En Semana Santa, el precio del pescado es tema de conversación. Los minoristas aseguran que el margen de ganancia es poco, aunque remarcan entre un 35 y 40 %. Mientras tanto los empresarios del sector hablan de casi el doble. La necesidad de una política de Estado para incentivar el consumo interno.
Los que compran, pero sobre todo los que venden, confiesan estar preocupados; se muestran quejosos. Dicen que “nada, y menos el pescado, es lo que antes”. Están convencidos, y así lo cuentan, de que ni el precio ni la mercadería de estos tiempos guardan relación con lo que décadas atrás ellos mismos degustaron o comercializaban.
Sin embargo, esa escena que pareciera calcar las instantáneas de almacenes y panaderías, sin duda que emblemáticos epicentros de las broncas sociales por los elevados costos de vida, está diciéndonos algo más. Está contándonos, por ejemplo, que el kilo de cualquiera de las especies más consumidas por los argentinos se comercializa a valores menores en el mercado externo que en el mercado interno.
Para ser más precisos: un kilo de merluza cruza El Atlántico a unos $13, mientras que a esa misma especie, en territorio nacional, las empresas la venden al minorista a unos $16 o $20, dependiendo del punto geográfico al que esa mercadería sea trasladada. Lo mismo sucede con el calamar entero: para afuera, $12 y para adentro, no menos de $15. Y las diferencias económicas no acaban cuando lo que se comercializa es langostino de buena calidad: al exterior, a $24, y a las pescarías argentinas, a un mínimo de $30.
La desventaja para los consumidores argentinos no encuentra tope en estas distancias monetarias. Según pudo saber REVISTA PUERTO, que para sacar estimaciones recorrió comercios minoristas, habló con empresarios y tuvo en cuenta el informe de coyuntura del mes de febrero del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca sobre desembarques, capturas y exportaciones, las remarcaciones que las pescaderías imprimen sobre estos productos son bastante más considerables de lo esperado o de lo que ellos mismos informaron: los dueños de las pescaderías aseguran que su ganancia es del 40% en el fresco y del 35% en el congelado.
Pero las pizarras de esos locales minoristas indican que al kilo de merluza se lo puede conseguir a $28 o $30, y al calamar entero, a unos $26 o $28. A la corvina entera a $12 o $14, y si llega al consumidor en filet, a $24. Al abadejo se lo encontrará a $50 y a la pescadilla, alrededor de los $25. El langostino pelado y crudo, de gran tamaño, se está vendiendo a un mínimo de $100. Si se quieren abaratar costos, también se puede comprar esta especie entre los $45 y los $60, sin cabeza y más pequeño. El calamar entero cuesta $26 o $28 y el tubo promedia los $60. Para los paladares más exigentes, la vieira: nunca más barata de los $100 o $120.
Pese a que a la vista está que la remarcación minorista, por los motivos que sea que la justifiquen, es elevada (en algunos casos llega justo al doble), los comerciantes se quejan por “ser los objetos de resonancia de todas las problemáticas de los empresarios”. “Un día aumentan por el tema de los gremios, otro día porque no hay recursos, y después vienen con que los camioneros no les trasladan los productos. Siempre tienen un motivo que nosotros tenemos que acatar y por el cual tenemos que poner la cara con la gente”, se queja Martín, de la pescadería Pingüino II, de Castelli y La Rioja.
Por su parte un empleado de la pescadería de Jujuy y Belgrano, que prefirió no dar su nombre, dijo que “lo que se remarca es poco”. “De hecho, por ese tema es que siempre decimos que Semana Santa termina siendo un estorbo, porque atendés muchísima gente y la diferencia que hacés es mínima, en virtud de todo lo que apostás”, aseguró el joven, contradiciendo algunas cifras.
En consonancia, ambos comerciantes dijeron temer porque en las próximas horas haya un sorpresivo aumento de precios que haga elevar, por lógica, el monto de venta al consumidor. “Lo peor es que es muy factible”, adelantó Martín
Para conocer e interpretar algunos de los motivos que despertarían estas diferencias económicas entre mercado interno e externo, Ciro D´Antonio, referente de la Cámara de Frigoríficos Exportadores (Cafrexport), ensayó argumentaciones que dan sentido o al menos explican por qué se vende, lo que se pesca y produce acá, a menor costo afuera que adentro.
En resumen, el empresario apuntó sobre “la posibilidad en el mercado interno de amortizar costos que, cuando se exporta, son prefijados por los índices de valores internacionales que te quitan capacidad de decisión sobre los precios”. Pero también hizo mención a no tener que cargar con el 21% de IVA que se cobra y debe pagar en el territorio nacional.
“Básicamente, a la diferencia la explica que el mercado interno tiene la posibilidad de amortizar los costos de la producción. En cambio, nosotros en la exportación vemos como esos costos, de no llegar a cubrirlos por no poder aumentar los valores, se convierten en pérdida. Nosotros estamos atravesados por los índices internacionales”, explicó D´Antonio, responsable de frigorífico Sud Este. A este punto, el empresario agregó: “Por no poder determinar los valores, es que estamos diciendo que estamos desgastados. El mercado interno tiene esa posibilidad”.
Sobre por qué cree que no se fomenta el consumo interno, siendo que los mercados internaciones quedaron muy golpeados por la crisis económica europea, D´Antonio consideró: “Hace años que no hay campañas de promoción. Y ese es un grave problema. De hecho, y siendo que es más barato que la carne, es muy bajo el índice de consumo de pescado por persona. También creo que para fomentar el consumo interno habría que generar una política pública más considerada con el sector”.
Por último, y a contramano de los dichos de los comerciantes, el referente de Cafrexport aclaró que “la venta minorista es la que mayor valor le remarca al producto”, desde el momento de la pesca, la producción, la distribución y la llegada a la mesa, ya sea por Semana Santa o para mantener una dieta saludable.
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