Por Daniel Fernández CanedoEl Banco Central vendió ayer US$ 150 millones para abastecer al mercado y evitar alguna suba del dólar.
Algunos maliciosos intentaron leer que en el mercado cambiario había más demanda después de que la presidenta Cristina Kirchner le sugiriese a los ahorristas que no compren dólares, pero los motivos serían otros.
Aunque, si se sigue la máxima kirchnerista de ver lo que se hace y no lo que se dice, el hecho de que buena parte de los ahorros presidenciales estén en dólares, no pasa inadvertido .
El resultado cambiario de los últimos días responde a la típica estacionalidad de la economía argentina que determina que en el primer semestre entra el grueso de los dólares de la exportación de granos y en el segundo, no.
Así, con una demanda de divisas persistente el Gobierno se enfrenta al dilema de tener que vender dólares y bajar las reservas para evitar un aumento del precio o de la brecha con el dólar paralelo.
Hasta junio, con los dólares del campo, y a pesar de que la salida de divisas giró ese mes en torno de US$ 2.000 millones, el Central logró mantener el nivel de reservas levemente por debajo de los US$ 52.000 millones.
En julio, si bien los minoristas vienen comprando menos, también bajan los ingresos de divisas por las exportaciones y el Gobierno se estaría preparando para mostrar una baja en el nivel de reservas .
Basta recordar que en agosto, el Central deberá desprenderse de US$ 2.300 millones para pagar un cupón de los bonos Boden 2012.
Las reservas podrán bajar pero el Gobierno mantiene un poder importante para controlar la situación.
Lo saben los ahorristas que hacen las cuentas y dicen que aún cuando puedan bajar US$ 5.000 millones, el Central tiene divisas más que suficientes para mantener al dólar por debajo de $4,20 hasta fin de año.
También, el alto precio de los bonos argentinos valuados en dólares demuestra que los inversores no creen que la Argentina deje de cumplir con sus compromisos.
De hecho, un bono como el Global 2017 ofrece 8,25% anual, un interés bajo para la zigzagueante historia financiera argentina.
En síntesis, los ahorristas creen que la Argentina no entrará en otro default y que el Gobierno tiene dólares más que suficientes para abastecer las compras. Sin embargo, parecerían dispuestos a seguir comprando divisas .
Las incertidumbres serían otras y giran en torno de una: cual será después de las elecciones el precio del dólar.
Hoy la Argentina, según muchos expertos, tiene un tipo de cambio que no está atrasado pero que, simultáneamente, t ampoco resulta competitivo .
La relación peso/dólar actual se comió buena parte del “colchón” competitivo que tuvo desde la devaluación de 2002 hasta 2008, pero aún da pelea si se compara contra la canasta de monedas del comercio exterior argentino.
Puede exportarle al Brasil de Dilma Rousseff que tiene un real sobrevaluado por un impresionante ingreso de capitales (ver gráfico), pero los industriales que exportan se quejan de que el aumento de los costos les está haciendo perder mercados.
Por caso, el mismo día en que la Presidenta sugería evitar al dólar, los exportadores de limones bramaban por estar perdiendo mercados al no poder absorber la suba de sus costos en dólares.
Con precios y salarios creciendo por encima del 20% anual y el dólar aumentando 5%, la tradicional dolarización preeleccionaria de los ahorros de los argentinos se adelantó al primer semestre y desde ahora el monitoreo oficial del mercado cambiario será muy de cerca .
La idea de que el plan económico necesita un service va ganando espacio y el Gobierno no emite señales sobre cómo lo haría en caso de que Cristina Kirchner sea reelecta.
¿Será bajando el gasto público que en la primera parte del año creció 33%? ¿Y la expansión de los agregados monetarios que lo hicieron en otro tanto? ¿O será acelerando el ritmo de devaluación del peso? ¿O todo en forma simultánea?.
Las dudas se acrecientan porque el Gobierno insiste en no hablar de inflación ni de sus efectos como si así se pudiese evitar pagar costos.
La salida de capitales de la primera parte del año deja en claro que, en materia económica, los deseos no siempre se hacen realidad. Y exigen pensar que tantos dólares de la soja, tal vez, no sean para siempre.


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