En plena campaña, revuelo por las novias de Obama

Genera furor el adelanto en la Web de un libro sobre los dos misteriosos amores de juventud.

Con sus errores y aciertos, con su histórica carrera hacia la Casa Blanca para convertirse en el primer presidente negro, con sus metidas de pata y sus goles, Barack Obama ya se ganó un lugar destacado en la historia política estadounidense e internacional. Pero el hombre es, además, una fuente inagotable de atracción para las mujeres y para las páginas de chismes románticos de las revistas norteamericanas. Como Vanity Fair , cuyo sitio web se llenó de miles de visitantes en pocas horas después de publicar el avance de un libro que recorre la historia de las novias de la juventud del presidente, que está en plena campaña electoral en busca de su reelección.

“La calidez sexual está definitivamente ahí, pero el resto tiene bordes afilados y encuentro todo un poco incómodo y me veo a mi misma con ganas de salirme” de la relación, escribía en su diario personal Genevieve Cook, la mujer que subyugó al Obama veinteañero que vivía en Nueva York mientras estudiaba en la Universidad de Columbia. Cook era hasta ahora la misteriosa joven a la que el propio Obama se había referido, sin nombrarla, en su libro autobiográfico Dreams from My Father , una “amiga” que lo acompañó en aquellos tiempos de estudios y autoconocimiento espiritual. Cook, una australiana blanca, de cabellos negros –según la describió el propio presidente en aquella autobiografía–, compartió sus diarios íntimos con David Maraniss, el autor del libro Barack Obama: The Story , que se publicará en junio y cuyos párrafos adelanta Vanity Fair .

El relato repasa el tiempo en el que Obama vivía en un pequeño departamento en Nueva York, adonde había llegado en 1981 desde Los Angeles. Según Maraniss, el hombre que casi treinta años después se convertiría en mandatario de la primera potencia mundial todavía se debatía entre la tirantez de su identidad : padre negro africano, madre blanca estadounidense, nacido en Hawaii y crecido en lugares remotos, “conocía las formas de las diversas culturas mejor de lo que se conocía a sí mismo”, escribió Maraniss.

Perdido y solitario en Nueva York, Obama se dedicó, entre otras cosas, a “ buscar a la mujer ideal a expensas de las chicas disponibles ” con las que salía, según le contó a Cook. El futuro presidente y la bella australiana se conocieron en una fiesta de la navidad de 1983 donde, flechazo mediante, intercambiaron números de teléfono.

“Estoy bastante segura de que cenamos juntos, posiblemente al miércoles siguiente”, recordó la ahora madura Cook. “Creo que quizás él cocinó algo, y que después fuimos al dormitorio a conversar, y que finalmente me quedé a pasar la noche. Todo resultó como inevitable”, suspiró la australiana.

Además de Cook, hubo otra novia “oficial” de Obama en aquellos años, Alex McNear, a quien había conocido en el Occidental College, en Los Angeles. Ella lo volvió a ver en Nueva York en 1982, donde retomaron su romance. Lo llamó por teléfono y quedaron en verse en un restaurante italiano. “Nos sentamos y hablamos y tomamos vino –rememoró Alex–. O al menos yo tomé vino, creo que él tomó algo más fuerte”. Después “caminamos lentamente de regreso a mi departamento (...) empezamos a pasar mucho tiempo juntos”. Cuando Alex volvió a California la relación se mantuvo a larga distancia a través de “cartas apasionadas”. Hasta que apareció Genevieve, por supuesto.

La revista no muestra en su versión online las fotos de Obama y sus novias, por lo que habrá que esperar hasta que salga su edición de junio en papel o que algún otro medio la consiga. Por lo pronto, la historia del presidente que busca su reelección copó la web, mientras muchos se preguntan qué dirá Michelle.

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