La siembra de trigo en la región cercana a Bahía Blanca, tanto en Buenos Aires como en La Pampa, cayó a niveles por demás significativos: 44% en el sur y 25% en el sudoeste bonaerenses.
Así entonces, en el centro-oeste se registra una disminución del 52% y, en el sudeste, la caída es del 32%. De todos modos, las cifras, aunque impactantes, no lo son tanto si se considera que son regiones donde se puede optar por otros cultivos en razón de un mejor suelo y un régimen de lluvias más prolífico.
En la región pampeana, la cifra es importante: --27% (120.000 hectáreas vs. 165.000 has.).
De las cinco referencias, se obtiene el 33% de promedio de disminución de siembra, con 1.152.500 hectáreas respecto de 1.717.300 has.
Los datos surgen de un informe elaborado desde el Proyecto Estimaciones Agrícolas, de la Dirección de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca.
En el otro extremo, otra presunción también se concretó: la superficie de siembra en cebada aumentó, en promedio, 4,5%, con picos de 25,6% en el sudeste bonaerense (una región clásica); del 17,5 en el SOB y del 5,3% en La Pampa.
La caída, igualmente, fue marcada en el sur bonaerense (18%), aunque no tanto en el centro-oeste: --8%.
Según se indicó desde la BCP, la severa sequía en el cinturón maicero de los Estados Unidos impulsa los valores de los contratos ofrecidos, fortaleciendo la decisión de siembra por parte del productor.
Además, a medida que transcurren los meses invernales, el óptimo estado de humedad superficial favorece a sumar hectáreas que, en principio, no estaban asignadas al cultivo.
La implementación del planteo con soja de segunda es otro factor determinante en la ecuación favorable del cultivo, ya que permite ingresar un flujo financiero sobre fin de año, brindando otras posibilidades al resultado económico de la empresa agrícola.
Se concluye que una de cada dos hectáreas que se dejan de hacer de trigo se destina al cultivo de cebada.
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