El poder de Moyano se desvanece

Walter Brown

El tiempo de Hugo Moyano como referente del poder en la Argentina parece estar agotado, más allá de que su período como titular de la CGT concluya a mediados del año próximo.

El líder de los camioneros no logró recuperar la confianza de la Casa Rosada tras el fallecimiento de Néstor Kirchner y poco a poco fue perdiendo protagonismo en la escena nacional. Hoy, a días del inicio del segundo mandato de Cristina Fernández, en la central obrera se escuchan quejas y se lanzan diatribas contra la Presidenta, pero las voces solo provienen de sus propias filas. Ya no hay independientes y, mucho menos, representantes de los gremios de mayor peso en el país. Moyano no solo perdió el favor presidencial, sino también el poder de convocatoria sobre los gremios grandes, que consideran que un enfrentamiento abierto con la mandataria los perjudicará en la puja que deberán mantener en un 2012 con menor crecimiento y altos índices de inflación. Sobre todo cuando aún no conocen quiénes serán los interlocutores con los que deberán dialogar en el Gobierno.

Moyano ya no pide reuniones con la Presidenta, sino con el ministro de Trabajo, aunque las quejas que plantee –como la deuda a la obras sociales– no correspondan a esa cartera. En la Rosada ya no responden sus llamados. En los gremios, tampoco. Su influencia se desvanece.

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