Por ahora, sólo rumores. Pero reflejan la grave preocupación de la presidenta Cristina Fernández, por la crisis política en Río Negro, a raíz de la ruptura de la sociedad entre Alberto Weretilneck y Miguel Pichetto.
"Miguel le abrió a Weretilneck todas las puertas de la administración central y el mandatario no sólo dejó de hablarle, sino que se volcó a un sector del radicalismo", se salió en defensa del legislador desde un estratégico ministerio, donde se hizo notar cierto "desencanto" por la actitud del dirigente del Frente Grande.
Sin embargo, las fuentes consultadas por este diario aseguraron que la presidenta no tiene intención de involucrarse en ese nivel de contienda. "No le gusta esa pelea y no quiere intervenir personalmente. Le encomendó a (Juan Manuel) Abal Medina que amortigüe tensiones", señalaron. Por eso se le reclamaría al gobernador que "haga una lectura correcta" de la situación y no produzca cambios sustanciales que lo alejen del "proyecto".
Con oficinas en el primer piso de la sede de Balcarce 50, Juan Carlos Mazzón teje y desteje para que el quiebre sea menos estridente. A él le llegan reproches cruzados. De Weretilneck le dijeron que "se cortó solo" y que recibe adhesiones de radicales.
Exponentes del Frente Grande aclararon que la reestructuración en estudio contempla no sólo a representantes del PJ tradicional, sino de "La Cámpora" y del Movimiento Evita, dos mimados del espectro K.
Hasta aquí, Pichetto venía obrando como "facilitador" de las tareas del gobernador en áreas ejecutivas y económicas de Nación. Si se opaca ese nexo fundamental ¿tendrá Weretilneck otro soporte para entenderse con el cristinismo? En principio, mientras el senador dejó trascender que tratará de ir por un nuevo mandato en 2013, el mandatario estaría buscando acercarle a Cristina fórmulas tranquilizadoras de gestión, a través del vicepresidente Amado Boudou, quien tiene su despacho muy cerca de Pichetto.





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