Pobres, de un Centenario a otro

Por: Osvaldo Pepe

El país del primer Centenario no fue un lecho de rosas. Entre 1902 y 1910 se implantó cinco veces el estado de sitio para aquietar la protesta proletaria, y la violencia ganaba las calles tanto en la rebeldía anarquista como en la represión policial. Sin embargo, el país era visto como "tierra de promisión".

Dice Félix Luna en su Historia Integral de la Argentina, que en 1910 se radicaron 108.870 inmigrantes, lo que llevó a duplicar la población urbana. Y en su voluminosa Historia Argentina, José María Rosa cuenta que en la zona norte de la Ciudad florecían los palacios suntuosos, como el Paz, el Anchorena, el Errázuris, el Ortiz Basualdo, muchos inspirados en la París que tanto adoraban las elites vernáculas. Como contrapartida, en los barrios más poblados de la zona sur, descartados por la aristocracia desde los tiempos de la fiebre amarilla, los pobres se hacinaban en conventillos de precaria habitabilidad.

Un siglo después, Puerto Madero se transformó en sólo dos décadas en el barrio más rico y selecto de Buenos Aires, donde el metro cuadrado cotiza a US$ 4.000. Y muy cerca de allí no para de crecer la villa "Rodrigo Bueno", dos hectáreas de la Costanera Sur en las que miles de personas se amontonan como pueden.

Los curas villeros acaban de advertir que los asentamientos precarios de la Ciudad son una "deuda social enorme" para los argentinos. Y les pidieron a los gobiernos de la Nación y de la Ciudad que coordinen políticas para restituir a esos ciudadanos la dignidad arrebatada. De acá a cien años más, la gente redescubrirá, seguramente con un regusto amargo, que en estos días de fiesta cívica ambos elencos del poder estaban más ocupados en el intercambio de chicanas por las escuchas ilegales y por la asistencia presidencial, o no, a la reapertura del Teatro Colón. Un papelón que quedará para siempre en la historia: en política se vuelve de todo, menos del ridículo

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