El mandatario estadounidense propuso aumentar la cooperación bilateral en materia de defensa y en temas económicos. Brasil debe definir todavía la compra de 35 aviones caza.
En la primera ronda de conversaciones mantenida ayer en Washington, los presidentes de Brasil y los Estados Unidos, Dilma Rousseff y Barack Obama, acordaron aumentar la cooperación bilateral en materia de defensa y agilizar la emisión de visas de turismo y negocios para sus ciudadanos, en una reunión en la que, sin embargo, afloraron las discrepancias en política económica.
Fuentes de la Casa Blanca destacaron que la creación de un comité de cooperación en temas militares supone la mayor colaboración bilateral de los últimos 35 años en esta materia. La primera reunión de ese comité se hará el 24 de abril en Brasil y en ella participarán el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Leon Panetta, y su par de Brasil, Celso Amorim. A nadie escapó, sin embargo, que el inusual gesto estadounidense oculta el deseo de llevar a Brasil a que a la hora de definir la varias veces postergada compra de 35 aviones caza, opte por los F-16 ofertados por la empresa Boeing.
Más allá de los acuerdos, que incluyen fomentar la inversión estadounidense en Brasil, tanto en materia energética como en las oportunidades que se abrirán ante el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, Rousseff expresó a Obama su preocupación y rechazo por las políticas monetarias expansivas de los países ricos. Esa política de los Estados Unidos y la Unión Europea “conduce a la depreciación de las monedas de los países desarrollados, lo que perjudica el crecimiento de los países emergentes”, señaló Rousseff tras el encuentro con Obama.
El gobierno brasileño acusa a los Estados Unidos, sus socios europeos y China de promover una guerra cambiaria para aumentar sus exportaciones, lo que reduce la competitividad de los países en desarrollo. Los presidentes no revelaron si abordaron el tema de Cuba y su participación en la Cumbre de las Américas. Para Brasil, la reunión que se abrirá el sábado en Colombia debe ser “la última sin Cuba”. Para los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, La Habana “no cumple con los requisitos democráticos” para poder estar en esos encuentros. <


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