Los radicales están mejor posicionados que los peronistas. Al menos tienen menos figuras inscriptas en la pelea por la candidatura presidencial. Probable evolución de los hechos, hasta mediados del año próximo.
Esas maniobras generarán, indudablemente, la mayoría de los conflictos que se prevén. Sólo una inusual frialdad del resto de los peronistas, ante los ataques, podrá evitar que esa lucha se convierta en tan fuerte que termine agotando la paciencia de la gente y esta incluya a todos en la misma bolsa. Es el gran riesgo que tiene el peronismo, en estos momentos, y la ganancia que piensa obtener el radicalismo.
Y es que cuando se habla de este tipo de maniobras desde el oficialismo, es fácil imaginar que las mismas carecerán de las más elementales normas de ética. La desesperación por la previsible pérdida de poder, enloquecerá al ex presidente y actual conductor del UNASUR, y en ese estado, este nefasto personaje que alteró la historia argentina, se pone más peligroso todavía, para el país y su futuro.
Quien recuerde las imágenes de Adolf Hitler en la intimidad, las pocas que han podido rescatarse del ocaso del imperio que él creó, cuando aparece frente a los Jefes de las distintas secciones, instándolos a actuar pese a la ya virtual inexistencia de fuerzas, no podrá evitar asociarlo a las actitudes de Kirchner frente a sus mandaderos mayores, gritándoles, insultándolos, caminando de un rincón a otro de la sala, como una fiera enjaulada, en un aparente descontrol, que no sería tal, porque en realidad termina convenciendo y organizando la labor que encomienda a sus servidores. Kirchner y algunos de sus hombres, podrían creer todavía, que ellos no caerán, que tienen el poder y la impunidad asegurada.
Habrá que esperar muchas de estas situaciones de aquí hasta los primeros meses del 2011, tal vez marzo. Sería allí el límite razonable que el ahora Jefe de ese engendro institucional que se llama UNASUR, se habría impuesto para determinar si va a ser él quien se presente como candidato a presidente, o aplicará el “Plan B”, destinado a alimentar otra fórmula; ó, en el caso de que su poder ya ni para eso alcance, por el enorme desprestigio reunido para entonces, emplear el ataque serial para terminar de destruir todo lo que se presente como posible de construirse, en el terreno adversario. Sería entonces, el “Plan C”.
Mientras tanto, es difícil imaginar, al menos hoy, que para ese entonces, para el comienzo del otoño próximo, en el peronismo federal o disidente, se hayan acomodado las cosas. A Eduardo Duhalde continúa presentándosele duro el remontar las encuestas. Su figura sigue recibiendo mucho rechazo. Pero en la Argentina esto tiene un valor relativo, porque nadie podría apostar que a Néstor Kirchner no le suceda lo mismo, pese a todo lo que organice desde el Gobierno para atenuar su ya mala imagen. Es muy probable que el desgaste de su figura que será mayor entonces, termine favoreciendo a Duhalde, pero sólo dentro del peronismo, no habrá que olvidarlo.
En ese movimiento, el ex presidente interino, el hombre de Lomas de Zamora, no tiene demasiados opositores firmes. Sigue siendo impensable que Mauricio Macri ascienda en el favor popular, y logren introducirlo en el peronismo, y tanto como para constituirse en candidato a Presidente, al menos con posibilidades de éxito. Tampoco podrían llegar a esa posición Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Sáa o Felipe Solá. Muy difícilmente mejoren tanto su imagen de aquí hasta el año próximo. Sólo Carlos Reutemann podría conseguir algo semejante, pero deberían suceder muchas cosas y de gran importancia como para que este dubitativo y frágil político, acceda a ese gran paso.







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