Hace 70 años, Stalin ordenó el asesinato de 22 mil militares y civiles polacos.
La cita fue en el cementerio de soldados junto a Smolensk, sobre la frontera con Bielorrusia, el lugar en donde entre 1940 y 1941 los servicios secretos soviéticos enterraron a unos 22.000 oficiales e intelectuales polacos, asesinados de un tiro en la nuca en territorio ruso, ucraniano y bielorruso. Los nazis descubrieron las macabras fosas en su avance hacia el Este, en 1943.
En su discurso, Putin fue muy duro con Stalin ("un totalitarismo inhumano") aunque quitó toda responsabilidad al pueblo ruso y no mencionó a los servicios secretos, autores de la masacre y también la institución de la que proviene él mismo. Putin pidió a los polacos no politizar este episodio, heredado por Rusia de la ex URSS. Stalin "sembró el terror y forzó a las personas a obedecerlo a ciegas", dijo. "Las represiones aplastaron personas sin tener en cuenta su nacionalidad, convicciones o creencias (...) la lógica era una sola: sembrar miedo", señaló Putin, quien aseguró: "Estos crímenes no tienen ninguna justificación. En nuestro país ya se ha dado una clara valoración política, jurídica y moral a las maldades cometidas por el régimen totalitario. Y esta valoración no admite ninguna revisión". "Nuestro pueblo, que sufrió los horrores de la guerra civil y la colectivización forzosa, comprende muy bien -tal vez, mejor que ningún otro- qué significa Katyn para cada familia polaca", señaló Putin.
El premier polaco Tusk, quien había recibido el 1° de septiembre pasado a Putin en Westerblatte, territorio polaco, para los homenajes por los 70 años del comienzo de la II Guerra, siguió en su línea conciliatoria, al manifestar su confianza en que "la palabra verdad pueda unir a ambos pueblos".
Entre los asistentes a la ceremonia estaban el ex presidente Lech Walesa, quien calificó la presencia de Putin de "gesto notable". También estaba presente el célebre cineasta polaco Andrzej Wajda, director de un filme precisamente titulado Katyn, que narra la historia de la tragedia desde el punto de vista de las víctimas. El padre del anciano Wajda (80) fue uno de los oficiales asesinados en los bosques soviéticos. Su película, estrenada mundialmente tres años atrás, recién pudo superar la censura rusa el viernes pasado, cuando fue transmitida por el canal estatal Kultura.

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