A pesar de las críticas de la comunidad internacional, intensificó los bombardeos; EE.UU. cerró ayer su embajada en Damasco
DAMASCO.- Estados Unidos y la Unión Europea redoblaron ayer sus esfuerzos por arrinconar diplomáticamente al régimen de Bashar al-Assad, que, a pesar de la presión, intensificó sus bombardeos sobre Homs, epicentro de la revuelta armada, donde hubo 50 muertos, según el opositor Consejo Nacional Sirio (CNS).
El bombardeo sobre Homs -una ciudad de un millón de habitantes desangrada por la represión tras 11 meses de protestas- coincidió con el anuncio de Estados Unidos de que cerró su embajada en Damasco y retiró a todo su personal diplomático del país, en protesta por la escalada de la violencia por parte del régimen.
Tanto Washington como Bruselas han prometido aumentar en los próximos días las sanciones contra Damasco en respuesta a los vetos de Rusia y China en la ONU a una resolución de la Liga Arabe que instaba a Al-Assad a dejar el poder. Pero el líder sirio no da señales de ceder a pesar de la indignación internacional y continúa con su ofensiva sobre las zonas donde opera el Ejército Sirio Libre (ESL), formado por desertores de las fuerzas armadas.
"La mayoría de los muertos en el bombardeo de Homs, que comenzó a las seis de la mañana, son civiles; hay por lo menos 50 muertos", señaló un vocero del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH). "Este es el bombardeo más violento en los últimos días; los cohetes están cayendo con segundos de diferencia sobre el mismo blanco", dijo un activista sirio que estaba en contacto con residentes de Homs (ver aparte). Otro activista indicó que las fuerzas leales a Al-Assad utilizaron múltiples lanzacohetes.
La intensidad del ataque sobre Homs indica que el régimen está decidido a controlar esa ciudad del oeste del país en la que los grupos rebeldes se han hecho fuertes. Miembros de la oposición anunciaron que estaban organizando el Alto Consejo Revolucionario, que se constituiría como la principal fuerza armada contra el gobierno de Al-Assad. El nuevo grupo armado estaría comandado por el general Ahmed al-Sheikh, el oficial de mayor rango que abandonó el ejército y huyó a Turquía.
En el plano diplomático, el veto de Rusia en las Naciones Unidas se interpretó como una especie de regreso a la Guerra Fría, con Moscú y Washington apoyando posturas distintas en los conflictos internacionales.
Rusia cuenta con fuertes intereses geopolíticos y económicos en Siria, por lo que no ve con buenos ojos un cambio de régimen. El canciller ruso, Sergei Lavrov, tiene previsto viajar hoy a Damasco para buscar una solución del conflicto sin la participación de Occidente. Pero la reacción de la Casa Blanca fue contundente. "El reciente estallido de violencia ha aumentado los temores respecto de nuestra embajada, que no está lo suficientemente protegida contra un ataque", señaló el Departamento de Estado en un comunicado en el que detalló que el embajador Robert Ford y todos los funcionarios de la embajada habían abandonado el país.
A pesar de la contundencia de la medida, Estados Unidos no ha roto relaciones con Siria. De hecho, el presidente Barack Obama afirmó ayer que su gobierno continúa apostando por una "solución diplomática" de la crisis. "Creo que es muy importante para nosotros intentar resolver esto sin recurrir a la intervención militar extranjera, y creo que esto es posible", dijo Obama a la cadena NBC.
En el marco de las críticas generalizadas de Occidente al veto impuesto por Rusia y China en la ONU, el vocero de la Casa Blanca, Jim Carney, advirtió a los aliados de Damasco que "apostar a favor de Al-Assad es una receta para el fracaso". Carney señaló que el poder que ejerce el presidente sirio es "muy limitado". Y Susan Rice, embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas, afirmó que Moscú y Pekín "lamentarán su decisión".
Londres también intensificó la presión diplomática sobre Damasco y llamó a consultas al embajador sirio en Gran Bretaña. "Utilizaremos los canales que nos quedan para dejar claro nuestro desprecio por la violencia", dijo el canciller británico, William Hague. Pese a la protesta diplomática, ni Londres ni la Unión Europea cerraron sus embajadas en Damasco.

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