Por Jorge FontevecchiaPara sus críticos, al radicalismo se aplica la diferencia que realizan algunos filósofos entre existencia y subsistencia.
Al revés, Macri creyó encontrar la piedra Rosetta al liderar la votación en contra pero en el fondo cayó en la misma contradicción de forma que la UCR: parece que vota una cosa pero sostiene otra. En el caso de Macri, al decir que mantendría YPF estatal si llegara a la presidencia.
Tanto el PRO como la UCR están en un dilema. El dilema de la oposición dividida que la reestatización de YPF mostró sin velos.
Un Gobierno que en las elecciones presidenciales se lleva más o menos la mitad de los votos y deja una oposición partida termina siendo invencible. Menem en los 90 había logrado algo parecido pero la división de aquella oposición no era insalvable porque casi toda se agrupaba en la centroizquierda. Era más fácil juntar a Chacho Alvarez con Rául Alfonsín. Ahora, al ubicarse el peronismo gobernante en la centroizquierda, el peronismo no oficialista que queda es el de centroderecha, incompatible con un radicalismo que tiene una tendencia socialdemócrata. El acuerdo entre De Narváez y Alfonsín en la provincia de Buenos Aires en las últimas elecciones demostró que el principio de cohesión no funciona en esa química.
Macri solo, con su caudal de votos naturales, no podría superar hoy al kirchnerismo. Lo mismo y peor le pasa al radicalismo, aun sumando al panradicalismo del Frente Progresista de Binner.
La fuerza del kirchnerismo reside tanto en sus capacidades como en la imposibilidad de la oposición de juntarse sin que parezca un rejunte. Al revés, ésa es la gran fortaleza de Scioli que, al no tener los más mínimos atributos ideológicos, tanto puede ser “YPF sí” como “YPF no”, y se posiciona en un sector más amplio que el PRO y la UCR porque podrían votar por él quienes hayan votado por Macri o por Alfonsín pero también una parte de quienes votaron por Cristina Kirchner. El dilema de Scioli no es electoral, sino llegar vivo a 2015.
Una parte considerable de quienes votan al PRO en la Ciudad y en la provincia de Buenos Aires podría ser votante natural del radicalismo. La UCR siempre tuvo un ala de centroderecha. El problema es que la imagen excesivamente asociada al mundo del dinero y del placer de Macri genera prejuicios, más allá de lo justos o injustos que sean. Y se suma el altísimo perfil de Macri como figura pública, que irradia lo que lo rodea de tal forma que hace imposible disimular las contradicciones.
Es probable que hubiera más simpatizantes –aunque fueran tibios– del radicalismo entre los votantes de Macri que entre los de De Narváez. En parte por los esfuerzos que Durán Barba realizó por desperonizar al PRO. Pero por lo que su nombre y su marca representan en el subconsciente de una parte de la clase media progresista, Macri no resulta muy adecuado para fusiones con la UCR, el Frente Progresista o el socialismo.
En un teórico escenario donde Macri abandonara la política, buena parte de los dirigentes y los votantes del PRO se podría sumar al radicalismo. Pero si el radicalismo desapareciera, la mayoría de los votantes de la UCR difícilmente se orientaría al PRO.
Este dilema actual de la oposición es el mismo que el de hace unos años, cuando la irreconciliable unión era entre Carrió y Duhalde mientras ellos representaron la mayoría de la oposición.
En esta continuación del problema se transparenta su génesis. Algo se explica cuando se eleva un evento a categoría de ley. En este caso, que la oposición repetidamente pierde porque está dividida en derecha e izquierda. No lo resolverán juntándose, como ya quedó demostrado, sino, quizás, con el surgimiento de nuevos actores de centro.



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