Vecinos de Quilmes se comunicaron con REALPOLITIK para hacer públicas diversas irregularidades que ponen en el ojo de la tormenta al actual administrador de la comisaría cuarta y ex titular de la octava, Daniel Alejandro Pérez, quien desembarcó en esta dependencia de la mano del mayor Raúl Vicente Damato, íntimo amigo del jefe de distrito Fernando Grasso.
Antes de desembarcar en la conflictiva comisaría cuarta, gracias a la amistad que une a Damato y Grasso, Pérez pasó por la octava, donde -al parecer- desempeñó una gestión sin demasiados sobresaltos debido, al menos en parte, a que se trata de una jurisdicción relativamente pequeña y sin demasiados inconvenientes.
Según las versiones vecinales, en Solano Grasso pretendía cambiar al titular de dicha comisaría porque no le habría reportado la mensualidad que él aparentemente le habría impuesto. Por eso es que Damato buscó imponer a Pérez, quien desembarcó allí sin haber tenido a su cargo ninguna comisaría similar que justificara su nombramiento.
Gracias a la amistad de Damato, y con la supuesta promesa de elevar el canon mensual, Pérez llegó a esta jurisdicción con el equipo propio de una comisaría chica. En ese sentido, y quizás como un mero dato más, vecinos comentan indignados que “apenas arribó a Solano, pasó de tener un Renault 19 a un VW Pasatt”.
Como consecuencia de sus polémicas formas, y seguramente también a su escasa experiencia, al poco tiempo de asumir, Pérez se ganó el desprecio de buena parte del personal debido a ordenamientos internos y externos impulsados desde la comisaría.
SEGURIDAD CERO
Según se informó extraoficialmente a este medio, para cubrir la cuarta, una de las jurisdicciones más complicadas de Quilmes, la policía solo cuenta con dos móviles: un Astra y una camioneta Ford, sin seguro. Esto último no se debería a la falta de recursos en la caja chica sino al afán recaudatorio del comisario, quien no realizaría las respectivas inversiones para saciar su hambre de dinero.
El resto de los vehículos que figuran a nombre de la comisaría están rotos o fuera de servicio.
Ahora bien, lo que suena insólito es que, para evitar hacer pública está desastrosa administración, los móviles –cuyos motores no arrancan y no cuentan siquiera con equipos de radio en funcionamiento- eran remolcados a algún punto de la jurisdicción para hacer lo que en términos policiales se conoce como “QTH fijo”. Para evitar que la gente advirtiera esta situación, había dos soluciones: el personal era reemplazado “in situ”, o el vehículo remolcado.
Ante todo este escenario, no extraña que los policías tuvieran que comprar sus propios equipos de comunicación.
Finalmente, allegados al polémico comisario pidieron investigar la plaza ubicada a una cuadra de la comisaría, en la que figura un adicional que paga el municipio y no cubriría nadie: “Se cree que todo el personal no se da cuenta de lo que hace con los adicionales, hospitales, plazas y demás, que no saben que la junta en la feria de Solano la hace el sargento Ganinelli, y cómo se manejan las demás cosas como comercios bailables, talleres, agencias de remises, agencias de acompañantes y juegos clandestinos”, explicaron.
“El personal está cansado y quiere dar un buen servicio pero este personaje siniestro de esta policía, apañado por el comisario inspector Grasso, es un obstáculo para el buen policía que quiere dar seguridad a sus vecinos. Queremos que se termine, no puede ser que este señor se esté llenando los bolsillos mientras el personal tiene que poner plata para el combustible de los móviles”, agregaron.
DENUNCIAS VARIAS
Todas las denuncias vinculadas al sector son giradas al ministerio de Seguridad y, de ahí, al Centro de Coordinación. Si estas no son catalogadas como “graves”, el ministerio las deriva a la comisaría más cercana para que las investigue. Obviamente, estas indagaciones suelen quedar en la nada.
Quizás por este motivo nadie se haya asombrado de que Pérez tuviera tres denuncias radicadas en la comisaría quinta; una de las cuales, dicho sea de paso, fue realizada con nombre y apellido por un vecino de la zona.
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