Manuel A. SolanetIngeniero
La irrealidad de las cifras del Indec y otras inconsistencias hacen poco creíble el proyecto enviado por el ejecutivo
No sólo el irrealismo de los números es observable. Hay otras definiciones en el proyecto oficial que merecen también comentarios. La política cambiaria explicitada en el documento confirma que se continuará con el uso del retraso cambiario como ancla antiinflacionaria. Se propone un tipo de cambio de 4,10 pesos por dólar para 2011. Esto significa una devaluación nominal de 3,5 % respecto de la cotización actual. Como no hay perspectivas que el dólar se devalúe apreciablemente respecto de otras monedas, lo que en realidad se propone es que continúe la revaluación del peso ya verificada durante los dos últimos años. Esto ocurriría aún si la inflación pudiera ser constreñida a los irreales bajos valores del presupuesto.
No se trata de postular una mayor devaluación, sino de atacar la inflación en sus causas, pero esto no es lo que surge del proyecto de presupuesto ni de las políticas instrumentadas por este gobierno. El modelo del tipo de cambio alto ya no es tal y lo que estamos viviendo es una política procíclica de fuerte aliento al consumo. Tanto en lo fiscal, como en lo monetario que le es consecuencia, se alimenta hoy la inflación. Nada nos dice el discurso oficial ni las medidas de todos los días, que este modelo consumo-inflación será modificado. Menos en un año electoral. La proyección presupuestaria de un mayor crecimiento de la inversión que del consumo, no parece tener sustento mientras se acentúe el clima de incertidumbre y desaliento que caracteriza este modelo de gobierno.
Si bien el Ministro de Economía ha declarado la intención de recuperar en 2011 el fuerte atraso de las tarifas públicas, el proyecto de presupuesto prevé un aumento significativo del monto de los subsidios a las empresas públicas, particularmente a Cammesa. Nuevamente además, cabe ser escéptico de que haya recuperación tarifaria en un año de campaña electoral y frente al incumplimiento de promesas similares en los últimos años.
Notablemente, el proyecto de presupuesto postula un aumento de la presión tributaria, no obstante el nivel récord actual. Se propone pasar desde el 28,8% del PBI en 2010 al 30,4% en 2011. Para ello se mantienen las alícuotas de las retenciones haciendo caso omiso a los insistentes pedidos del agro frente al cepo cambiario. El fisco seguirá siendo soja dependiente. También se sostendrán sin cambios los impuestos al cheque y a la ganancia mínima presunta, entre otros. Se pretende así continuar exprimiendo al máximo al sector privado, sin ninguna propuesta de sustitución de los impuestos distorsivos. A pesar de esta pretensión de continuar aumentando el esfuerzo contributivo, vuelve a preverse el uso de algo más de 7.500 millones de dólares de las reservas del Banco Central para cubrir pagos de la deuda pública.
Convengamos que además de la irrealidad de este proyecto de presupuesto, surgen de él suficientes evidencias de que habrá una herencia gravosa para quien deba asumir la conducción del país a fines de 2011.
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