El oficialismo mendocino, el partido del equipo gobernante, hoy carece del liderazgo que necesita para lucir ordenado.
Pero los tiempos de los dirigentes políticos, y su agenda de temas e intereses, pese a lo que pregonan, siguen siendo diferentes de los del común de la gente, mucho más complejos, graves y de difícil resolución. Ellos optan por entretenerse jugando a ocupar lugares y espacios en el esquema partidario, porque los tiempos electorales se vienen acercando. Y hay que prepararse para no ser sorprendidos. Es así, aunque el discurso aparezca edulcorado para el paladar ciudadano. La mona, aunque se vista de seda –bien se puede decir– mona queda.
El oficialismo mendocino, el partido del equipo gobernante, hoy carece del liderazgo que necesita para lucir ordenado y traccionando en un sentido. Francisco Pérez, el gobernador, no pudo ocupar ese espacio carente de conductor que reclama desde aquella llegada sorprendente de Celso Jaque al gobierno. Jaque no fue el conductor del movimiento y hoy tampoco lo es el propio Pérez. Por la característica del peronismo, esa falta de liderazgo conduce al gobierno hacia aguas inestables y sumerge a la administración en la incredulidad, en una falta de confianza hacia ella que no termina nunca de acomodarla en la sintonía que la sociedad quiere, demanda y necesita.
El embate de los azules del peronismo, comandados por Mazzón, al impulsar en solitario un debate abierto para implementar las PASO en Mendoza para las elecciones del 2013 ha sido, en cierto modo, una provocación a ese rol de conductor que debería tener el gobernador y no ocupa. Porque Pérez, antes de impulsar en Mendoza las primarias abiertas como existen en la Nación, se propuso desde un primer momento como prioridad sacar la modificación de la Constitución. "Vamos por la reforma integral, convocando a todos y si no nos acompañan, iremos solos. Pero la Constitución se reformará para mejorar la calidad de vida de todos", dijo el gobernador a poco de asumir. La oposición, en cambio, con los radicales a la cabeza, más los gansos, fueron por más: por forzar un cambio al sistema electoral, buscando el desdoblamiento y la boleta única, banderas que el peronismo no tiene previsto entregar.
El plan de la reforma electoral se encuentra virt u a l m e n te bloqueado y paraliz a d o. S o n m u y pocos los que apuestan un cobre a que se dé el acuerdo político para lograr su modificación, mucho más cuando se metió en el debate la reelección del actual gobernador. La reforma, al menos hoy, ya está muerta y con pocas probabilidades de que alguien logre resucitarla. Otra vez será.
Los azules, entonces, decidieron ganar protagonismo frente a la crisis de liderazgo en el oficialismo y lanzaron su proyecto de primarias, con lo que Troya se incendió. En realidad, el sector Azul –de los Bermejo, de Jorge Omar Giménez, de los Bianchinelli, de Jorge Tanús– fue a buscar el centro del ring ante el avance interno de la Corriente que conforman el vice Carlos Ciurca y los intendentes Abraham y Miranda, y, también, como está dicho, le disputó el liderazgo interno nada más y nada menos que a Pérez, que propone otro camino.
La movida apunta al 2013 y, especialmente, a la sucesión de Pérez, en el 2015. La presentación del proyecto de las PASO provinciales, de los azules, que generó acusaciones de traidores y de piqueteros por parte del sector de la Corriente, les permitió también a los primeros mostrar cierto poder de fuego interno para cooptar dirigentes. La conferencia de prensa de Tanús, Miriam Gallardo, Bianchinelli, Viadana, Giacomelli (todos legisladores del sector) fue la presentación en sociedad, como nuevo trofeo del sector, del joven senador maipucino Matías Stevanatto, un símbolo del jaquismo. Stevanatto fue el secretario privado de Jaque durante su gestión, y su presencia como nuevo integrante del sector Azul indignó a la Corriente y la puso en alerta. Algo más sobre el senador, que por fuera de la rutilante Cámpora, está protagonizando una meteórica carrera, esperando su turno en Maipú, luego de que pasen los Bermejo y, quizás, Bianchinelli en el control del histórico departamento peronista, gobernado por el movimiento desde antes de 1976. A Stevanatto le aconsejaron que se uniera a los actuales popes del peronismo en Maipú, porque si los enfrentaba, sería peor para su futuro. "Tenés 30 años, por una cuestión biológica, los Bermejo y el propio Bianchinelli deberán dar un paso al costado en medio de un proceso normal. Bianchinelli espera su turno para el 2015 y, para el 2019, vos y los que te siguen no tendrán ni siquiera 40 años. Tu lugar es el Azul", le dijeron al pibe, y lo tomó.
Las PASO, más allá de la resistencia de Abraham y de Miranda, serán el camino para ordenar internamente el peronismo y, más tarde o más temprano, serán asumidas. Abraham, quien hoy emerge como el candidato más firme del oficialismo para encabezar la lista de diputados nacionales del año próximo, entiende en la intimidad que las Primarias, por ley, podrán ser el dique del peronismo mendocino a la fuerte ofensiva que, se espera, dará Cristina para armar la lista de aquellos candidatos, pensando en su recontra reelección en el 2015 y en la necesidad de poblar el parlamento de sus soldados. ¿Cómo resistirá el cacique de Guaymallén la orden presidencial de que alguno de los chicos camporistas, como Ilardo, por ejemplo, encabece la lista? O rompiendo con el cristinismo o enfrentándolo en una interna abierta, simultánea y obligatoria, como las PASO.
ÚLTIMA ENCUESTA K. La lucha por los cargos será trajinada. El año próximo, los mendocinos elegiremos diputados nacionales, además de los cargos provinciales. Pero los candidatos deberán lidiar con su imagen. Una reciente encuesta de opinión del consultor Santiago Alé, cuyos resultados preliminares se conocían ayer, da cuenta de una imagen negativa apabullante de los actuales diputados nacionales mendocinos. Se les imputa no sólo lo lejos que están de la gente a la que dicen representar, sino también las elevadas dietas que cobran y que se fijaron en más de 35 mil pesos.
El otro dato de la encuesta es lo que piensan los mendocinos sobre aquella famosa frase de la presidenta sobre los medios, a los que en esta semana los tildó de conformar "la cadena nacional del miedo y el desánimo". El 25% por ciento de los encuestados no está de acuerdo con los dichos de Cristina; 30% dice estar de acuerdo "en parte", mientras 38% sostiene que lo afirmado por la jefa del Estado es cierto. El resultado, según el consultor que trabaja para el kirchnerismo, tiene que ver con la adhesión que en este momento tiene el Gobierno nacional en Mendoza.


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