendi.
Ahora Leila y Ben Alí están exiliados en Arabia Saudita. En Túnez el matrimonio fue condenado a 35 años de prisión por malversación de fondos públicos.
Suzanne Mubarak
Ex Primera Dama de Egipto
Antes de que su marido fuera derrocado, en febrero del año pasado, uno de sus objetivos era que su hijo Gamal asumiera la presidencia.
Hosni Mubarak, el ex presidente que gobernó Egipto durante 30 años, y sus dos hijos, Alaa y Gamal, fueron enjuiciados y encarcelados por la represión de manifestantes durante la revolución en febrero de 2011.
La única de la familia que por ahora vive impune en El Cairo es la ex primera dama, mitad egipcia mitad galesa, Suzanne Mubarak.
Suzanne Mubarak, EX PRIMERA DAMA DE EGIPTO.
Suzanne, de 71 años, se casó con Hosni cuando ella tenía 17 y él era un militar de 30. Era conocida por su ambición de poder: su plan era que su hijo Gamal sucediera a su marido. Además, según comentó Barah Mikail, la obsesión de Suzanne por el poder era tal que "en principio quiso separarse de su marido, pero finalmente desistió cuando éste se convirtió en presidente".
Al igual que las otras primeras damas, Suzanne proyectó una imagen muy distinta: se convirtió en patrocinadora de causas caritativas, como el Movimiento Internacional de Mujeres para la Paz. Pero mientras Suzanne defendía los derechos civiles, los ciudadanos egipcios eran torturados por la policía. El gusto por el lujo y la desconexión total con su país, en donde alrededor del 40% de la gente vive con menos de un dólar con veinte centavos por día, tampoco le eran ajenos.
Este cóctel explosivo produjo el resultado obvio: el odio del pueblo. Como explica Ducret, "mucha veces las primeras damas son más detestadas que sus maridos. Es como si la gente esperara algo mejor de las mujeres y de las madres"..
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