La policía acorraló al joven que asesinó a 7 personas en Toulouse

Es un hombre de 24 años de origen argelino que recibió entrenamiento militar en Pakistán y Afganistán. Confesó a los negociadores que es el autor de los crímenes y que pensaba seguir matando. Se identificó como miembro de Al Qaeda.

Tras 24 horas de cerco policial, que incluyeron explosiones intimidatorias en la puerta de su casa, el confeso autor de los tres recientes ataques en el suroeste francés que dejaron tres niños, un rabino y tres militares muertos, seguía sin rendirse desde que había sido sorprendido por decenas de oficiales de la RIAD, la unidad antiterrorista de la policía francesa. A las tres de la mañana de ayer intentaron arrestarlo e hicieron explotar su auto, donde según la policía había una ametralladora. Mohamed Merah, un joven de 24 años y cara aniñada, respondió a los tiros e hirió a dos policías. Desde entonces, el cordón policial se mantuvo inmóvil frente al edificio de cuatro pisos y alrededor de toda la manzana. Le cortaron el gas y la luz; sólo le habilitaron un teléfono para comunicarse con los negociadores de la RIAD.

Los franceses se despertaron ayer con una noticia inesperada: la policía había identificado al asesino que atacó tres veces en menos de diez días en Toulouse y Montauban, y a quien tenían rodeado en su departamento. Los relatos de los vecinos de lo que habían vivido durante la madrugada, encerrados y escondiéndose en algún rincón de los ruidos de explosiones y disparos, no hicieron más que inflamar la hiper sensibilidad de los franceses durante los últimos días. Hacia las 11 de la mañana, todos los vecinos del edificio habían sido evacuados sin problemas.

Megah le dijo a la policía que tenía planeado seguir atacando ayer por la mañana. En su mira había un militar y dos policías; todos de Toulouse. Según reconocieron los mediadores, el joven habla mucho y ya prometió entregarse dos veces, una a la tarde y otra a la noche.

Mientras las negociaciones continuaban sin demasiado éxito, no muy lejos de allí el ministro del Interior, Claude Guéant, hacía públicas las evidencias en contra del joven. El primer indicio apareció con el primer asesinato, el de un militar en Toulouse el 11 de marzo. El militar había publicado un aviso en Internet para vender su moto y entre los que les respondieron interesados se destacó la dirección de IP de la madre de Merah, un apellido conocido por los servicios de inteligencia (ver recuadro).

Merah también habría sido identificado por el dueño de una concesionaria de motos, que vende la misma Yamaha que el asesino utilizó en los tres ataques. Según el dueño, un joven se habría acercado a principio de mes para preguntar cómo se desactivaba el localizador del GPS. El lunes se ordenó escuchas telefónicas y el martes a la noche, la detención de Megah y su familia.

El perfil del presunto asesino, un joven francés de origen argelino que, según la inteligencia francesa, peleó en Afganistán junto a los talibán, y se autodefinió ayer ante las autoridades como miembro de Al Qaeda, despertó el hambre mediático de Marine Le Pen, la candidata presidencial de la extrema derecha. “Ahora debemos declarar esta guerra contra los grupos político-religiosos fundamentalistas que matan a nuestros hijos cristianos, nuestros jóvenes cristianos, nuestros jóvenes musulmanes y a los niños judíos hace dos días”, sentenció la líder, que apenas unas semanas atrás había instalado como debate político la supuesta omnipresencia de la carne halal (estilo especial musulmán) en París.

Los medios también se hicieron eco de esta “nueva amenaza”: los ciudadanos franceses que se entrenaron y pelearon en Pakistán y Afganistán y volvieron al país. Los denominados expertos hablan de unos 30, no más. Pero eso es suficiente para algunos. “¿Es legal poner bajo investigación a un ciudadano que ha pasado un tiempo en una zona de conflicto como Afganistán?”, se preguntaba anoche un analista en France24.<

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