En plena crisis, el apoyo a Sarkozy se desplomó a 29%

En plena crisis, el apoyo a Sarkozy se desplomó a 29%
Está en el nivel más bajo desde que asumió la presidencia; se complica su futuro político

PARIS.- El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, puede ganar la decisiva batalla por la reforma del sistema de jubilación, pero corre el riesgo de perder la guerra. Aunque logre ganar la pulseada que mantiene desde hace dos meses con las centrales sindicales y el movimiento estudiantil, su imagen surgirá tan deteriorada de este conflicto -incluso dentro de su propio partido- que probablemente quede excluido de las próximas elecciones presidenciales, previstas para 2012.

Un último sondeo publicado ayer refleja claramente el precio elevado que Sarkozy está pagando por la crisis: su popularidad cayó al 29% -el nivel más bajo de su mandato presidencial, iniciado en mayo de 2007- y el 63% de la opinión pública considera "justificadas" las movilizaciones y las nuevas huelgas previstas para las próximas dos semanas, según dos encuestas del instituto IFOP.

Los franceses, agobiados por la crisis económica, "tienen la sensación de que el presidente y el gobierno [que dirige el primer ministro, François Fillon] se comportan como autistas, rehusando tomar en cuenta la opinión que expresa la calle", conjeturó el politólogo Jean-Daniel Lévy, del instituto de sondeos CSA.

Gane o pierda la pulseada, la promulgación de la reforma del sistema de pensiones no eliminará las amenazas que pesan sobre el futuro del presidente.

Además de lidiar con sus adversarios políticos, Sarkozy deberá enfrentar en los próximos meses otros escollos peligrosos para su futuro. El desafío más difícil es la inquietante situación de la anémica economía francesa -que en cualquier momento puede volver a caer en recesión- y el ajuste que inevitablemente debe realizar Francia para eliminar su déficit fiscal (7,5% del PBI) y reducir su colosal deuda externa, que a fines de 2009 ascendía a 1,5 billones de euros (78,1% del PBI), según el instituto estadístico europeo Eurostat.

Recortes drásticos

Ese plan de austeridad -prometido a la canciller alemana, Angela Merkel, varias veces aplazado y reiterado la semana pasada en la cumbre de Deauville- lo obligará a practicar recortes tan drásticos como los que aplicó el gobierno conservador de David Cameron en Gran Bretaña.

El ajuste corre el riesgo de ser recibido por la opinión pública como una nueva decepción, teniendo en cuenta que Sarkozy ganó los comicios de 2007 gracias a su promesa de proteger y mejorar el poder adquisitivo.

Considerado el "presidente de los privilegiados" y mal percibido por sus relaciones con el mundo de las altas finanzas, no le resultará fácil modificar su imagen y adoptar una política "más social", como le sugieren sus consejeros.

"El vínculo entre Sarkozy y los franceses se evaporó. En 2007 personificaba el cambio y la ruptura. Hoy encarna una imagen totalmente diferente", estima Stéphane Rozès, politólogo de CAP (Conseils, Analyses et Perspectives).

"Cuando faltan 18 meses para las elecciones, nadie puede predecir cómo evolucionará la situación", comentó ayer Raymond Soubie, consejero social de Sarkozy, el hombre clave de las relaciones con los sindicatos.

En ese contexto, resulta difícil comprender por qué el 72% de la opinión pública que respalda las protestas es hostil a una reforma que todos, in fine , consideran necesaria para mantener el sistema de pensiones. Una buena parte de la sociedad reconoce que el aumento de la esperanza de vida los obligará a permanecer más años en actividad, pero rehúsan la perspectiva de recibir pensiones miserables.

Sin paralelismos

En cierto sentido, esta crisis es, para algunos expertos, el reverso de la medalla del movimiento de Mayo de 1968. El sociólogo Michel Fize admite que no es posible establecer paralelismos. La diferencia reside en que en aquella época los jóvenes franceses se lanzaron a las barricadas para protestar contra una sociedad de consumo incipiente que consideraban asfixiante e impulsados por la esperanza de construir un mundo mejor.

Los manifestantes de 2010 protestan porque no pueden acceder al consumo y -sobre todo los jóvenes- porque no vislumbran ninguna perspectiva ni abrigan la menor esperanza para el futuro. La actual generación europea es la primera que considera que vivirá peor que sus padres.

En tres años de gobierno, Sarkozy no respondió a esa demanda trascendental de la sociedad, no cumplió sus promesas electorales, se convirtió en símbolo de un poder elitista y no demostró temple de timonel para capear el temporal de la crisis.

Por esa razón, el éxito de las protestas no es mérito de los sindicatos. Con una tasa de afiliación del 8% de los trabajadores, las centrales obreras son mucho más débiles de lo que sugieren las movilizaciones que recorrieron las calles de Francia en las últimas semanas. El verdadero promotor de esa ola de descontento es, sin duda, el propio Sarkozy. De la misma manera que en 2007 logró formar una mayoría heteróclita para llegar hasta el Palacio del Elíseo, ahora consiguió unificar a todos los sectores descontentos de la sociedad que, con el pretexto de pedir el abandono de esa reforma, reclaman un cambio más profundo.

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