Ante el avance que logró Romney, el presidente intentará en el encuentro partidario de Charlotte ganar impulso para el tramo final de la campaña; según los últimos sondeos, hay un empate técnico
Pero la escenografía es todo un riesgo. El entusiasmo por Obama no es el mismo que hace cuatro años. Por entonces, una marea humana lo acogió en la convención partidaria de Denver y lo consagró como un fenómeno político, el líder que más rápidamente creció en la historia reciente de Estados Unidos. Un salto meteórico desde la oscuridad, en 2000, hasta la cúpula del poder, en 2008.
Ahora, en momentos de movilización partidaria de uno y otro lado, la carrera hacia la Casa Blanca se encuentra en un virtual empate entre Obama y el candidato republicano, Mitt Romney, que se reparten el 45% de las preferencias de los votantes cada uno, según una encuesta de la agencia Reuters e Ipsos publicada ayer.
Con viento en contra y la ilusión a media asta desde aquel vibrante "Sí, podemos" ("Yes, we can"), esta semana Obama espera, sin embargo, repetir aquella sintonía histórica.
Será el jueves, cuando, en el cierre de la convención del Partido Demócrata que ahora empieza, acepte formalmente la candidatura a la presidencia por cuatro años más.
"No hay que tener miedo al cambio, no hay que dejarse derrotar por los que predican la imposibilidad del cambio", es la idea que viene repitiendo Obama en la campaña.
Esta vez, su lema no será la esperanza -eso fue hace cuatro años y no todo salió bien- sino, justamente, el cambio. La opción entre dos modelos de país y las "consecuencias" que puede tener elegir entre un gobierno demócrata o uno republicano.
Con las figuras estelares del partido en el escenario, la convención demócrata replica en esta ciudad la que, hace una semana, mantuvieron los republicanos en Tampa, Florida.
"Obama fracasó y sólo trajo división y desencanto", dijo, entonces, Romney. "Me hubiese gustado que le fuera bien, pero no ha sido así y por eso debe dar un paso al costado", añadió.
Su compañero de fórmula, el candidato a vicepresidente, Paul Ryan, pulverizó el desempeño económico del demócrata. "Desocupación y pérdida de mercado", le reprochó. "Hay millones de jóvenes que lo único que tienen de Obama es un poster desteñido en la habitación, una ilusión que se desgastó", sostuvo.
Los demócratas contestan esta semana a todo eso. Obama será el orador de cierre, pero antes de que eso llegue le prepararán el terreno las principales figuras del partido.
Abogarán por un nuevo período los ex presidentes Bill Clinton y James Carter (este último, por video). La primera dama, Michelle Obama, hablará especialmente a las mujeres, mientras que el alcalde de San Antonio, Texas, Julián Castro, apelará al voto hispano con el llamado discurso "clave" de la semana.
De 37 años y el alcalde más joven de la séptima ciudad más grande del país, Castro hará historia al convertirse en el primer dirigente hispano que ofrezca un discurso en horas de máxima audiencia en una convención nacional. Julián es hijo de Rosie Castro, reconocida activista de origen mexicano, y encarna junto con su hermano gemelo Joaquín -también político- el sueño americano.
La secretaria de Estado, Hillary Clinton, no figuraba hasta ayer en ningún discurso pautado; pero es una de las figuras fuertes del partido y objeto de recurrentes conjeturas sobre una eventual carrera presidencial en el futuro, algo que ella niega una y otra vez.
Pero la cuestión es el ánimo. Junto con los 6000 delegados partidarios de todo el país y miles de simpatizantes llegaron también las manifestaciones de protesta de quienes se sienten decepcionados por el presidente que prometió la gran transformación del país.
"Wall Street es quien manda", decía ayer un cartel del movimiento de protesta Occupy Wall Street, descontento por la "cultura de la especulación". Detrás de ellos venían quienes reclaman la reforma migratoria y detrás, quienes protestan por los ataques con aviones no tripulados en Afganistán, Paquistán y Yemen y que son autorizados por el propio Obama.
CRÍTICAS
En estos casi cuatro años de gestión, Obama -de 51 años- encaneció luchando con la peor crisis económica que sufre el país desde la Gran Depresión de la década del 30.
Los expertos coinciden en que evitó una catástrofe. Pero el desempleo del 8%, la expansión del gasto y el débil crecimiento económico lo dejan vulnerable a las críticas. Cuando asumió, el 67% de los norteamericanos le tenía confianza. Hoy, apenas el 40% respalda su gestión económica, blanco permanente de la campaña de Romney.
La elección se mantiene en empate técnico, más allá de los consignado por Reuters e Ipsos: el sitio RealClearPolitics -que hace un promedio de varias encuestas- daba ayer una diferencia de menos de un punto en favor de Obama.
LAS CLAVES DE LA CONVENCIÓN
Los demócratas buscarán destacar su gestión
Hispanos
Buscarán movilizar a los hispanos para que el apoyo de ese sector a Obama que reflejan las encuestas se traduzca en más votos
Economía
Resaltar el mayor gasto en educación, energía e infraestructura
Reformas
Redoblar la apuesta sobre la reforma impositiva y migratoria, que tuvieron pocos avances
Política exterior
Destacar el compromiso de Obama de terminar con la presencia norteamericana en Afganistán
.
Del editor: por qué es importante . La convención será la última gran exposición de Obama, que la deberá aprovechar para sacar ventaja en una carrera electoral tan pareja.






Comentá la nota