Lo manifestó Andrea D. mientras respondió al interrogatorio de los abogados defensores cuando se presentó por la tarde ante la sala de audiencias donde se lleva a cabo el juicio que procura establecer que sucedió con "Marita". Por la mañana declaró un hombre que dijo haber visto a la joven desaparecida. Sancionaron a tres abogados por sus constantes alteraciones dentro de la sala de audiencias.
© Tucumán Noticias | 20/7/2012-00:00 hs. |
Durante la jornada vespertina, la testigo protegida Andrea D. estuvo en condiciones de declarar, hecho que no lo pudo hacer en horas de la mañana por prescripción médica, y continuó respondiendo a los cuestionarios de los defensores de los 13 imputados.
La mujer sorprendió al reconocer a Mariana Bustos -otra de las personas imputadas-, como la madre de uno de los hijos de José Fernando Gómez.
Además, aclaró que María Jesús Rivero no fue la persona que llevó a María de los Ángeles a la casa de Irma Medina.
Luego, afirmó que viajó a Mar del Plata junto a Medina y sus hijos, aunque remarcó que no pudo pedir ayuda, ya que era controlada en todo momento. "Cómo quiere que me escape si me vigilaban las 24 horas", se defendió cuando la consultaron al respecto.
Una vez que la testigo fue desocupada, llegó el turno de Medina, quien había solicitado ampliar su declaración. "A esta chica le enseñaron todas estas barbaridades que dice. Miente, y lo hace muy mal", dijo en su defensa.
Medina aseguró que a María Jesús Rivero la conoció "en los pasillos de Tribunales", y que a Rubén Ale lo vio una vez, cuando estaba detenida, pero que nunca hablaron. El miércoles, Andrea D. contó que vio cuando Medina golpeaba hasta desmayar a una muchacha brasileña que tenía intenciones de fugarse.
"Jamás maté a ninguna mujer. Esta chica estuvo mintiendo en todo momento", dijo la madre de los mellizos Gómez.
La defensa de Medina y los hermanos Gómez había solicitado que la testigo fuera a un careo, pero el tribunal consideró que serían inútiles.
Lo mismo resolvieron los jueces con un pedido para idéntico trámite entre María Jesús Rivero y la testigo.
Multaron a tres abogados por mala conducta
Los jueces que integran el Tribunal tucumano, establecieron una medida sancionatoria contra tres abogados del juicio en el que se investiga la desaparición de María de los Ángeles Verón.
Por sus constantes gritos, interrupciones en las audiencias y “chicanas” entre ellos, los jueces decidieron multar a abonar la suma de 1.500 pesos a dos abogados defensores: Jorge Cáceres y Cergio Morfil, y a un querellante particular: José D’antona por inconductas en su accionar.
Una vez expresada esa sanción, el querellante José D’antona asumió su responsabilidad y aceptará la sanción.
En tanto, los defensores Cáceres y Morfil apelaron la medida, considerando que la culpa es de los jueces porque permitieron “abusos” por parte de D’antona.
Por su parte, el abogado riojano Jorge Cáceres que representa a Liliana Medina y uno de sus hijos, dijo que él no acepta la sanción, simplemente porque no tuvo participación en la última discusión que se dio en la sala de audiencias durante el debate.
“El único día que no participé de la discusión me terminaron sancionando” sostuvo el defensor.
“Por la forma en ejercer el ministerio sagrado o por portación de rostro, me pusieron en la misma bolsa”, cuestionó.
“Hay dos clases de testigos: Fundación y no Fundación”
Jorge Cáceres es uno de los abogados que defiende a tres de los imputados en el juicio por Marita Verón.
El letrado dialogó con Radio Fénix durante la mañana de ayer, luego de conocer el fallo sancionatorio que lo multaba a pagar cierta suma de dinero, en compensación por su mal accionar durante las audiencias de debate.
Cáceres explicó que no acata lo establecido por el Tribunal, escudándose en que al momento de expedida la sanción, el no participó de las discusiones que mantuvieron un querellante y un defensor.
Por otro lado, hizo un breve análisis de la testigo Andrea D., quien por estos días estuvo frente al estrado y declaró detalladamente dos episodios en que vio a Marita Verón, dentro de uno de los prostíbulos de la imputada Irma Lidia Medina (a) Liliana, defendida por Cáceres.
Según lo expuso el abogado, a su entender, en el juicio existen dos tipos de testigos: “los fundación y los no fundación”.
Explicó, que los testigos “fundación” a los que hace referencia, son personas en cuyas declaraciones sostienen haber visto a la joven tucumana desaparecida en 2002, como una suerte de relatos armados, teniendo en cuenta que la gran mayoría son jóvenes que fueron esclavizadas y sometidas a ejercer la prostitución, y que fueron asistidas por la fundación que preside la madre de Marita, Susana Trimarco.
“Tienen un cassette impreso, todos ven a Marita Verón y distinto es el caso de Andrea Romero, donde todo dijo que era clave, dijo que vio a marita, con un hijo del Chenga, y la amiga de ella, Miriam Zelaya dijo todo lo contrario” apuntó.
“No quiero entrar en contradiccion sino tratar de ver todas las preguntas posibles para desenmascarar a la testigo, porque yo considero que miente, tengo que tratar de hacer preguntas para desnudar esa mentira” , dijo en cuanto a las preguntas que le realizaría a la testigo Andrea D en la tarde de ayer, que finalmente no tuvo demasiado tiempo para explayarse en la audiencia.
Cabe destacar que la mujer no asistió durante la jornada matutina del jueves, ya que presentaba un cuadro clínico.
En sus respuestas, Andrea dijo que Maria Jesús Rivero, otra de las imputadas por el secuestro de la joven tucumana, no fue quien la habría llevado a Marita a la casa de Medina.
Fue lo más relevante ante las preguntas del abogado defensor, quien culminada la testimonial de la mujer, solicitó que se haga lugar a un careo entre Irma Medina y la testigo, teniendo en cuenta que en anteriores declaraciones, Andrea relató un momento en el que la riojana veía la televisión y decía que mientras los padres de Marita la buscaban aquí, ella ya estaba en España.
Además, en la instrucción de la causa, realizada 10 años atrás, la testigo declaró que habría sido sometida por Medina a mantener relaciones homosexuales, una cuestión que fue consultada por uno de los abogados querellantes, y apelada por el defensor Cáceres, quien dijo que no venía al caso preguntar por una cuestión de intimidad, que nada tenía que ver con la causa.
“No defiendo delincuentes, sino a personas inocentes hasta que se demuestre lo contrario”, finalizó Cáceres.
Andrea deslizó que la Policía estaba involucrada en la red de trata
“Mi hermano me manda a comprar pan con mi sobrinita Camila. Cuando volvemos había un auto rojo con unos señores y señoras. Un hombre me pregunta por el nombre de una persona que nunca conocí. Cuando me quise ir me pega un cachetazo, me tumbó, me subió al auto, me ató las manos, me puso una pistola en la cabeza. No me dejaron ir a ningún lado, ni al baño, hasta que me trajeron a la Rioja”, contó Andrea D.
En La Rioja
Cuando llegó a la casa de Irma “Liliana” Medina, la testigo dijo que la tuvieron encerrada en una habitación. Al día siguiente Antonella, una empleada, la llevó hasta la cocina y le presentó a Medina. “Me dijo que ella era mi segunda mamá. Luego, en la habitación me encuentro con otra chica, Alejandra, y con Paola Ceballos, esposa de Gonzalo (Gómez). Ellas me enseñaron cómo tenía que ser en el salón. De ahí empezó mi vida”, afirmó Andrea D.
“Durante los ocho años que estuve ahí, primero era mujer de José “Chenga” Gómez. Después pasé a ser mujer de su mamá. Y me obligaron a prostituirme, a hacer cosas que yo no quería”, explicó. Allá la llamaban “Yanina”. Contó que la castigaban todo el tiempo, que tenía que lavar la ropa de los encargados. “Me hicieron pagar muchos derechos de piso ahí adentro”, agregó la testigo.
En ese tiempo, Andrea D. cree que Medina le comenzó a tener confianza. “Yo digo que era una persona de su confianza porque me contaba todas las cosas”, afirmó.
“Camila salió corriendo y la abrazó a mi hermana, a quien la había confundido conmigo. Mi hermana le dijo ‘yo no soy Yanina, soy Sonia. ¿Dónde la viste vos a esa piba?’ Mi hermana le pasó el teléfono. Una vez intenté llamarla del teléfono de ‘Liliana’, pero justo entró y me interrumpió”, explicó la joven misionera.
En 2003, no recuerda el día, logró escapar. La ayudó un cliente, que era remisero. Estaba en la ruta, cuando un automóvil paró. Al contarle lo que le pasó, le ofreció que trabajara como prostituta en un local en Nonogasta, propiedad de Raúl Pierri.

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