En los últimos meses, a medida que fue empeorando la situación económica y el país fue entrando en recesión, los dislates del Gobierno nacional fueron en aumento. Pero pocos imaginaban un espectáculo como el que ayer encabezó la presidenta Cristina Kirchner.
Pareciera que, para la señora Presidenta, un jefe de familia que cobra más de $ 8.000 es un acaudalado que no solamente se merece tener que pagar el impuesto a las Ganancias, sino también quedar fuera del cobro de las asignaciones familiares. Pero la realidad es que, producto de la inflación galopante, que es consecuencia de un sistema productivo arcaico que sólo se dedica a ensamblar lo que se produce en otros países, una familia tipo -tal como lo reflejó este diario- difícilmente pueda garantizarse un mínimo nivel de vida con menos de $ 10.000 mensuales.
Fue lamentable que, en este contexto, para pegarle a Scioli, la Presidenta se haya puesto ella misma como modelo de gestión y administración. La realidad es todo lo contrario, al punto que los muchachos de La Cámpora rompieron todos los récords: ya se gastaron todo el presupuesto anual asignado a Aerolíneas Argentinas, mientras al mismo tiempo saquean la caja de la Anses, condenan al 70% de los pasivos a sobrevivir con $ 1.600 y ponen en serio riesgo las jubilaciones futuras. Este mismo gobierno, a su vez, fomenta el trabajo esclavo y la evasión tributaria, al punto que hasta exporta el modelo establecido en la feria La Salada, cuyos representantes formaron parte de la última misión comercial a Angola.
Más lamentable aún fue el intento de la Presidenta de endilgarle los gendarmes muertos, en un accidente de tránsito, a los reclamos gremiales y luego utilizar eso como excusa para que haya zona liberada (ver página 4) durante la movilización que se realizará hoy a Plaza de Mayo. No contenta con ello, luego empezó a mencionar los sueldos de hambre que percibían cada uno de los gendarmes, cuando es ella, como máxima autoridad del Estado, la responsable de las paupérrimas condiciones salariales de las fuerzas de seguridad. En otras palabras, es la propia jefa de Estado la que está generando las condiciones para que haya caos y violencia.

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