En 6 años, 10 mil policías más

En 6 años, 10 mil policías más
De una institución vaciada a una sobrepoblada. Cómo creció la cantidad de policías desde 2006. ¿Hay más seguridad?
En mayo de 2006, en Córdoba había 11.800 policías, de los cuales 2.500 estaban con carpetas médicas o licencias. Una investigación realizada por este diario demostraba que sólo 9.200 efectivos estaban en condiciones de trabajar y realizar tareas preventivas, investigativas y administrativas en todo el territorio provincial.

Aquellos 11.800 efectivos eran muy pocos, sobre todo si se los comparaba con los 11.000 que había trabajando en el año 1980, es decir 16 años antes. En aquella oportunidad Día a Día le consultó al entonces jefe de Policía, Pedro Palacios (que había recibido una institución desmembrada y tuvo la difícil tarea de organizarla) cuántos efectivos hacían falta para trabajar bien. La respuesta de Palacios parecía desmesurada: “Para realizar una correcta tarea preventiva serían necesarios unos 13 mil efectivos y la idea sería alcanzar los 14.500 para poder llegar a los 16 mil en dos años. Allí estaríamos cerca del ideal”.

Días después de la publicación del informe, ese mismo mayo de 2006 se incorporaron 1.200 policías más, que habían estado capacitándose por cuatro meses.

Hacia fin de año, Palacios ya había apagado el incendio (ver “El cabo...”) que le habían dejado los dos jefes anteriores, Iban (así, con “b” larga y sin acento) Altamirano y Jorge “el Pato” Rodríguez y recibió como premio el retiro (en su caso no fue un retiro voluntario) porque el gobernador José Manuel de la Sota no quería irse sin dejar en ese cargo a su preferido: Alejo Paredes.

Y ahora hay por todos lados. Cuando llegó a la jefatura de Policía Alejo Paredes fue necesario hacer un retiro masivo no sólo de aquellos muchos que tenían más experiencia que él y le iban a hacer la vida imposible si se quedaba, sino también de una gran cantidad de otros policías que también pasaron a retiro. Oficialmente ayer informaron desde el área de prensa que el 1 de febrero de 2007 en la institución había 12 mil efectivos.

Al año siguiente se sumaron 1.100 más y después 2.000 y después otros 1.000 y varias tandas más hasta la actualidad, en la que la Policía de la provincia cuenta con 21 mil policías, cinco mil más de los que en 2006 Palacios consideraba “cerca del ideal”.

¿Más seguros? En mayo de 2006 las críticas hacia la Policía apuntaban a que, como eran pocos, los policías estaban sobrecargados y continuaban con el régimen de 24 horas de trabajo por 48 de franco. Es decir que como sólo había 9 mil en condiciones de trabajar, la situación era preocupante.

Esas habían sido unas de las razones del acuartelamiento. La respuesta de la Policía fue sumar más gente.

En 2006 la escasez de efectivos era preocupante, hoy con casi el doble se podría decir que vivimos en una provincia que, en algunos sectores como la capital, parece ser un territorio “policializado”. Normalmente los policías se quejan porque dicen que a ellos se les imponen obligaciones que en realidad tienen un trasfondo social y reclaman que su tarea debe circunscribirse a la prevención y la represión del delito.

Como contrapartida la estrategia de seguridad de los últimos dos gobernadores, lejos de abordar los problemas sociales que existen detrás del delito, ha sido la de sumar efectivos y efectivos y efectivos. El elegido para llevar adelante esa estrategia ha sido siempre el mismo hombre, Alejo Paredes.

Ahora que ya sumó más de los policías que hacían falta, tendrá la oportunidad, como ministro de Seguridad (una vez que consiga una oficina donde trabajar) de hacer algo más por la seguridad y responder la pregunta clave: ¿Con más policías, estamos más seguros?

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Los que querían

16 mil, “el ideal”. En 2006, el entonces jefe de Policía, Pedro Palacios, definió a este número como el óptimo. Por entonces, había menos de 12 mil.

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El cabo que tuvo mando

En agosto de 2005 un hasta entonces ignoto cabo puso en evidencia que la estrategia de seguridad del entonces gobernador José Manuel de la Sota, estaba a punto de estallar.

Una rebelión de uniformados liderada por un cabo llamado Claudio Cisneros, hizo que durante 36 horas la Policía no saliera a la calle. Por entonces, con 11.600 policías (una cifra similar a la que había en 1980) realizaban las tareas de prevención que hoy (seis años después) realizan 21 mil efectivos.

La escasez de gente producía sobrecargas de servicios que se pagaban mal y dejaban ver la falta de conducción y de capacidad de las máximas autoridades policiales de entonces: el ministro de seguridad y amigo personal del gobernador, Jorge Rodríguez y el jefe de Policía, Iban Altamirano.

Así las cosas el descontento explotó y la Policía se acuarteló. La llegada de Pedro Palacios, primero; y de Alejo Paredes, después, fueron claves para que hubiera “mando” en un organismo piramidal en el que los que tenían el poder (Rodríguez y Altamirano) tenían tan poca capacidad de hacerlo y de dar respuestas, que le cedieron el mando a un cabo.

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