Por: Ricardo KIRSCHBAUM.Macri ha jugado su única carta y promovió su propio juicio político. No podía aguardar el juicio oral. Los tiempos judiciales nada tienen que ver con sus urgencias políticas. Sólo un ejemplo: todavía los acusados por el affaire IBM-Banco Nación, ocurrido en la mitad de la década del 90, no han sido sometidos al tribunal oral.
La hipocresía añade a este caso los abalorios de estas tierras: los fiscales políticos gritan por la paja en el ojo ajeno, no por la viga en el propio. La utilización de la inteligencia para escrutar a opositores, periodistas y empresarios, entre otros, es alarmante para todos, menos para aquellos que utilizan la información obtenida ilegalmente para su campaña política.
Macri apuesta a que este tipo de escándalo tenga poca repercusión en la sociedad. Y exhibe encuestas que muestran que ha subido desde que pidió su propio enjuiciamiento. El razonamiento es igual que los que dicen que la corrupción no tiene mayor costo si, al mismo tiempo, la sociedad percibe que se hacen cosas en su favor. Con Menem, esto fue sintetizado por el “roban pero hacen”. Con los Kirchner, la presunta corrupción se justifica en nombre de los derechos humanos.
La sociedad se pronunciará sobre Macri o sobre los Kirchner dentro de algo más de más de un año. Hasta entonces, la política seguirá decidiendo sus suertes
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