El gobierno japonés exhibió ayer, por primera vez, la sala donde se aplica la pena de muerte en la cárcel de Tokio, por una iniciativa de la ministra de Justicia, Keiko Chiba, defensora de la abolición de la pena capital.
A pesar de que los periodistas pudieron ver esta macabra exposición, no se les mostró el nudo utilizado para los ahorcamientos ni el espacio en el que se deposita el cadáver del condenado, luego de la ejecución.
“Hemos tratado de mostrar lo máximo que podemos de la sala –dijo la ministra Chiba–. Nuestra esperanza es que esto pueda impulsar en la población la discusión sobre la pena de muerte”. La funcionaria es una de las principales impulsoras de un cambio en la legislación japonesa para abolir la pena capital en el país asiático.
Hay un dato que hace más trágicas las ejecusiones en Japón. En ese país, las condenas están rodeadas por el secreto hasta el último momento. Es que el condenado ignora cuándo será ahorcado hasta la mañana fatal en la que recibe la noticia. Incluso los familiares del detenido llegan a ser avisados de la suerte fatal cuando el preso ya fue ejecutado.
Actualmente se encuentra un total de 107 presos a la espera de ejecución en Japón. Pese a la posición de la ministra nipona, las encuestas muestran que el 86% de los japoneses apoya la pena de muerte y no pretende que se impulse algún cambio al respecto.
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