COPIAPO, Chile.- Hoy, Chile ha vuelto a las portadas y a los noticieros de todo el mundo. Nunca antes, quizá desde la muerte de Augusto Pinochet, en 2006, o del terremoto y tsunami de este año, tantos ojos habían estado puestos sobre esta larga y angosta faja de tierra.
Cuando el mandatario aún no asumía, llegó el violento sismo del 27 de febrero, que pareció hacer trizas al Chile libremercadista recién asociado a la OCDE, con crudas escenas que mostraron el país que muchos no querían ver.
Cientos de muertos y heridos por el terremoto obligaron a una unión nacional pocas veces vista, cuyos máximos símbolos fueron la famosa foto de la bandera chilena embarrada y la imagen de Piñera y la entonces presidenta, Michelle Bachelet, tomados de la mano después de reunir fondos para los damnificados en una colecta por TV.
Pero, como siempre, al poco tiempo Chile comenzó a olvidar sus heridas y las divisiones volvieron a primera escena. El gobierno, más preocupado de las encuestas, se enfrascaba en infructuosas discusiones con la oposición y, a ratos, parecía molestarse con la presencia de Bachelet, aún vista con extrema simpatía por la población.
Video: Piñera presente en la mina (TN)
Piñera no conseguía tener ese carisma. Su estilo ejecutivo, el del presidente todoterreno que el día del cambio de mando optó por subirse a un helicóptero para visitar la zona de un nuevo sismo, en vez de quedarse al almuerzo con los mandatarios invitados, era un plus que no conseguía ser comprendido por la ciudadanía.
Entonces volvieron las disputas, no conseguía levantar cabeza en las encuestas y la notable recuperación económica postsismo no era del todo reconocida por la población.
Momento decisivo
El día que ocurrió el accidente de los mineros, Piñera estaba en una gira por Colombia y Ecuador. Apenas le avisaron del suceso, sólo preguntó cuántos eran. Inmediatamente tomó una decisión que marcará su historia presidencial: involucrarse decididamente, y contra todas las opiniones de sus asesores, en una empresa que bien pudo terminar con el gobierno asumiendo una tragedia que ni siquiera era de su responsabilidad. Tuvo esperanza y fe, cuando nadie más lo hacía.
Tampoco escuchó a nadie, cuando le dijeron que no subiera a la mina el primer domingo de agosto, sólo horas después de que un intento de rescate fracasara estrepitosamente. Fueron horas duras, en las cuales dio la cara ante los familiares y, definitivamente, comprometió todo su empeño en una apuesta cada vez más dudosa.
Piñera puso a prueba todas sus capacidades, se asesoró con los mejores expertos, calculó todas las posibilidades de hallar a los mineros y delegó responsabilidades en el ministro menos popular de su gabinete, el titular de Minería, Laurence Golborne.
Apenas se enteró de que los trabajadores habían sido encontrados con vida, supo que tenía el derecho de ser quien anunciara oficialmente la feliz noticia. Surgieron las primeras críticas por el excesivo protagonismo que tomó, pero las encuestas lo premiaron con un alza en su aprobación por parte de la ciudadanía.
Chile tiene esa extraña particularidad de levantarse del piso en los momentos de desgracia, para luego desunirse cuando ésta se deja atrás. La historia así lo confirma. Pero esta vez la madurez del país ha sido puesta a prueba. Las implicancias sociales, laborales, políticas y espirituales que tendrá el accidente de la mina San José son tremendas.
Recién en el siglo XXI, por primera vez se toma conciencia sobre las duras condiciones en las cuales trabajan sus ciudadanos más desposeídos: el Chile que nadie quería ver -incluida la huelga de hambre de 34 mapuches- ha sido transmitido, en vivo y en directo, a todo el mundo.
También el accidente desnudó fallas de seguridad en una actividad vital para el país, que esta vez volvió a mostrarse unido, con la respetuosa tregua que ofreció la oposición.
En el campamento Esperanza, mientras tanto, más de algún periodista extranjero dice ver a Piñera con ojos de admiración. Las encuestas de opinión, como ha sido dicho, lo salvan también de un año bastante más complejo de lo que un mandatario puede esperar.
Volverá la desunión, qué duda cabe, pero el ejemplo dado por los mineros no se olvidará fácilmente.
Será, como dicen en la mina San José, que los rescatados no son 33, sino 34, y que el primero de ellos es, precisamente, el propio Sebastián Piñera.
CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER
Peronista, abogada y presidenta de la Nación Argentina
A través de su cuenta de Twitter, la Presidenta habló sobre el rescate de los 33 mineros y aprovechó para enviar un mensaje a los medios de comunicación y a la oposición argentinos
@CFKArgentina
Martes 12/ 22.04
Martes 12/ 22.03
"Volando a Chaco pensaba en los 33 ¿Orientales? Pero no?!!! Los 33 mineros chilenos"
Martes 12/ 22.03
"En la vida de cada uno, dejará huellas profundas. También certezas de milagros posibles"
Martes 12/ 22.03
"¿Cuál será más fuerte? No lo sé. Lo que sí sé es cómo trataron el tema los medios chilenos e internacionales, incluyendo los argentinos"
Martes 12/ 22.04
"Imagínate por un segundo si esa desgracia hubiera pasado aquí"
"Madre de Dios?!!! (Aníbal dixit) El Gobierno, responsable absoluto. ¿Te imaginás a TN? Organizando marchas a Plaza de Mayo"
Martes 12/ 22.05
"¿Y la oposición? Juicio político a CFK. De Vido, retiro de ciudadanía y deportación Qué la CN lo prohíbe? No importa. Medida cautelar y listo"
Martes 12/ 22.05
"Otra forma de comunicar e informar es posible: Respetuosa y racional sin agregar dolor al dolor o angustia a la angustia"




Comentá la nota