Poder e impunidad

Por José Luis Jacobo

Debió ser meramente un encuentro boxístico, pero su conclusión fue un papelón de proporciones que pudo terminar en tragedia. Me refiero a la pelea por la corona de los mini moscas entre Luis Lazarte y el filipino Johnriel Casimero.

Horas después del encuentro, los medios daban largas sobre la falta de personal policial (había 20 efectivos), lo sucio de la pelea, con comportamientos disvaliosos y antideportivos por parte de ambos, pero poco o nada sobre lo que realmente condujo al desborde. Porque la verdadera razón de lo ocurrido no estuvo en el ring, o en el número de efectivos policiales: la razón esencial del descontrol respondió al nombre de Pablo Moyano.

Acostumbrado a resolver todo por la violencia, Pablo Moyano envió en apoyo de Lazarte a un grupo de choque que le sirve para presionar en Independiente, en el box, en la tribuna cuando juega Alvarado, o aquí, en el estadio de Once Unidos.

Testigos presenciales, al advertir que Lazarte cedía la corona y ver el desmadre de la patota vestida de verde camionero abalanzándose sobre el filipino Casimero y sus 2 ayudantes, señalan que Pablo Moyano hizo un gesto alzando con ira su mano, para luego retirarse del estadio.

La lectura es: “Pablo no dio ninguna orden”. Puede ser, pero es el dueño del perro, o los perros. No necesitan órdenes; saben que los Moyano juegan a ganador, caso contrario, truena la violencia.

Es oportuno señalar como un apartado de esta circunstancia, que los medios metropolitanos insisten en hacer pasar a Hugo Moyano y los suyos como actores sociales preocupados por el bienestar de los trabajadores, resistentes a la presión de un gobierno que busca limitar los derechos laborales y de clase. Hace años que Hugo Moyano no representa a los trabajadores. Sólo vayan como ejemplo las condiciones de prestación en salud de la OSCHOCA, la obra social de los camioneros, que son vergonzosas. Al punto de que en una reciente comunicación a las clínicas de la ciudad, las autoridades de la obra social fueron precisas en señalar que sólo se prestan servicios de urgencia, y que estudios o especialidades médicas se pueden utilizar sólo bajo orden expresa de la mutual.

Ni qué decir de los comentarios que han hecho públicos los choferes de la empresa Expreso Sud Atlántico. La compañía está impedida de funcionar por el bloqueo de Pablo Moyano a la compañía, por diferencias en el aporte y pago de derechos de los trabajadores.

Es obvio que los Moyano emplean métodos fascistas para dirimir posiciones. Nunca se espantan de su propia violencia, a la que le confieren el carácter de legítima. En esta semana he tomado conocimiento de presiones para dejar sin trabajo a quienes integraron la lista opositora en MDP. Más de 30 trabajadores han sido despojados de su empleo, y la lista sigue.

En este año complicado, la situación se va a potenciar. Hay otros conflictos, como el que enfrenta al gremio de porteros con las empresas de servicio que están tomando el control de los nuevos edificios de apartamentos que se construyen en la ciudad. Estas unidades no incluyen servicio de portería. La reducción de porterías vuelca afiliados a otra organización gremial, y ya hay reclamos por el encuadre.

Demasiados cambios en poco tiempo. Y el ejemplo de violencia de los Moyano no ayuda escoger el mejor camino para solucionar diferendos.

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