Zoo porteño: polémica prórroga

El gobierno porteño pospuso para el 20 de julio la subasta. El Zoológico de Buenos Aires concentra la mayor cantidad de monumentos históricos de la Ciudad y fue una institución científica modelo. Después de dos décadas de gestión privada perdió numerosas especies y está en ruinas. Será subastado sin control legislativo.
El gobierno porteño pospuso para el 20 de julio próximo la subasta del Zoológico de Buenos Aires, prevista para el 29 de junio. El legislador Adrián Camps (Partido Socialista Auténtico), se refirió a los pliegos para la subasta y aseguró: "Se invierten las prioridades. De sus 525 páginas sólo siete se refieren, en términos genéricos, a los animales. Mientras el 85% de las inversiones deben destinarse a la refacción de edificios e infraestructura; sólo el 15% va a cuestiones educativas y científicas y el 0% a la modernización. Así, el viejo zoológico copiado de los modelos de la Reina Victoria, con sus jaulas, sus rejas y el pabellón de las fieras continuará inmutable en el siglo XXI".

"Si bien el pliego pide conservar algunos programas que actualmente se desarrollan, como el Proyecto Arca -preservación de material genético de especies en peligro de extensión- y el proyecto Cóndor Andino, nada dice sobre otras actividades que el zoológico mantiene con la comunidad como el programa para los chicos internados en el Hospital Tobar García o las visitas guiadas para hipoacúsicos y no videntes", afirmó Camps.

Según el legislador, existe por parte del Gobierno porteño "una falta absoluta de voluntad democrática: cero debate acerca de qué zoológico queremos y quién lo debe administrar; cero participación de la Legislatura, de la Comuna de Palermo, de las ONG's y de los ciudadanos. Remate al mejor postor y punto".

El sueño de Madagascar vendido al mejor postor

Un martillito decidirá, en subasta pública, qué empresa explotará por cinco años el Jardín Zoológico. Explotación, a la luz de la experiencia de toda la gestión privada, debe entenderse en su acepción más destructiva. Que la concesión sea sólo por un lustro no es azaroso: así el Ejecutivo elude olímpicamente someter los pliegos a la Legislatura. La empresa que hoy gestiona el predio, Zoológico de Buenos Aires SA, trabaja desde el 1 de febrero de 2011 con la licencia y la prórroga -otorgada de forma irregular- totalmente vencidas.

Para postular a una de las joyas mayores de la Ciudad, los interesados han comprado un pliego de 10.000 pesos. El canon base de la subasta es de $143.500, un monto inferior al que paga por mes Zoológico de Buenos Aires SA al gobierno local por el 10 por ciento del valor de las entradas. Para brindar condiciones tan ventajosas, el macrismo debió ignorar quejas de legisladores, científicos, vecinos y ONG que dijeron que dejar librada la suerte de la institución al mejor postor era, cuanto menos, un despropósito. El parque factura 2,5 millones de pesos por mes.

Los postulantes conocidos son la actual operadora, integrada por ex socios del grupo mexicano CIE; Zoo-Botánico 2000, el primer grupo privado que ingresó en el parque en 1990, y la Fundación Félix de Azara que dirige Adrián Giacchino, experto en fondos de inversión para green businesses y emprendimientos ecoturísticos. Azara se presentaría con Sociedad Comercial del Plata, cuyos principales activos son el Nuevo Tren y el Parque de la Costa -ambos, junto con la empresa Boldt- y una parte de la petrolera CGC. Otro aspirante es Fenix Entertainment Group, productora de megaeventos que dejó trascender que organizaría "shows musicales temáticos relacionados con la naturaleza". Ay Dió.

Aunque la base es misérrima, no es poco lo que está en juego. El Zoológico encierra dos patrimonios de difícil valuación: por un lado, el faunístico. Por el otro, 52 edificios que conforman el grupo escultórico y arquitectónico más importante de la Ciudad Autónoma. El conjunto fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1997.

Tesoros descascarados

El Zoológico ocupa 18 hectáreas -la mitad de Puerto Madero- en Palermo. Fue creado en 1875 por Domingo Faustino Sarmiento en una fracción de los jardines de Juan Manuel de Rosas, un precursor que tenía su propia colección de animales autóctonos: llamas, alpacas, maras, vizcachas, zorros, pumas, ñandúes, yaguaretés, monos, aves y reptiles. Comenzó con 53 especies de diferentes partes del mundo, unos 650 animales. Hasta entonces, como bien señala un documento de la Auditoría General de la Ciudad, los porteños conocían la mayoría sólo por fotos y grabados.

En 1888, el predio fue transferido a la Municipalidad y Eduardo Holmberg, uno de los grandes naturalistas del país, se convirtió en el director. Una comisión, integrada entre otros por Florentino Ameghino, proyectó jardines, lagos y avenidas, y creó un centro de investigación en ciencias biológicas que alcanzó renombre internacional.

Holmberg, a tono con el espíritu de la época, que realzaba la importancia de la educación de los visitantes más que su mero divertimento, decidió que los edificios que habitaran los animales debían reflejar la arquitectura de la región de donde provenían. Por eso las construcciones de estilo chino, hindú, morisco y grecorromano. Holmberg renunció en 1903, después de que el presidente Julio A. Roca, se permitió recorrer el parque en carruaje. Dispuesto a un segundo paseo, Roca se encontró la entrada bloqueada por un molinete y un gran cartel: "El Jardín Zoológico es un paseo público, y como tal no ha sido formado para solaz de los funcionarios públicos".

Para entonces, el Zoo tenía también un teatro de títeres y ofrecía paseos en pony, elefantes y camellos, en pequeños tranvías y en un trencito que recorría las 18 hectáreas del predio. La institución fue enriqueciendo su acervo, se creó el Instituto de Biología, la hoy saqueada Biblioteca, que llegó a sumar 13.000 volúmenes.

En 1944, otro director, el naturalista Adolfo Holmberg, flexibilizó el modelo de zoológico victoriano e impulsó la supresión de las jaulas, procurando que los animales "estuviera en semicautiverio, separados del público por zanjas y fosas".

El desmadre

Por décadas, el Zoológico fue considerado una institución modelo con logros notables: fue la cuna del primer elefante asiático en cautiverio del mundo. Pero no escapó ni al abandono de las instituciones públicas ni a las políticas privatizadoras. En 1989, el presidente Carlos Menem designó a su amigo y empresario de espectáculos Gerardo Sofovich como coordinador. Un año después Zoo-Botánico 2000, que tenía a los Sofovich como accionistas mayoritarios, logró una licitación por 20 años. Más tarde vendieron sus acciones a Daniel Grinbank y al grupo mexicano CIE (Corporación Interamericana de Entretenimientos). Un formato que ni los Holmberg ni Ameghino hubieran imaginado jamás.

A pesar de que la licitación lo impedía, "el concesionario transfirió su paquete accionario en al menos cuatro oportunidades y modificó la composición de su capital y cambios en el contrato social sin autorización", según consta en un informe de la Auditoría General de la Ciudad (Agcba) en 2008.

Cuando se concesionó por primera vez, el Zoológico no tenía estatus de Monumento Histórico. Sin embargo, la licitación lo catalogó "uno de los patrimonios culturales e históricos más valiosos de la Ciudad" y obligaba a la adjudicataria a mantenerlo en condiciones. El informe de Auditoría lamenta la "inactividad de la Administración frente a los incumplimientos contractuales y legales" de la concesionaria. Efectivamente, Sofovich y sus sucesores produjeron "alteraciones, modificaciones y exclusiones", que precipitaron el grave deterioro cuando no la destrucción total del patrimonio. La Casa de los Felinos (1900), el Templo Hindú para los cebúes (1903), el Monario Azul y el Árabe (1899), el Templo Indostánico (1901), la Biblioteca (1901), la Pajarera Argentina (1903), el Serpentario (1901), la Pumera (1926), entre otros, son los monumentos deteriorados que detalla el minucioso inventario del médico veterinario Juan Carlos Sassaroli en su libro Lesa naturaleza (2002).

La descripción del daño es impresionante. La Casa de las Fieras, de estilo renacentista, tenía una superficie de 750 m2 con un sótano de las mismas dimensiones. Pero el sótano estuvo muchos años bajo agua, lo que degradó los cimientos y obligó a apuntalar los pisos por peligro de derrumbe. Ocupaba el lugar donde hoy está el Zoo Mágico. La demolición más importante, fue la de los invernáculos para reptiles, el primer serpentario de la Argentina. Los túneles fueron rellenados y en la superficie construyeron la granja del zoológico. El Templo de Vesta, un edificio circular con 16 columnas corintianas, se construyó en 1909. Era el salón de lactancia. Hoy es depósito de los puestos comerciales. Las Ruinas Bizantinas de piedra calcárea y mármol, emplazadas en el islote del Lago Darwin donde están los flamencos, son antiquísimas. Están devastadas, con las columnas rotas, lo mismo que una fuente ubicada en el medio. La estructura está corroída por el óxido.

El Templo Hindú, construido en 1902 para los elefantes, es uno de los diez inmuebles que el gobierno porteño restauró en los últimos tres años. Pero las molduras están deterioradas y la humedad dejó expuestos ladrillos. La concesión revistió los pisos del templo con cemento y eliminó el de madera, apropiado para los elefantes. Es como obligar a un caballo a caminar sobre el asfalto sin herraduras, dicen los expertos. La Auditoría también destacó que la concesionaria muchas veces empleó restauradores no calificados para esa tarea.

La Comisión de Control que debía conformarse en la Legislatura se creó 18 años después, en 2007. Pero nunca se reunió.

Los animales

Respecto del patrimonio faunístico, la Auditoría solicitó vanamente un listado de las incorporaciones de animales. El informe concluye que hacia 2008 se habían perdido el 55 por ciento de las especies de aves y el 25 por ciento de mamíferos previos a la concesión. La información que la empresa brindó es otra: señalan un incremento de 73 especies y 655 ejemplares, respectivamente. La estadística oficial no se sustenta en ningún documento al que Diario Z haya podido acceder.

El veterinario Juan Carlos Sassaroli, que trabajó en la institución, tiene otra opinión. Denunció que las necropsias eran falseadas para ocultar las razones de la muerte de los animales aunque "son la base de la medicina preventiva. Si se desconoce la causa que origina la muerte es imposible implementar medidas para revertirlo", explicó.

Los auditores compararon el Libro de Necropsias con el inventario de bajas presentado por la empresa. El 25 por ciento de las bajas no aparecen en el libro de necropsias.

Algunas de las muertes más destacables entre los años 90 y el 2000, publicadas en Lesa naturaleza son la del cocodrilo del Nilo, neumonía a frigori; la del aguará guazú, edema de pulmón en captura; la del rinoceronte negro cólico por exceso de ingestión de galletitas; la del mataco bola, por frío; la de un elefante asiático de 51 años, edema pulmonar, aterosclerosis aórtica, focos supurativos en el riñón, licuefacción de falange. Un bisonte murió por mala praxis y la hiena rayada por sobredosis de tranquilizantes. Sassaroli asegura que la mortalidad supera ampliamente la adquisición de animales.

En febrero de 2011, Claudio Bertonatti fue designado director del Zoológico. Conservacionista y museólogo, ex director de la Reserva Ecológica Costanera Sur y miembro de la Fundación Vida Silvestre Argentina, Bertonatti es respetado por sus colegas. El científico explicó a Diario Z que "estamos trabajando para mejorar el lugar. Hay mucho por hacer pero ya lo estamos haciendo". Y ofreció ejemplos: "El espacio del oso polar, por ejemplo, el visitante puede quedarse a mirarlo desde tres alturas y antes estaba reducido a un espacio mínimo. La zona de los leones también mejoró mucho. Ya no están encerrados".

Respecto de la restauración patrimonial, Bertonatti señaló que la tarea "tiene que conjugarse en un zoológico, no en un parque temático de edificios antiguos". En su opinión, el gerenciamiento debería ser estatal o mixto: "Pienso en una cogestión, no en la delegación de la responsabilidad de tu patrimonio histórico a un privado", explicó. "Todo zoológico tiene cuatro objetivos, según la estrategia mundial para la conservación: la recreación, la educación ambiental, la conservación de especies y la investigación científica. No es un objetivo propio de un zoológico restaurar patrimonio arquitectónico".

Algo parecido opina la Comisión de Protección y Uso del Espacio Público de la Legislatura. Hugo López Tanco, su director, dijo que los pliegos deben ser modificados "porque plantean con la misma importancia el cuidado de los monumentos históricos y el de la fauna. Y creemos que debe tener mayor jerarquía, más peso, la cuestión ambiental porque estamos hablando de un zoológico cuya principal función es del orden ambiental y científico, no histórico. El sesgo edilicio está muy bien pero debe hacerse más hincapié en el cuidado, la conservación y la reproducción". En el caso de que el Ejecutivo atienda las inquietudes, tendría que "poner en pausa la subasta actual y llamar a una nueva", dice López Tanco.

Parece una queja tardía. Ni los legisladores ni la Comuna 14 tomaron parte en la elaboración de los pliegos. Adrián Camps, del Partido Socialista Auténtico, y los kirchneristas Francisco "Tito" Nenna y María José Lubertino pidieron inútilmente informes al Ejecutivo. "Si se venció el contrato, como ocurre con cualquier propiedad que uno alquila, la empresa tiene que devolverle las llaves al propietario, al gobierno porteño", dijo Camps.

"De cualquier modo -explicó Camps-, para que el Zoológico vuelva a ser concesionado, el Gobierno necesita que la Legislatura modifique la Ordenanza 46.229 de 1993", que prohíbe la renovación de "las concesiones y permisos de uso vigentes". El macrismo ya pidió una excepción en 2009, para licitar el Jardín Japonés.

Silvia Imas, directora general de Concesiones porteña, defendió la subasta. "Les exigimos a las empresas que tengan un mínimo de tres años en gestión de parques zoológicos y que en los primeros dos años restauren ocho edificios y digitalicen la Biblioteca", dijo a Diario Z. Para garantizar el control dijo que se formará una comisión integrada por Planeamiento Urbano, la Agencia de Protección Ambiental (APRA), Patrimonio Histórico y el Instituto Pasteur. Respecto de si los actuales licenciatarios recibirán alguna sanción, Imas respondió con un eslogan: "No miramos para atrás, miramos para adelante".

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