“El poder punitivo demostró que no sirvió jamás para prevenir o evitar algo”

“El poder punitivo demostró que no sirvió jamás para prevenir o evitar algo”
El vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Eugenio Zaffaroni objetó el sistema de leyes penales que ha sido “idolatrado” por las sociedades mundiales. Sostuvo que pese a ello, cada vez más, los individuos viven rodeados de “rejas, alarmas y cámaras de seguridad”. Cuestionamientos a los medios de comunicación.
En la propia arena de la lucha por el poder simbólico en todas sus manifestaciones, el mundo, la sociedad, y el estrato cultural en sí han depositado sus inquietudes en un sistema de leyes penales, ante la presencia de rasgos amenazantes a lo que se considera como un orden equilibrado.

Sin embargo, paradojalmente, cada vez más, ese mismo marco social limita considerablemente sus propias libertades como consecuencia de la desconfianza que le atribuye al poder punitivo que tanto ha clamado por su implementación.

A groso modo, esta fue la tesis que expuso ayer el vocal de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Eugenio Zaffaroni en una disertación que brindó en el centro Cultural Eugenio Flavio Virla, colmado de estudiantes, y personalidades de la judicatura tucumana.

La jornada, denominada "El control del delito" y organizada por la Cátedra de Criminología de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNT, le permitió al magistrado resaltar que en la actualidad, e impulsado fundamentalmente por el cambio significativo que sufrieron las comunicaciones en el mundo de los medios masivos, se vive un momento que conlleva grandes amenazas.

"Una de ellas es la contradicción en la que vivimos, en donde todo se resuelve por la ley penal, todo tipo de conflictos y problemas, como los de medio ambiente, violencia familiar, casos de toxico-dependencias, se resuelven por esta vía. Se convirtió a la ley penal en un falso dios, en un ídolo, que como toda idolatría tiene a sus fanáticos", aseveró Zaffaroni.

Ley penal omnipotente

Tomando en cuenta esta descripción, el Doctor Honoris Causa de la Casa de Altos Estudios de la provincia, amplió sus consideraciones al respecto, destacando que "la sociedad ha pasado a creer en una verdadera omnipotencia de la ley penal, pero, al mismo tiempo, todos desconfían de ella, de lo contrario, cómo explicar que nos llenemos de rejas, alarmas, cámaras de seguridad por todos lados. Si se cree en la eficacia de la ley penal, por qué entonces tantas medidas de impedimento físico", se preguntó retóricamente.

Seguidamente, quien se desempeñara como Juez de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal de 1984 a 1990, adujo que existe una ley penal que habilita el ejercicio cada vez mayor del poder punitivo, aunque aseguró que dicho poder "ha demostrado, y demuestra, que no sirvió jamás para prevenir o evitar algo, nunca cumplió con ninguna de sus promesas".

De este modo, explicó que la razón del por qué esta ampliación del poder punitivo tiene su fundamento en que "simplemente sirve para ejercer control sobre los presos, de los cuales, en la mayoría de las cárceles, son 10 o 15 aquellos que puedan calificarse de psicópatas, porque el resto son los ladrones más estúpidos que pueda tener una sociedad".

Ejemplificó que, en el caso de nuestro país, este segmento, al cual está apuntado la aplicación del sistema cuestionado, sólo se encuentra determinado para un porcentaje reducido de la población que llega al 0,30 por ciento de la cantidad de presos sobre los que se ejerce la tipificación de este poder, en tanto aclaró que dichos presos pertenecen casi exclusivamente a las clases subalternas.

Es por ello que caracterizó al poder punitivo como selectivo, puesto que solamente alcanza a una minoría. "Esta selectividad se maneja burocráticamente para penar a los tontos, a los molestos, a los reincidentes, ellos van a la cárcel, dependiendo también de las características coyunturales de la política", señaló.

Sin embargo, Zaffaroni estimó que la arbitrariedad por él manifestada se ejerce también sobre aquellas personas que están libres, pero sometidos a una forma de control social a través de lo que llamó "el síndrome de Disneylandia", en donde la imagen ha pasado a constituirse en un todo, donde el concepto de verdad se vale únicamente de lo que los seres humanos muestran.

Culto a la imagen

Al respecto, el Miembro del Comité Académico de la Carrera de Especialización en Criminología, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe durante 2008, alertó sobre que "se han invadido los ámbitos de privacidad que antes estaban reservados, apelándose a la excusa de brindar seguridad contra el Satanás del momento. Por ejemplo, hoy, a nivel internacional, ese rol lo ocupa el terrorismo, entonces dejamos agradablemente que nos requisen en los aeropuertos de todas las maneras y formas posibles y así parece ser que ya nos sentimos más seguros. Además, nadie puede salir a la calle sin ser filmado, o conducir un vehículo sin que una cámara nos saque una fotomulta", adujo, haciendo mención a casos cotidianos que se suceden en la esfera que ha pasado a ser de orden público.

El juez de la Corte, al tomar como sustento los conceptos vertidos hasta ahora, postuló que se ha tornado difícil contener esta ampliación de la ley penal "porque el culto de la imagen es algo táctico, que posibilitó que el mejor negocio del momento sea convertirse en víctima y a partir de allí pedir venganza. Siguiendo este modelo, la pena es la victimización de la venganza, donde nada es racional", indicó.

Relacionado a ello, señaló que los magistrados, al momento de dictar las sentencias, "inventamos un 'deber ser' de la pena que nunca llega a ser en realidad. Conceptos como prevenir, disuadir, resocializar, funcionan sólo en algunos casos, los menos, ya que se constituyen en teorizaciones del 'deber ser', pero no se ha tenido en cuenta que los jueces aplicamos penas en el mundo del 'ser'", diferenció.

Justamente, por el entorno en el que se configura el modelo punitivo al cual se objeta, Zaffaroni alegó que, jurídicamente, no se puede hacer otro tipo de derecho penal porque hoy el sistema en sí está regido por principios de naturalismo liberal positivizados e incorporados a la ley.

"Ello nos coloca en una situación de riesgo puesto que podemos ser útiles a un proceso de destrucción de garantías contrario al constitucionalismo y a los movimientos de derechos humanos", alertó.

Del lado de las corporaciones

Es en esta etapa donde apuntó sus cuestionamientos a las empresas de comunicación a nivel internacional y sus vinculaciones de conveniencia, coerción, o de tono especulativas que mantienen con los focos de poder político.

"Hay un juego donde los medios masivos mundiales han reforzado la idolatría a ese poder punitivo porque están sujetos y responden a la lucha del poder acerca de quién manda, ya sea el poder político que votamos o las corporaciones. Donde, obviamente, los medios responden a la concentración corporativa", afirmó.

Asimismo, Zaffaroni, completó sus ideas al resaltar que "esos medios pretenden una sociedad donde el papel del Estado sea reducido, una sociedad con excluidos, en la que ese mismo Estado, haciendo uso de su poder punitivo, mantenga controlado a los excluidos, ya sea matándolos, entreteniéndolos, o bien encarcelándolos. Esto es permitido, dado el susto que envuelve a los políticos ante la amenaza que irradian los medios masivos y el resultado de todo ello es una legislación penal con más poder punitivo posibilitando el control sobre todos nosotros", aludió.

Ya como corolario de sus puntos de vista, quien ejerciera como Profesor de "Introducción a la Criminología" en el "Mestrado em Criminologia, Direito Penal e Processo Penal", Universidade Cândido Mendes, Rio de Janeiro, 2000, precisó que el derecho penal como regulador de la ampliación del poder punitivo tendrá mucho enemigos, en razón de que el estado de derecho está amenazado constantemente por el estado de Policía.

"Esta contienda no es una mera cuestión ideológica, porque cuando desaparece el estado de derecho adviene un estado punitivo sin límites, adviene una masacre. Si lo impedimos, estaremos haciendo una prevención del genocidio", concluyó Zaffaroni.

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