Por defender a una condenada a muerte
"Prostitutas francesas entre los defensores de los derechos humanos", había titulado en su portada el periódico ultraconservador iraní Kayhan el sábado pasado.
Comentando ese artículo, en www.inn.ir -sitio en Internet del grupo de prensa gubernamental de Irán- se afirmó ayer que "los antecedentes [de Carla Bruni] muestran claramente por qué esa mujer inmoral manifestó su apoyo a otra mujer condenada por haber cometido adulterios y fue cómplice del asesinato de su marido".
La televisión estatal iraní no se quedó atrás y también condenó la actitud de la primera dama, insistiendo en "la inmoralidad de esa actriz y cantante depravada". Los mismos insultos se hicieron extensivos a la actriz francesa Isabelle Adjani.
La violenta reacción del régimen iraní se produce poco después de que Carla Bruni publicara una carta abierta en apoyo a esa madre de familia condenada a ser lapidada por adulterio: "Debe saber que mi esposo defenderá su caso sin descanso y que Francia no la abandonará", había afirmado la ex cantante en ese texto.
"Derramar su sangre, privar a sus hijos de una madre, pero ¿por qué? ¿Por haber vivido, por haber amado, porque es usted una mujer, una iraní? Todo en mí se niega a aceptarlo", escribió Bruni.
Haciéndose eco del mensaje de su mujer, Nicolas Sarkozy condenó el miércoles ante el cuerpo diplomático francés "el uso masivo de las ejecuciones capitales en Irán, incluida la forma más odiosa, la lapidación, que amenaza a Sakineh Mohammadi".
De 43 años y madre de dos niños, Sakineh Mohammadi Ashtiani espera un milagro en el corredor de la muerte de la prisión de Tabriz. En mayo de 2006, fue hallada culpable de adulterio por haber tenido "una relación ilegal" con dos hombres después de la muerte de su marido. Sakineh fue entonces sometida a un primer castigo: 99 latigazos ante uno de sus hijos.
Pero esa mortificación no bastó. En 2007, la Corte Suprema confirmó su condena a muerte después de haber sido obligada a admitir su crimen antes de retractarse. De origen azerí, la mujer no habla persa, de modo que fue incapaz de defenderse sin intérprete durante los juicios.
El Palacio del Elíseo, sede de la presidencia francesa, aún no ha reaccionado a los insultos proferidos contra la primera dama.

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