El triunfo de la Presidenta en las primarias obligó a Moyano a cambiar de estrategia
"La Presidenta nos pidió que nadie se vaya demambo. Que convivamos gremialistas y empresarios con parámetros favorables para todos. Y acordamos actuar razonablemente, teniendo en cuenta la inflación", admitió José Luis Lingeri, dirigente de Obras Sanitarias, a LA NACION.
No se vislumbran conflictos que puedan torcer el rumbo más conciliador que adoptaría la conducción de la CGT. Al haber cerrado ya la negociación por las paritarias y las subas del salario mínimo y de las asignaciones familiares, el único frente que queda abierto con algún atisbo de tensión está vinculado con la reapertura del diálogo para modificar el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. En esta batalla, en abril pasado, Moyano perdió su oportunidad al aceptar el alza que impuso el Gobierno .
A diferencia de otros tiempos, en el círculo de confianza de Moyano afirman que la relación con el Gobierno está más distendida que antes de las internas del 14 de agosto. El amplio triunfo de la Presidenta, analizaron en la sede sindical de la calle Azopardo, los obligó a modificar estrategias a la hora de activar los reclamos.
"Estábamos acostumbrados a ganar siempre por knock-out . Ahora, a veces ganamos por puntos", fue la particular visión de un dirigente moyanista sobre la relación con el Gobierno.
En la CGT dicen que siguen atentamente los avatares de la crisis económica del Primer Mundo. "Se está mirando con preocupación el contexto internacional. Pero primero hay que ver si llegan los coletazos a nuestro país. Ya lo vivimos en 2008 y 2009. Hay que estar siempre alertas", dijo el dirigente de los canillitas y diputado nacional del Frente para la Victoria, Omar Plaini.
"El año que viene deberían venir reclamos más prudentes. El cierre de una empresa, que ojalá no suceda, es lo único que podría alterar las cosas", aventuró Lingeri, que no suele integrar el círculo íntimo de Moyano, pero que aún mantiene su poder de influencia en el corazón de la central obrera.
Hace dos semanas, en el festejo de los industriales, la Presidenta llamó a los empresarios y a los sindicalistas a "resignar aspiraciones". En la misma cita, ante Moyano y el presidente de la Unión Industrial Argentina, José Ignacio de Mendiguren, la mandataria también les pidió "más moderación".
Sin certezas reales sobre el impacto de la crisis internacional en la Argentina, en el Gobierno pronostican que las negociaciones salariales de 2012 serán más bajas de lo que fueron este año. Incluso, hasta se barajaron cifras con alzas de entre el 10 y el 20 por ciento. No más.
"Las negociaciones toman siempre toda la realidad. Se tiene en cuenta que los ingresos no se hayan deteriorado por la suba de precios. Los gremios no somos autistas, y es cierto que las empresas muchas veces exageran para no efectivizar el aumento", sostuvo el dirigente de Sanidad Carlos West Ocampo. Su gremio cerró este año una suba salarial del 33% y marcó el récord, junto con el sindicato de los visitadores médicos (36%).
"Este año ya está, ya pasó. Las negociaciones importantes se terminaron. Apoyaremos fuerte al Gobierno para las elecciones de octubre. Lo que sí, el empresariado no debe remarcar los precios porque eso nos obligará a pelear para no perder el valor adquisitivo del salario", advirtió un moyanista vinculado a los gremios del transporte.
La vereda de enfrente
La actitud más contemplativa y conciliadora que adoptaría la CGT no sería una postura a imitar por el sector de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) que el Gobierno no reconoció cuando convocó al Consejo del Salario.
"La crisis va a afectar a la Argentina porque no estamos blindados. Con la sojización no alcanza. La CTA pide la reapertura de las paritarias porque la crisis ya repercute en el empresariado al no reconocer la inflación ni el verdadero salario", exigió ante LA NACION Pablo Micheli , el líder de la facción disidente.
Micheli redobló anteayer la apuesta. Convocó a una movilización para el 23 del actual para protestar contra la política salarial kirchnerista. Y les pidió a Moyano y a Hugo Yasky, su oponente en la CTA, que se sumen al reclamo. "Las centrales obreras debemos salir unidas a rechazar la omisión de los ámbitos tripartitos porque unilateralmente el Gobierno comunicó los aumentos poco significativos de las asignaciones familiares", dijo.
Ni Yasky ni Moyano aceptarán sumarse a la convocatoria que les hizo Micheli, según confiaron a LA NACION fuentes de ambos sectores. Así, la CGT ya comenzará a dar señales de su versión más disciplinada y contemplativa.








Comentá la nota