Fernando GonzalezEs tan desoladora la fotografía que las primarias del 14 de agosto le dejaron a la oposición, que el santafesino Hermes Binner amenaza con forjar un tenue vapor de expectativa presidencial después de obtener apenas el 10% de los votos.
¿Pero por qué es que el gobernador socialista da la sensación de apuntar más alto que Ricardo Alfonsín, si éste tiene un apellido políticamente más ilustre y viene de un partido más enraizado en el poder? ¿Y por qué tendría más chances que Eduardo Duhalde si éste ya fue presidente, gobernador e intendente, y viene de un partido que es la personificación del poder?
La respuesta es que, a poco más de un mes de la elección presidencial, Binner se muestra más activo que sus adversarios y ayer dio otra muestra de ese espíritu al aprovechar una visita de Cristina a Rosario para cruzarse con una Presidenta que jamás acepta debatir con ninguno de sus rivales (ver página. 8). Bastó que el gobernador reiterara su pedido de diálogo para que la Jefa de Estado lo rechazara no sin cierto desdén.
El enigma del ascenso de Binner empieza a desvelar a los encuestadores que lo ven crecer tímidamente en sus sondeos. De todos modos, la primavera no alcanza todavía para que los sueños hegemónicos del kirchnerismo corran el riesgo de convertirse en pesadilla.



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