“No podemos quedarnos nunca”

“No podemos quedarnos nunca”
Los 25 años del Garrahan son muy especiales, son para mí 25 años de mi vida: yo estoy desde el principio. Por supuesto, con cosas buenas, malas, pero acá conocí mucha gente, muchos afectos.
Aparte de lo complejo por las patologías, el tipo de pacientes que se ven o las horas de trabajo, en estos años la gente que trabaja aquí empezó a tener más sentimiento de pertenencia. Este es un hospital joven, y muchos vinimos de distintos hospitales. En mi caso, del Roffo, donde hacía oncología, más en el área pediátrica. De a poco nos fuimos agrupando e identificando. Nos une mucho el tipo de pacientes: es un lugar muy exigente en conocimiento científico. No podemos quedarnos nunca, porque siempre aparecen nuevos temas, tecnologías. Como kinesióloga, tengo mucha formación en oncología pediátrica. A veces recibimos alumnos o estudiantes que nos preguntan cómo lo llevamos: cuando veo caminar a un chico después de un largo tratamiento, es una satisfacción única. Que ese chico pueda volver a su colegio es mucha satisfacción. Todo eso quisimos contar ahora: hicimos una revista en la que descubrimos cómo fue la primera historia clínica, quiénes se conocieron y se enamoraron acá. Gente que tiene otra actividad además de trabajar. Buscamos fotos viejas y la gente se emociona cómo se ve, todos los cambios que hubo.

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