Un concejal capitalino elaboró un proyecto para que el municipio cierre las propiedades desocupadas cuyos propietarios no se hagan cargo del mantenimiento, con el objetivo de desalentar que sean invadidas.
"El año pasado, con unos vecinos impedimos que un grupo de personas se metiera en una casa de calle Güemes. Cuando fui a declarar a la Unidad Fiscal, ahí nos enteramos de que quienes intentaban meterse ya habían estado pagando las tasas municipales y los impuestos", destacó el abogado Gianni Venier, quien justamente tiene su estudio en esa cuadra (comprendida entre San Martín y 9 de Julio).
La totalidad de los vecinos consultados por Los Andes en las zonas más críticas no dudan de que no se trata sólo de familias buscando dónde vivir, sino que consideran que detrás hay toda una inteligencia y estrategia judicial para quedarse con los dominios. "Se aprovechan de la gente que no tiene dónde vivir y la usan para que ocupe la casa mientras tanto", destacan.
Frente a este panorama, el concejal capitalino del PD Guillermo Mosso presentó hace dos semanas un proyecto de ordenanza para que la comuna de la Ciudad de Mendoza pueda tapiar viviendas que se encuentren deshabitadas y sus propietarios no se hagan cargo del mantenimiento.
La Quinta y Sexta Sección, junto a otras zonas residenciales de Capital, son los lugares en los que más preocupación genera esta situación.
"Todos los vecinos sabemos lo que pasa acá. Cada semana llamamos a la policía porque esta casa estaba vacía y desde hace algunos meses se ha metido toda una familia. No sabemos quiénes son sus dueños originales, no los hemos podido contactar, pero así no podemos seguir. Hace un mes la policía encontró a uno de los chicos que vive acá cuando estaba entrando a la casa con un televisor robado", destacó una vecina de calle Luzuriaga, entre Huarpes y Paso de los Andes, quien pidió no ser identificada en la nota.
En la misma sintonía, otro hombre de la zona destacó que le es "imposible vivir tranquilo, porque ya conocen todos nuestros movimientos".
En la Sexta Sección, algunos pobladores también reconocen estar intranquilos por estos episodios. Al menos así lo viven los vecinos de Aristóbulo del Valle al 300, quienes también prefieren no ser "escrachados" con sus nombres y apellidos. "La casa es la que está al lado del taller. Fue usurpada hace más de 2 años y los vecinos tienen muchos problemas de seguridad. Si bien se ordenó el desalojo, el proceso judicial está parado", destacó Mosso.
Inteligencia judicial
Una toma frustrada en una casa de calle Güemes, a la vuelta del Colegio Universitario Central, fue lo que ha llevado a los vecinos y al propio concejal a creer en la existencia de una red de abogados que busca lucrar con esto, al mejor estilo de los 'caranchos' en los accidentes de tránsito.
"Es una casa que está al lado del local Manso Pancho. El dueño murió hace un tiempo y la compró otra gente que no vive en el lugar, está desocupada hace dos años. El año pasado yo estaba en mi estudio y sentí ruidos extraños, por lo que salí a la calle y me encontré con unos hombres que estaban cambiando la cerradura de la puerta de esa casa. Habían roto la vieja cerradura y estaban poniendo otra", indicó Venier.
Fue el año pasado y los propios vecinos impidieron la usurpación de la casa, que aún permanece con una chapa metálica tapando la puerta. Tal como titula Eduardo Sacheri uno de sus memorables cuentos, "lo raro empezó después". Al momento de ir a declarar por esa situación anormal, más precisamente.
"Ahí nos enteramos de que alguien, que no era el dueño claramente, había estado pagando todos los impuestos que llegaban a esa casa, sin que siquiera estén a su nombre. Lo que hacen es meter a una familia en la casa, jugando con su desesperación y dándoles un techo para que vivan hasta que puedan quedarse con la casa. No hay dudas de que no son sólo las familias que usurpan las que están detrás de esto", sostuvo Venier.
El proyecto
Según destaca Mosso en los fundamentos de su proyecto, de acuerdo a las estadísticas del censo 2010, en la Ciudad de Mendoza hay 51.482 viviendas, que representan el 9,55% del total de la provincia (539.271 viviendas). "De esas viviendas hay 14.442 que están deshabitadas, o sea un 28,05%.
Es un número muy alto, que duplica el total provincial (14,56%), aunque esto no significa que estén abandonadas, ya que muchas estaban deshabitadas en el momento de la toma del censo", agregó el edil en diálogo con Los Andes, quien insistió desde el principio con "una especie de inteligencia de abogados, de ingeniería jurídica que está detrás de esto".
No son precisamente casas abandonadas que se están viniendo abajo, sino que se trata de viviendas que están habitables, pero que por problemas de sucesión o porque sus dueños son ancianos que ya no viven en el lugar, están desocupadas.
"Lo que propone el proyecto es ampliar el programa que tiene la Municipalidad para cerrar baldíos, y que se haga extensivo a este tipo de propiedades, para evitar ocupación ilegal", destacó Mosso.
La idea no es que el tapiado se haga en una primera instancia, sino que sería recién el último recurso ante la falta de una alternativa de situación.
A pesar de los intentos, resultó imposible contar con la opinión del Ejecutivo sobre este tema.
Mosso continuó: "Habría un procedimiento previo. El inicio está en la denuncia de los vecinos referida a una propiedad deshabitada. Ahí la comuna, por medio de los propios vecinos serían los encargados de intentar dar con el dueño de la casa para que le dé una solución. Esta puede ser desde irse a vivir al lugar hasta pedirle a alguien que lo haga o, simplemente, se encargue de cuidarla a diario."
"En caso de que no se pueda dar con el dueño o éste se muestre desinteresado en hacer algo para que evitar posibles usurpaciones, ahí será la Municipalidad la que deberá actuar haciendo el tapiado de puertas y ventanas con ladrillos, para evitar que cualquier persona pueda meterse", destacó el concejal, poniendo como ejemplo lo que la propia comuna hizo con una casa que se encuentra en la esquina de Paso de los Andes y Joaquín V. González e indicando que es muy común que la gente intente usurpar algunas casas de la calle Boulogne Sur Mer.
Ese lugar fue ocupado varias veces, hasta que finalmente se cerró todo con una pared de ladrillos.
"Creo que, de aprobarse, daría una sensación de seguridad al menos, el mensaje de que no se puede ocupar cualquier casa sería bien claro", sentenció.
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