El analista político Mario Riorda cree que De la Sota no hizo una correcta lectura de la elección que ganó. A su juicio, el triunfo de Cristina confirmó un sistema electoral de competitividad reducida
Dentro de ese sistema, hay estructuras provinciales que pueden hacer buenas elecciones en uno o más territorios, pero carecen de una proyección que les permita instalarse con firmeza en el territorio nacional. Tal puede ser el caso de Unión por Córdoba, que el pasado 7 de agosto ganara claramente las elecciones para gobernador.
A juicio del analista, el electo gobernador José Manuel de la Sota sobreestimó el apoyo obtenido en los comicios provinciales y no registró diversos indicadores que, al tiempo que mostraban la fortaleza de la presidenta Cristina Fernández, ratificaban que el electorado ya no se guía por el arrastre de un resultado electoral.
En diálogo con PUNTAL, Riorda sostuvo que el “cordobesismo” propuesto como reclamo federal encontró límites políticos demasiado pronto.
¿Qué interpretación hace sobre los resultados de los comicios a gobernador de Córdoba, en los que José Manuel De la Sota obtuvo una amplia victoria?
El resultado prefiguró una serie de características que el tiempo terminará de confirmar en el nuevo reordenamiento político. De la Sota adquirió nuevamente el poder provincial con un liderazgo intacto, quizás más fuerte que el que tuvo en sus períodos anteriores.
Pero lo más importante es que se configura un sistema de tripartidismo imperfecto. Hubo un ganador indiscutible, un claro segundo y un nítido tercero. Nada más. La cuarta fuerza apenas supera el 1%. Pero ese tripartidismo es asimétrico porque el peronismo cordobés superó en 12 puntos a Luis Juez y relegó al radicalismo a un cómodo tercer lugar y a pensar seriamente en un recambio generacional.
¿Qué pretende transmitir el electo gobernador con su afirmación sobre el surgimienProxy-Connection: keep-alive Cache-Control: max-age=0 del cordobesismo?
El “cordobesismo” es la representación de una Córdoba autónoma y diferente. En su momento Eduardo Angeloz acuñó la expresión “isla” para referirse a la situación excepcional de la provincia, así como el propio De La Sota en sus dos períodos anteriores utilizó el concepto “Modelo Córdoba”. Las diferencias de esas consignas están más en las formas que en el contenido, como por ejemplo el eslogan de De La Sota:
“Peleamos por Córdoba, no por pelear”. Lo cierto es que, desde esa consigna fuerte en contenido político se intenta dar vida a una demanda de federalismo.
En sólo una semana, Unión por Córdoba pasó del 42% de adhesiones para gobernador a un 7% para candidatos a diputados nacionales en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. ¿Por qué cree que ocurrió esto?
Básicamente porque fue una torpeza y el justicialismo local no entendió (o no creyó) que el 80% de sus propios votos se superponen con los de Cristina Fernández de Kirchner. Se confiaron en la inercia de su propio triunfo.
¿De la Sota sobreestimó la adhesión recibida o subestimó la aceptación de Cristina Fernández en la provincia?
No sólo subestimó el peso de CFK, sino que sobrevaloró su propia tracción electoral. Sorprende y mucho, porque si algo caracterizó a su campaña fue la enorme dosis de profesionalismo. Sin embargo, desconoció que desde hace casi 10 años el electorado vota claramente dividido por niveles de gobierno, aun en un mismo turno electoral.
¿Eso significa que paulatinamente va desapareciendo la noción de voto cautivo?
No sólo va desapareciendo el voto cautivo sino que hay racionalidad en el corte de boleta y suele darse una merma cada día más significativa del voto arrastre.
¿Qué consecuencias puede tener la combinación de los resultados de ambos comicios para la relación entre la Nación y Córdoba?
El primer efecto es el reconocimiento que tanto a De la Sota como a Cristina Fernández les va mejor si se llevan bien. Pero si se llevan mal, Córdoba tiene mucho más para perder que la nación, especialmente porque ese resultado ha desnudado que el cordobesismo en la política tiene límites concretos. Y lo ha hecho a sólo 7 días del surgimiento del término. Demasiado rápido, demasiado realista.
¿Cómo interpreta el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en las internas primarias del pasado domingo?
La presidenta ha solidificado un discurso con centro en un estado transformado y transformador, con una alta percepción de eficacia como redistribuidor. Muestra evidencias de que el país funciona. Su relato es sobre hechos cotidianos que sustentan la inclusión. La asignación universal por hijo, la inclusión jubilatoria, o la baja del desempleo acercan la gestión a indicadores que reflejan más inclusión que exclusión.
Otra línea de argumentos avanza sobre el crecimiento como marca distintiva, aun en momentos de turbulencias internacionales que socavan a las principales economías.
¿Eso explica un apoyo superior al 50%?
Cristina avanzó con audacia (independientemente de la valoración que cada uno tenga de ello) en transformaciones y retos que hace tiempo no se daban. Pero lo más importante es que avanzó en esa línea sin descuidar la economía. Consolidó un liderazgo osado en lo político, redistribuidor y conservador simultáneamente en lo económico, especialmente desde el criterio fiscalista.
¿Qué explicación encuentra a que la lista del Frente para la Victoria haya triunfado en los grandes centros urbanos y, sobre todo, en la región pampeana, escenario de su mayor conflicto dos años atrás?
El voto a CFK no estuvo sustentado en condiciones socioeconómicas históricas que direccionen necesariamente el voto, como haber nacido en tal lugar, ser hombre o mujer, tener más o menos estudio o más o menos ingresos. Su voto fue claramente transversal a esas variables típicas que alguna vez, especialmente en el sistema bipartidista argentino, supieron pronosticar determinadas conductas electorales.
¿Cómo impacta ese resultado de cara a las elecciones presidenciales de octubre?
El resultado de las primarias estructura y modela en el trazo grueso el resultado de la primera vuelta. Los partidos no supieron entender que las primarias no son internas ni primera vuelta; son primarias y constituyen el primer paso público y obligatorio de un proceso largo que exige coherencia y sensación de competitividad. Justo los dos elementos que faltaron en la oposición.
¿Cómo califica el papel desempeñado por la oposición en las primarias abiertas?
Mediocre y amateur. Si la imagen es la acumulación sostenida y coherente de discursos a lo largo del tiempo, los partidos de la oposición tuvieron mala imagen. Y se notó.
Ha quedado consolidada una estrategia de la oposición ejecutada desde una superposición federal en donde cada candidato o fórmula es fuerte en uno o dos distritos agrupados. Con ello hace papeles dignos, pero no competitivos en el territorio argentino agregado. Cada fórmula tapona como un rompecabezas a otras fórmulas. Entonces, la oposición se complica a sí misma en la performance en primera vuelta, lo que la tornaría potencialmente más cómoda para el oficialismo. También, quedaría desvanecida la posibilidad de que todo ese discurso común se agrupe en una segunda vuelta.
¿Qué impacto tiene ese resultado para la configuración política del país? En una
entrevista destacó el surgimiento de “un liderazgo político preponderante y un multipartidismo inestable”.
Básicamente representa la consolidación de una tendencia que amenaza con establecer un sistema electoral de competitividad reducida, iniciado en 2007 y profundizado en 2011.
Esto significa que todos pueden competir, pero no todos tienen chances de ganar. Ello a su vez va modelando el sistema de partidos. Aparecen pistas de la generación de un sistema de partido dominante en el marco de un sistema multipartidista inestable, sin perspectivas de coaliciones claras. Todavía resulta algo arriesgado afirmar si se trata de partido dominante o liderazgo dominante solamente. El tiempo dirá.



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