Viedma (ADN).- La publicación de un artículo de opinión de la periodista Alicia Miller en el diario Río Negro, a pocas horas de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, donde se pregunta si la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, es débil, generó un interesante debate en la provincia. Entre los que difundieron su opinión figuran Alberto Laría, la feminista Susana Yapper y el secretario del partido Justicialista, Hugo Lastra. A continuación, ADN reproduce el artículo completo de Alicia Miller y las distintas reacciones que produjo.
La política en el país sufrirá, sin duda, una conmoción a raíz de la muerte de Néstor Kirchner. Sobre todo, por su doble condición de ex presidente con fuerte incidencia política como titular del partido gobernante y, a la vez, marido y mentor personal de la actual jefa de Estado.
Si bien el carácter aguerrido de la presidenta la aleja del tradicional estereotipo de la mujer dependiente de la opinión o la aprobación del varón, los desafíos a los que estará sometida también difieren sustancialmente de los propios de una familia convencional.
De cualquier manera, es lógico suponer que viuda, shockeada emocionalmente por la pérdida de su compañero personal y político durante 30 años, y en el centro de presiones, la estabilidad emocional de Cristina Fernández de Kirchner será expuesta a dura prueba. Y que esto se reflejará en el aspecto político.
En el plano público e institucional, la pareja integrada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández actuó como un bloque sólido. Aun considerando ciertos matices de estilos, nunca trascendieron diferencias sustanciales entre las posiciones políticas de ambos. Y los colaboradores y funcionarios de su entorno siempre supieron que, para lograr consenso para una decisión de ella, siempre se hizo necesaria la anuencia de él. Con frecuencia, la premisa también fue válida en un sentido opuesto.
En principio, el fallecimiento de Néstor provoca un súbito cambio de perspectiva en las opciones de sucesión presidencial: Ya no será "pingüino o pingüina". Ahora, cualquier alternativa a la eventual candidatura reeleccionista de Cristina provendrá de fuera de la pareja que hasta ayer concentró el poder. Y esto envalentonará tanto al entorno aliado –que cerrará el cerco de presiones sobre la presidenta– como a los adversarios justicialistas. El peronismo, está dicho, tiene una fuerte pulsión hacia avanzar sobre aquellos dirigentes de ese sector a los que adivina o supone débiles.
¿Es Cristina débil? O, en todo caso, ¿puede serlo sin Néstor?
En principio, conviene señalar que un discurso encendido puede en ocasiones reflejar inseguridad, en lugar de convicción.
En los meses previos a su consagración como presidenta de la Nación, Cristina Fernández enfrentó ante la opinión pública las versiones referidas a que padece enfermedad bipolar, una afección del plano emocional que genera una alteración de la capacidad para controlar el efecto de factores externos y que lleva a quien la padece a oscilar entre cuadros de nerviosismo extremo y bajones de depresión y desasosiego.
Pero, si el diagnóstico fue certero, no se manifestó con asiduidad durante la gestión. El único episodio que dejó dudas fue la presunta lipotimia que frustró su viaje a Cuba y la tuvo durante una semana alejada de la actividad pública.
En rigor, más que oscilaciones, Cristina ha tenido una persistente tendencia al enojo y la crispación, que se ha puesto de manifiesto en frecuentes intervenciones en actos o mensajes por cadena nacional.
Por ello, es la rigidez de la presidenta, su escasa disposición al diálogo y la negociación –que en ocasiones neutralizaba el perfil más político de Néstor– lo que podría en el futuro dificultar no sólo la resolución de problemas de Estado sino también la construcción de un nuevo esquema de relaciones en su entorno. Porque los aliados más cercanos de su esposo deberán construir con ella redes de confianza si aspiran a mantener influencia en decisiones de sus áreas específicas.
Tal vez la metáfora de la mesa sirva para graficar el cambio que se registrará. Hasta ahora, y más allá de la insoluble controversia sobre quién era el inspirador de las opiniones de ambos, la conducción ejercida por los Kirchner representaba un poder plano apoyado sobre cuatro patas. Hoy sólo tiene la mitad. El tiempo dirá si logra estabilizarse por la vía de consolidar una mirada unívoca o apelando a integrar equipos o consejos, que hasta ahora ocuparon un rol más que secundario.
Alicia Miller
“Carta abierta a Alicia Miller”, por Alberto Laría Rajneri
Acabo de leer tu nota. ¿Es débil Cristina? (RN. 28 oct.). Me indignó. Y no lo puedo dejar pasar como lector y como accionista de Río Negro. Hoy, que es un día de mucho dolor para mí y millones de argentinos. A este sentimiento no podés capturarlo y es lógico que así sea. El microclima de gueto mediático en el que vivís no te permite abrir una ventana a la vida de una realidad más rica y generosa.
No hacía falta la pregunta. Sólo es un señuelo para un plan prefijado. La denigración del Gobierno y su Presidenta. Es el formato Río Negro. Es sabido: “Los mercaderes ceban a la fuerza a sus cochinillos”. Sólo te guía una razón de Obediencia Debida. La servidumbre a un sueldo hace estragos en la conciencia y en la posibilidad de voluntad autónoma. También hacerle el sueldo a una hija en la redacción, es motivo suficiente de agradecimiento. Lo más arduo es justificarse luego, como poseedora de alguna ética del periodista.
Hoy, en tu palabra escrita, quedará el testimonio que no están dispuestos a esperar a que enterremos a nuestro muerto. Están ávidos. Y son filosos los cuchillos mediáticos. Puesto entre los dientes, ya parten como comandos feroces para merodear al gobierno de Cristina. Es la esperanza oscura de la derecha más afectada por un gobierno que vino a restituir la dignidad de los postergados y la dignidad del país. Es la lucha por el poder político en nuestra sociedad y ya sabemos la divisa que en el combate elegís.
Lo que sí es más curioso que siendo una mujer te sumás a la denigración de otra mujer. Esta sí inteligente, militante forjada y comprobada capacidad para llevar adelante la tarea de gobierno. Te afincás en la vacuidad de un pseudoacademicismo. Pero mostrás ahí, una vez más, ignorancia. El recurso a la psicologización es agraviante y constituye una insolente liviandad e impostura. El discurso encendido es “debilidad”. ¡Qué solemnidad para el desatino! ¿Y qué es bipolar? Acaso estás exenta del dolor, la tristeza o las alegrías que nos depara el misterio del destino de nuestras vidas? Sólo las certezas de la entomología psiquiátrica en un duro positivismo, quiere aprehender en conceptos lo inefable de lo humano.
Pero grave no es el error, sino la intención. Fomentar la perplejidad para construir de la persona de Cristina el personaje de la mujer inválida. Marcada. Descendida en la escala zoológica. La hembra sin el macho carece de vida y poder. Sos una mujer y profesás la misoginia. Pero también siendo mujer te enancás en las voluptuosidades de la falocracia. El de un gozo imperfecto por el poder-fálico que sólo se instituye en tu imaginario. No sos por lo que creés que valés. Tu voluntarismo es apenas una sombra vicaria de un otro poder circunstancial y que te es, por supuesto, bien ajeno.
La metáfora de las patas de la mesa: una alegoría escolar de la falta insustituible.
Es verdad, Néstor no estaba hecho de la pasta de los que se reemplazan. Tampoco Perón ni Evita. Pero tu implacable guillotina no acierta en el valor simbólico de los grandes muertos. Hay muertos que viven y perduran. Son los excepcionales. Los que empujan a la historia. Lo que abunda, en cambio, son los de tus filas. Los vivos que están muertos. Desesperados, porque no tienen nada para esperar. Sepultados, bajo el talud de anacrónicas convicciones.
A Cristina le irá en falta el insustituible amor del compañero. Pero en lo político hay un pueblo movilizado que la sostiene. Una legitimidad irreductible y la sagrada institucionalidad, tantas veces predicada por Río Negro y apuñalada como nadie.
Volvamos a la pregunta: ¿Es Cristina débil? Lo que hay seguro, es una certeza. El legado de Néstor y la muchedumbre infinita que acompaña a Cristina por estas horas sabe como nadie que en esto se les va la vida misma. Es conmovedor y produce un hondo estremecimiento. Sólo hace falta prestar el oído. Al murmullo incesante. Al cántico fervoroso. Al llanto acongojado. Si nada te dicen los jóvenes impetuosos que abrazan las históricas banderas de lucha; si ese aroma no te impregna y la emoción no te alcanza, es sólo ahí, entonces, donde la pregunta sin sentido se alza.
Y ahí está el alma y la fuerza de los pueblos. En la mistérica comunión con sus líderes encuentran toda su potencia. Pero nada está a la mano del funcionario y a su fastidiosa tendencia a reiterarse en la idea que se tiene de la realidad, a la realidad misma. Hay una sensibilidad para acoger el fenómeno maravilloso que es la gesta colectiva de los pueblos, que te es ajeno. Habrá antes, para comprender algo, que desgarrar el velo tedioso de tu corazón de hojalata.
Gral. Roca, 28 de octubre 2010
Respuesta de Alicia Miller a Alberto Laría
No conozco a Alberto Laría más que de alguna conversación circunstancial. Sé que es sobrino del director del diario “Río Negro”, Julio Rajneri. Tampoco él me conoce al punto de saber si soy misógina, si tengo pensamiento propio, si tengo corazón de hojalata, etc.
Sí sé que la descalificación es la antítesis del debate.
Desde que ejerzo el periodismo he participado de decenas de controversias políticas e ideológicas. Pocas veces he padecido agresiones tan personales y tan injustas como las vertidas por Alberto Laría en su denominada “Carta abierta a Alicia Miller”.
En principio, porque invoca para descalificarme profesional y personalmente su condición de accionista del diario “Río Negro”, en el cual trabajo desde hace 28 años y desempeño un cargo jerárquico en la Redacción. Eso convierte sus palabras en una amenaza. El sitio donde debería expresar tales opiniones es la reunión de Directorio, ya que –como el licenciado Laría no puede ignorar- el gobierno de una Sociedad Anónima prevé una articulación con la Gerencia General, de quien depende el resto de los órganos de conducción técnica y administrativa.
Por esa misma condición de accionista del “Río Negro” que invoca, Laría tiene acceso a instancias para conocer si mi hija mayor, periodista de profesión, tiene la aptitud para la función que cumple en el diario, si alguna vez he intercedido para su ingreso o permanencia en la empresa o si de algún otro modo he intervenido en su relación laboral.
Respecto de sus calificativos sobre el contenido de mi artículo “¿Es débil Cristina?”, respeto su opinión crítica pese a la carga emocional por su evidente dolor por el líder fallecido lo que –a mi juicio- pudo ser determinante en que considerara agraviantes mis palabras, deformara totalmente el sentido de mi nota y respondiera a su gusto la pregunta del título.
Destaco especialmente que, al suponer que mi tarea profesional está guiada por un supuesto servilismo a los propietarios del medio, amplía a todos los periodistas del diario la ofensa que me dedica.
Alicia Miller, periodista
“Sobre el debate Miller-Laría”, por Susana Yappert
El jueves 28 la carta abierta de Beto Laría comenzó a circular en los mails de amigos. Era una respuesta escrita desde el dolor de quien duela. Una respuesta a una periodista que había dado su opinión sobre la presunta debilidad de la presidenta Cristina Fernández pocas horas después de que ésta había perdido a su esposo. Un análisis profundamente misógino que, inclusive se dio a debate en foros de periodistas con perspectiva de género que por esas horas analizaban los ataques tan irracionales como canallas hacia la presidenta, a quien intentaban mostrar como la mismísima reencarnación de Isabelita.
Los amigos redistribuyeron la carta abierta de Beto Laría a otros mails y estos a otros; inclusive circularon entre los periodistas del diario Río Negro y los restantes diarios de la región. En el lapso de 24 horas recibí a mi casilla personal unos 50 mails con el mismo contenido.
En la carta abierta aparecían elementos que ponderé: está escrita por un psicólogo, elige un estilo directo y que intenta hacer doler tanto como había dolido el escrito que lo generó, un estilo que cualquier periodista- incluso yo- limaría; escrita también por un militante que conoció el exilio; y un dato que no es menor, un accionista del diario en el que la periodista Alicia Miller es pro secretaria de redacción. No es menor en sentido que refleja que hay accionistas del diario que no comulgan con la línea que sostiene el diario hace años definida por uno de estos accionistas como “tenebrosamente neoliberal”, dato que no sorprende a ningún lector espabilado.
Primero: la carta abierta no está escrita por un periodista, está escrita por un psicólogo. Segundo: está escrita por alguien dolido y que intenta expresar un dolor que lo excede en lo personal.
Yo había leído la nota de Alicia Miller y de prácticamente a todos los columnistas del diario del día 28. En honor a la verdad no pude terminarlo, soporté hasta la nota de Carlos Torrengo; claro que ya había leído a Rosendo Fraga y toda la prensa opositora y mi capacidad de digerir todo eso estaba colmada; porque – no es posible soslayarlo- en Argentina desde el día que asumió Kirchner (recordemos la opinión de Claudio Escribano vaticinándole a Kirchner un año de gobierno) y más aún después de la 125, directamente se regresó al periodismo faccioso.
Por esas horas yo también necesitaba duelar y resolví por ese solo dato, no escribir. Iba a dejar pasar algunos días para ensayar algo con otra mirada, la que me guía desde hace 20 años en este oficio: “ni reír, ni llorar, entender”.
Laría eligió otro camino. Hablar desde su dolor y desde su bronca.
Como hace años adopté la perspectiva de género, no podía dejar de ocuparme de la nota de Alicia Miller, sobre todo porque escribe en el principal diario de la provincia; el mismo diario en el que yo escribí los últimos 23 años. Porque es una nota misógina, porque sostiene sin ningún fundamento científico que la presidenta es bipolar, tomando como dato de esa enfermedad un simple desmayo, error grave en una periodista de su experiencia y de sus muchos años. Cristina, para Miller, es apenas un invento de Néstor y en esta línea responde con su voto “no negativo” a la pregunta que le da el título a la nota “¿Es débil Cristina?”.
Ahora bien. La opinión de Miller es eso, una opinión. Y en el juego del periodismo se admite que si uno opina, puede haber otro que opine en contrario. De otro modo optaría por escribir sin firmar, entrevistar, usar pseudónimo, una serie de recursos que el periodista tiene para tomar distancia de lo escrito. Miller eligió opinar. Su nota tiene ese valor. Y Laría eligió opinar. Consideré que ambas opiniones tenían igual valor. Y en todo caso, era un error del diario no reflejar la última, al igual que no dar cauce a las llamadas y mensajes de la gente que llamó y escribió al diario acusándolo, entre otras cosas, de ser “gorilas”.
Laría me pidió que publicara su Carta Abierta. Le pregunté varias veces si quería hacerlo realmente. Si no quería dejar pasar algunos días. Me preguntó mi opinión sobre el estilo. Le dije que yo hubiese dicho lo mismo pero de otro modo. Pero él reafirmó su deseo de optar por el formato “Carta Abierta”, pues la carta ya había sido enviada a la aludida, pero era necesario abrirla para que el debate tomara forma.
Consideré que el texto tenía que salir en mi blog Hijas de Eva, un blog que creé hace ya 3 años para tener un espacio para los temas de la denominada agenda de género. Un blog abierto, sin censura, por el que no cobro (lo aclaro porque me lo preguntaron) y que llamativamente inauguré con una nota titulada “Ella y el campo”, una nota que no fue publicada en el diario Río Negro pero sí publicó el diario Página 12. Un blog que asume el juego de un recurso tecnológico que vino a trastocar todas las reglas periodísticas que aprendimos en la facultad.
Le comuniqué mi decisión de hacerlo al Secretario de Redacción, Italo Pisani con dos argumentos: uno, la opinión de Laría valía tanto como la de Miller. Dos: la carta está circulando y sería publicada por otro medio. La subí, pero a los 5 minutos de haberla subido, Beto me pidió que quitara una oración y cambiara dos palabras. Lo saqué y mientras esperaba la nueva versión, un blogger lo pescó y dijo que el “Río Negro” había censurado la nota. En rigor no lo hizo. Pero asumí lo que significaba publicarla. No sólo que podía ser censurada, también pensé que era factible que el blog desapareciera. Al menos en su versión conocida, es decir, con un acceso desde este diario.
En ese increíblemente corto impasse, el Secretario de Redacción me contestó en un escueto mail su parecer sobre ambos escritos. Simultáneamente varias radios hablaban de lo sucedido y varias otras entrevistaban a Laría.
Está claro que hace 20 años el escrito de Laría hubiese quedado tirado en un cesto de basura de la redacción de cualquier diario. Es políticamente incorrecto. Pero eso es hoy inviable. Fueron suficientes 5 minutos de unas palabras subidas en el océano de la web para que ese escrito tomara vida propia. Porque fue eso lo que ocurrió. Fue un mensaje en una botella que alguien encontró. Razón por la cual, decidí dejar que lo sucedido siguiera el camino natural para poder observar el fenómeno comunicacional que suscitaba.
Fueros tristes estos días. Tristes y crueles. Como lo fueron otros momentos de nuestra intensa historia. No caben dudas que el poder de los monopolios periodísticos no es el que era. Desde que las nuevas tecnologías existen, ocurren profundas transformaciones en estos enormes aparatos de poder.
Mantuve durante años una relación si se quiere afectiva con el diario “Río Negro”. Es el diario centenario y el más importante de la región. Con habilidad informó a todo el espectro ideológico de la población de Río Negro y Neuquén durante un siglo (mérito en sí mismo), lo leen pese a no comulgar con las ideas que defiende, simplemente porque es el diario local y por hábito. En él se cumple esta máxima del periodismo “siempre es más importante lo más cercano que lo más lejano”, razón por la cual se sigue comprando, pese a que también ejercita el periodismo faccioso. Conozco su línea editorial y su historia desde el día de su fundación, destaco sus aciertos y critico posiciones, opiniones y ediciones en mi carácter de lectora y de periodista free lance desde 2002 a la fecha. Siempre lo hice así. Y esto no me fue gratuito.
La carta de Laría incitó a este necesario y postergado debate. Es un formidable ejemplo de cómo se hace periodismo hoy. Un periodista opina y hay una respuesta inmediata a esa opinión. Situación a la que este diario centenario tendrá que acomodarse para no dilapidar el capital que acumuló durante un siglo. No hay inimputables. Los medios deben ser espacios de debate, aún cuando suelen ser cloacas en donde se expresan valoraciones agraviantes y agresivas hechas por periodistas y por lectores en distinto estilo. Las que tenemos años en esto lo sabemos. Como sabemos que la “ética” que proclaman y exigen algunos periodistas no es tal cuando no se muestren todas las voces del concierto de la realidad.
Los últimos días fueron un escenario peculiar. Donde convivieron odio y amor en igual proporción. Esos increíbles momentos de la historia que todo lo iluminan. En la plaza y acá, en el pago chico. Durante años, la prensa en general y los medios que ostentan una posición dominante, en particular, ocultaron algo que mostró la plaza. Pero “la realidad es un potro salvaje, al que no se puede domar”, decía G. H. Hegel, y hoy no es posible ocultar sin ser sorprendidos en el intento. Siempre pensé que en Argentina debíamos juzgar a los medios por lo que callan más que por lo que dicen. Lo sigo sosteniendo.
Susana Yappert
“No comprensión o desprecio”, por Hugo Lastra
Después de leer el análisis político de la semana escrito por Alicia Miller, en el diario Río Negro, es increíble verificar la ausencia de comentario respecto de la muerte del ex Presidente Néstor Kirchner.
Es cierto que la periodista se ocupó de otra muerte; la del joven Guillermo Trafiñanco, que fue asesinado en Viedma por la Policía, hecho que lamentablemente se repite en Río Negro, sin ningún efecto o consecuencia para el Estado Provincial.
Nadie desconoce la importancia del tema relatado por la periodista, pero creo que la muerte del ex Presidente y sus efectos en Río Negro deberían haber formado parte del análisis político de un diario serio, responsable y de trayectoria como el “Río Negro”.
De manera especial ¿cómo va a procesar el Peronismo rionegrino esta irreparable e irremplazable pérdida?, sus principales dirigentes ¿tendrán la madurez y altura necesaria para construir la unidad y consolidarse como alternativa de cambio?
¿Cómo impactará en el oficialismo? siendo que el Gobernador Saiz mantenía lazos muy fuertes con el ex Presidente fallecido y con el Gobierno Nacional.
En fin todos esos temas debería haber sido parte del análisis político del día domingo, como lo hicieron en los principales medios del país.
Espero que este vacío este motivado en la no comprensión del momento histórico y no en el desprecio al peronismo.


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