Jerusalén convertido en un polvorín, la relación con Estados Unidos bajo mínimos y la coalición de gobierno al borde la ruptura: sin duda, Benjamin Netanyahu tenía otros planes para su primer año de mandato cuando a fines de marzo de 2009 volvió a asumir la jefatura de gobierno en Israel. Los roces con sus principales aliados, Estados Unidos y Alemania, no quedaron sin consecuencias en Israel. Ahora todos tironean del primer ministro... aunque en direcciones diferentes.
"Israel espera de la comunidad internacional un acercamiento objetivo y constructivo", reclamó el ministro de Exteriores Avigdor Lieberman en una conversación telefónica con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Según el jefe de la diplomacia israelí, conocido por sus formas un tanto ásperas, desde el exterior no se valoraron lo suficiente decisiones como la de suspender diez meses la construcción en asentamientos de Cisjordania. También Netanyahu se defendió en el Parlamento. Ningún gobierno de Israel de las últimas cuatro décadas aceptó limitar las construcciones en Jerusalén, aseguró. "Hoy, casi la mitad de la población judía de Jerusalén vive en esos barrios".
Lula con el retrato de Arafat como fondo
Después de recorrer el Museo del Holocausto de Jerusalén, Luiz Inácio Lula da Silva se convirtió en el primer jefe de Estado brasileño en visitar la Autoridad Nacional Palestina al viajar a la ciudad de Belén. La decisión presidencial de rendir tributo a Arafat y no al fundador del sionismo, Teodoro Herzl, enterrado en Jerusalén, generó polémica. El canciller israelí, el ultraderechista Avigdor Lieberman, se ausentó en el discurso de Lula ante el Parlamento israelí.



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