Un plus de voluntad

Durante largos años la limitada oferta académica disponible en la ciudad fue motivo de emigraciones masivas de los jóvenes que terminaban el secundario y un condicionamiento ineludible para la planificación y la economía de miles de familias.
Ese cuadro de situación comenzó a cambiar para bien con la apertura de la Universidad Nacional de Río Negro, que en sólo dos años captó más de 2.000 alumnos y está llamada a superar en breve la presencia e influencia local de la Universidad del Comahue. La UNRN ofrece en Bariloche 15 carreras de grado y cuenta con 140 docentes e investigadores, de los cuales el 60% cuentan con doctorados o maestrías en su especialidad.

La perspectiva más conservadora estima que para 2025 la nueva casa de estudios tendrá en esta ciudad unos 15.000 alumnos.

Con esa proyección, los propios directivos planifican la construcción de un "campus" apropiado, en el que esperan contar no sólo con aulas y laboratorios, sino también con un teatro de 300 butacas, residencia para los estudiantes, un necesario campo de deportes y espacio para las prácticas de Ingeniería Ambiental.

Hasta hoy la universidad dicta sus clases en aulas prestadas o alquiladas, pero tiene previsto iniciar este año el desarrollo de su propia sede, para lo cual cuenta con una partida asegurada de 20 millones de pesos otorgada por el ministerio de Infraestructura.

Ocurre que esa cuantiosa suma sólo puede ser destinada a la construcción, siempre y cuando la UNRN consiga las tierras.

Esa demanda fue trasladada al municipio local, que ofreció ceder 12 hectáreas en el Este de la ciudad, sobre la reserva fiscal de un futuro loteo propiciado la empresa Tanco, dispuesta a su vez a donar otras 5 hectáreas para sumar al futuro "campus".

El rector provisorio de la Universidad, Juan Carlos Del Bello, consideró "inaceptable" la propuesta, porque el proyecto que pretende desplegar tiene "un requerimiento mínimo de 25 hectáreas".

El diferendo disgustó al intendente Marcelo Cascón, que no está dispuesto a transferir más tierras a la casa de estudios mientras el municipio enfrenta a diario las continuas exigencias derivadas del déficit habitacional.

Declarado el conflicto, los concejales promovieron una reunión entre las partes, que a punto estuvo de naufragar en una politización estéril, hasta que surgieron algunas ideas con aptitud para aportar una salida.

Una de ellas sería dividir los edificios y dependencias de la UNRN en dos o más locaciones. La secretaria de Planeamiento del municipio, dijo que sería menos provechoso para la ciudad que toda la actividad académica esté concentrada en un "campus", al que asimiló con el "concepto" de los barrios cerrados. "Una universidad con varias unidades es como una ciudad abierta, que distribuye mejor los beneficios al resto de la comunidad", explicó.

Otra alternativa ofrecida por el municipio es llevar la UNRN a un amplio terreno ubicado al Sur de la ciudad, en otro espacio municipal que alberga a una antigua cantera.

Orlandi dijo que ese predio no es apto para viviendas de interés social pero sí podría albergar a la universidad, luego de una necesaria remediación de los taludes. Además contribuiría a desarrollar el sector más pobre y desatendido de Bariloche.

Pero la propuesta que cobró más fuerza -si se consolida el proyecto de llevar el complejo al Este- fue la de reclamar al privado que done las ocho hectáreas faltantes para completar lo exigido por la universidad.

Nadie discute que la consolidación de la UNRN traerá beneficios socioeconómicos a Bariloche y contribuirá a atenuar las distorsiones del monocultivo turístico.

Es descabellado enlodar la discusión con interpretaciones extremas, como las de algunos concejales opositores que acusaron al gobierno municipal de "no querer" a la universidad porque está dispuesto a cederle "nada más" que 12 hectáreas de tierras fiscales.

Si el inversor inmobiliario privado -que se beneficiará con la actividad académica asociada a su urbanización- no está dispuesto a ampliar su oferta y saldar la cuestión, bien podría la universidad descomprimir la presión sobre el municipio y tramitar dineros de la Nación para destinarlo a la compra de tierra.

No estaría mal preguntarse qué pensarán de tan desorbitada disputa las miles de familias que esperan ayuda del municipio para acceder a su lote social, cuando ven que decenas de hectáreas son transferidas sin costos a una universidad que ya tiene 20 millones asegurados para construir.

Más allá de los intereses en juego, con algo más de voluntad y espíritu abierto hay margen de sobra para hallar las soluciones.

La pujante casa de estudios creada hace sólo dos años para atender la demanda insatisfecha de toda la provincia cumple sin dudas un rol indispensable, pero no es justamente una ONG comunitaria gestionada a pulmón y sin recursos, sino un organismo nacional con presupuesto millonario.

La cesión ilimitada de tierras municipales sin costo alguno podrá ser en otras ciudades sede un amable gesto de hospitalidad, pero en Bariloche está llamada a agudizar una crisis habitacional que crece sin pausa y siempre parece a punto de explotar.

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