Así explica Eduardo García de las Longas, gerente de sustentabilidad de Cerro Vanguardia. Dijo que la “ecuación (tributaria) es buena” mientras el precio se mantenga.
Es sólo un ejemplo del desarrollo del sector en el país, que comenzó en los 90 con la ley de estabilidad fiscal y se acelera ahora con el alto precio de los metales y la ávida demanda China, que necesita estos productos para su crecimiento. Se explora más, se extrae más y se gana más. Sin embargo, algo inquieta a las empresas: la alta carga fiscal, que recorta sus ingresos y que torna al país menos atractivo a la hora de recibir inversiones.
La presión tributaria en el país, para márgenes operativos de 50 % en bullion doré (lingote de dos kilos de oro y 20 de plata), es de 44 %, mientras que en Chile es de 42 %, y en Perú, de 43 por ciento. Si el análisis se hace sobre márgenes operativos de 20 %, el peso de los impuestos es de 58, 40 y 41 %, en cada país.
Puesto en cifras, en 2010 la minería aportó al fisco $ 5600 millones (8 % de lo que ingresa por retenciones a la soja). Luego de la coparticipación, quedan para Nación y provincias un 58 y 52 % de esos fondos, respectivamente. Entre los principales impuestos están Ganancias (35 %), retenciones (5 y 10 %) y regalías (3 %). A eso hay que sumar otros fondos para las comunidades.
En la distribución de la inversión minera en América latina, región que en 2010 captó 27 % de los US$ 11.200 millones destinados a exploración en el mundo. En el reparto, la Argentina está en el quinto lugar, con 7 %, detrás de México (25 %), Perú (20 %), Chile (13 %) y Brasil (12 %), y delante de Colombia (6 %), Ecuador (3 %), Bolivia (1 %) y Venezuela (1 %).
Pero es claro que aun así, la excelente cotización del oro, que se cuadruplicó en los últimos cuatro años y que llega a US$ 1617 por onza, es negocio para las empresas. Tanto es así que Cerro Vanguardia comenzará a aprovechar hasta las piedras de baja ley, que contienen menos de seis gramos por cada tonelada de roca. Esta extracción, que se hace con el método de “lixiviación por pila”.
Esto es así porque mientras que en los otros países de la región se gravan las utilidades netas, aquí se lo hace sobre las ventas brutas, lo que vuelve a las empresas más dependientes de la volatilidad del precio de los metales. “Hoy la ecuación es buena, pero si el precio del oro bajara a la mitad, algo que no manejamos, esta mina dejaría de ser viable”, explica Eduardo García de las Longas, gerente de sustentabilidad de Cerro Vanguardia.
Pero eso ni se piensa hoy en esta rocosa Patagonia, donde la firma tiene 24 pits (cráteres a cielo abierto de donde hace la extracción) y una mina subterránea, que inició en 2009, con la idea de que gane participación y se convierta en su mayor proveedora de metal precioso. Con 1084 empleados, US$ 325 millones de facturación anual y una rentabilidad de entre 10 y 15 %, Cerro Vanguardia descubrió reservas por dos millones de onzas de oro y 50 millones de onzas de plata, que alargan su vida útil hasta 2023.
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